A FERNANDO DE SZYSZLO

21/11/17 — POR

El pintor y escultor peruano, uno de los creadores latinoamericanos más importantes del siglo XX, falleció el pasado 9 de octubre, impactando profundamente no sólo al ámbito intelectual y artístico de Perú, sino también de toda América y el mundo. De Szyszlo, figura clave en el desarrollo del arte abstracto en nuestro continente, visitó numerosas veces Chile, donde su obra fue difundida especialmente por la Galería Arte Actual. Una de las grandes amistades que el gran intelectual cultivó en nuestro país fue la de Patricia Ready, quien muy conmovida por su ausencia, ha querido dejar un testimonio sobre el hombre y el artista evocando un texto que le escribió y leyó durante las celebraciones de los 80 años del creador.

Por Patricia Ready.

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Cuando pienso en ti, Fernando, pienso en el amigo, en el pintor, en el artista íntegro, en el intelectual, en el enamorado, el profesor, el hombre…Una trayectoria tan inmensa, tan inabordable, que me hace recordar lo que alguna vez dijiste: “Siento que pintar es una derrota y nunca puedo atrapar la idea. Entonces vuelvo a intentarlo por otro lado y es tanta mi obstinación que realizo una serie de cuadros; pero en realidad no es más que una suma de derrotas. Hay tanta desigualdad entre lo que uno siente y aquello que la mano puede hacer”. Así me siento ahora, intentando llevar a palabras toda una vida y el inabarcable cúmulo de emociones que me invade al recordarte. Tu pintura nos arraiga a esta tierra mestiza que es Latinoamérica; nos demuestra que existe una identidad que nos convoca y hermana. Elegiste este continente para inspirar tus trabajos; te remontaste al pasado y recorriste los espacios de las culturas incaicas y los intrincados paisajes de América Latina. En un iluminador ejercicio intelectual, digeriste el arte moderno en ese efervescente París de posguerra que acogió tu juventud, cuando conociste a otros intelectuales y artistas latinoamericanos, como Paz, Cortázar, Lam, Matta. Y también a Breton, Hans Hartung, Sartre, entre tantos otros. Visitaste museos y otros inspiradores lugares. Todo ello te cargó de nuevas ideas y aprendizajes que te permitieron reescribir nuestra historia. Respecto a ese viaje, recuerdo que en una entrevista confesaste: “Era muy inocente y pretendía encontrar en Europa lo que sin saber tenía en mi interior. Conocí escritores muy importantes, aprendí demasiadas cosas, pero ninguna tan esencial como el hecho de reconocer que era latinoamericano”. Entonces te sumergiste en el misterio de un pueblo de ritos y ceremonias. Y con tus pinturas oscuras, donde la luz renace a veces tímida y otras violentamente, nos insinuaste significados, trasladándonos a universos míticos de sensuales formas y colores. Nos habían obligado a mirar hacia afuera: qué se producía y qué se consumía en el Viejo Continente, en Estados Unidos y tú regresaste y nos llamaste a mirar hacia adentro. Nos enseñaste que los elementos de lo abstracto y lo surrealista ya eran parte de nuestro pasado precolombino, como lo podemos ver en la decoración de la alfarería y cerámica; en los tejidos hechos de nudos; en la arquitectura y en el tótem de esa cultura. Los comienzos nunca se olvidan, por eso aún recuerdo el viaje a Perú que emprendí en mis inicios como galerista en búsqueda del pintor del claroscuro americano para que expusiera su obra en Chile. Ahora, tantos años después, debo hacerte una confesión: cuando me invitaste a tu taller en Lima a conocer tus últimos trabajos; yo, temerosa e intimidada por el encuentro con un artista tan importante, le pedí a una amiga que me acompañara. El recuerdo de ese temor siempre me hace sonreir y vuelve a mi memoria la imagen de cuando llegaste a buscarme en un auto deportivo en el que solamente cabían dos personas, y mi amiga, que era bastante alta, debió enroscarse en la parte trasera para poder viajar con nosotros. Y me río de mí misma por haberme asustado de una de las personas más maravillosas, humildes y nobles que he conocido. Muchas conversaciones tuvimos desde entonces. En ellas te reconociste frágil frente a la adversidad, impotente frente a la muerte, vulnerable a la fugacidad y con el peso de cargar con la memoria y el tiempo. Sin embargo, tu presencia se ha expandido en el mundo, y tu nombre ya está en nuestro imaginario como el de uno de los artistas más ilustres de esta tierra. Querido y recordado por haberle entregado grandeza al continente americano, sobrepasando sus fronteras y alcanzando estatura universal.

 

Comentarios

  • “La arquitectura es la ordenación de la luz; la escultura es el juego de la luz”, Antoni Gaudí (1852 - 1926)
  • "El paso de los años es inevitable; envejecer, una opción", Anónimo.