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«A todo arte» AL FIN WALDEMAR SOMMER

27/12/17 — POR

Por Ignacio Szmulewicz R.

Waldemar Sommer ha sido uno de los testigos privilegiados del arte chileno desde los años 70 hasta la actualidad. Almacena en su retina un cuerpo de obras sólo comparable a las bibliotecas visuales de Antonio Romera, Enrique Lihn, Gaspar Galaz, Milan Ivelic y, tal vez, Guillermo Machuca y Justo Pastor Mellado. Para ningún museo, galería, artista, crítico o coleccionista, la figura de Waldemar Sommer le resulta indiferente. Al referirse a esta peculiar voz del concierto local, lo cierto es que en partes iguales despierta deseo, curiosidad, anhelo, repudio, indiferencia, y tantos otros adjetivos del reino de la palabra. La academia recién comienza a valorar la crítica de arte, en particular la ejercida en medios masivos de distintas visiones políticas, como fuentes para la investigación. Desde «El traje del emperador», de Guillermo Machuca, hasta «De obras maestras y mamarrachos», de Josefina de la Maza, los intérpretes del arte chileno encuentran en las páginas oxidadas de antaño insumos suficientes para una nueva historia del arte.

a todo arte libro

El recientemente publicado libro «A todo arte. Crí- ticas y conversaciones con Waldemar Sommer», de Cecilia Valdés Urrutia, editado por la Universidad de Talca, presenta por vez primera al público la figura tras la firma dominical del suplemento «Artes y Letras» de «El Mercurio». El libro, en su primera parte, contiene una larga conversación entre la autora y Sommer que se expande desde su primera infancia, pasando por su formación académica y su Grand Tour por el viejo continente. En esta sección, el lector podrá encontrar expresado el alto valor que el crítico le asigna a la tradición artística europea. Revisa, con enorme entusiasmo, los hitos de la historia del arte, particularmente centrado en el Alto Renacimiento y el Barroco (Leonardo, Bernini, Rembrandt y Hals).

La segunda parte contiene un cuerpo no menor de críticas de arte publicadas en el suplemento «Qué Pasa» (1973-1975) y en el diario de Agustín Edwards (1977 en adelante). De inmediato salta a la vista el mejoramiento del léxico relativo al arte contemporáneo, sumado a un interés inusual hacia figuras clave de la neovanguardia chilena, como Juan Domingo Dávila, el CADA, Carlos Leppe o Eugenio Dittborn. El reverso de una micro historia oficial puede leerse en el libro al organizar las críticas de manera que los puntos clave de los 80 fueron la venida de Rauschenberg en 1985, el retorno de exiliados en la Galería Carmen Waugh y el ascenso de la pintura neoexpresionista con Samy Benmayor o Bororo.

Quizás el gran valor de este libro se encuentre en que permite colocar en el ojo del huracán a una personalidad clave para el arte chileno reciente. La selección de críticas, sus juicios, gustos y posicionamientos, aunque sabidos para muchos lectores, finalmente encuentran un lugar de organización tan limpio y certero como abierto a interpretaciones. Cada una de las críticas permitirá a un lector atento palpar todo el universo histórico que orbita alrededor de las obras. Funcionando como parte de un todo, las críticas deberán ser leídas reconstruyendo la plana entera, las antecesoras, las editoriales, y todo el mundo que con tanto afán Sommer se preocupa de aislar del precioso cofre de belleza que es la obra de arte.

Comentarios

  • "Si me dan lo que quiero soy mansito como un cordero", refrán popular.
  • “Si el príncipe azul no llega, búscate uno verde”, Frase/Ilustración compartida por Mr. Wonderful, “diseño gráfico para gente no aburrida”.