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Al olimpo y más allá

03/09/17 — POR
Hace veinte años tocó por primera vez el bouzuki, cuyas raíces están presentes en su propia biografía. Alexandros Tefarikis estuvo en Atenas y en otras ciudades europeas presentando el primero de sus ciclos con este instrumento fundamental del folclor griego, dedicado a la historia, la poética y la cultura helénica: «La música de los dioses». Por Antonio Voland
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“El monte Olimpo existe. Está como a cinco horas de Atenas y es mucho más que un monte: es una montaña, como el cerro Provincia, aquí en Santiago. Es el más grande de Grecia. Al final no lo pude conocer”, se lamenta el músico chileno, que, como su nombre y su apellido lo indican, tiene ascendencia griega: Alexandros Tefarikis. Según la mitología antigua, en el Olimpo habitan los dioses olímpicos, un panteón de doce personalidades que representan aspectos de la vida de los mortales. Son las mismas divinidades que Tefarikis ha estado observando desde un ángulo musical que lo llevó a elaborar un catálogo de composiciones basadas en el bouzuki (cordófono griego), que llevó al disco, y luego a los escenarios de Santiago. También a ciudades europeas como Londres, París y Atenas, que viene de recorrer durante una gira de 45 días. Su sexto y más reciente álbum es «Zeus» (2015). Contiene piezas tituladas con los nombres de estas entidades mitológicas. Partiendo por «Zeus», dios del cielo, y luego por otras como «Poseidón» y «Hades», sus hermanos, dioses de los mares y del inframundo, respectivamente. También están «Atenea», diosa de la sabiduría; «Afrodita», diosa de la belleza, del amor, del deseo y de la lujuria; o «Hermes», el mensajero de los dioses.

“Mi acercamiento a este panteón no fue de ninguna manera histórico o literario. Cuando comencé con este proyecto lo tomé de una manera más práctica. Me encerré a trabajar seis meses, a componer y a tocar. Y entonces empecé a sentir a esos dioses, como si estuvieran vivos y no fueran solamente una representación. Estuve completamente conectado”, rememora Tefarikis, quien, luego de completar la serie, organizó un quinteto para presentar este repertorio en vivo. Apoyado por la Fundación Mustakis, dio conciertos de cámara en el GAM, en el Museo Violeta Parra y en la Sala SCD Egaña, con Sergio Menares (marimba y xilofón), Gonzalo Muga (batería), ambos antiguos compañeros de su grupo Ergo Sum (ver recuadro), además de Gonzalo Gómez (contrabajo) y Juan Francisco Millán (segundo bouzuki). Tefarikis incluyó además una revisita a la mú- sica de Violeta Parra –en el marco de su centenario– con la cantante Sofía Carrasco para «Run Run se fue pa’l norte», «Gracias a la vida» y «Volver a los 17». Son melodías que atraviesan las fronteras, como lo pudo testimoniar Tefarikis durante su reciente viaje por Europa: “En Francia, Violeta Parra es una eminencia; también la conocen en Grecia. Entonces, no hubo necesidad de hacer su presentación ni una traducción de quién era ella. El público griego incluso cantaba en algunos momentos”. El músico se presentó en el Festival Lea, famosa cita literaria de Atenas, a la que asistió el poeta chileno Raúl Zurita, y actuó en el gran edificio de la Fundación Stavros Niarchos, “una mole que equivale como a diez GAM”, dimensiona. Lo hizo con un trío que organizó poco antes en Barcelona: Pau Zañartu (hang y batería) y Claudio Nervi (piano). En esa ciudad volvió a grabar material del disco «Zeus». “Lo hicimos como Mikis Theodorakis, que trabajaba la música como una maqueta que podía proyectar y completar. Aquí pasó lo mismo. Esta música es como un árbol que va creciendo y cambiando”, dice.

NUEVA MÚSICA GRIEGA

Con ocho órdenes agrupadas en cuatro pares sobre un cuerpo de ébano, y de la familia de los laúdes, el bouzuki es más que un instrumento: es un sonido identitario y un pilar de la música folclórica griega. La primera vez que Alexandros vio uno fue en casa de un familiar, como adorno. La primera vez que lo tocó fue durante la visita a Chile del actor Anthony Quinn, hace 20 años, cuando le pidieron que interpretara música de la película «Zorba, el griego» en un programa de televisión. Tefarikis tenía 21 años. “Poco tiempo después, mi hermana Daphne me trajo uno de Grecia. Fue el primero que tuve”. Uno de los motivos del viaje a Grecia, además de sus conciertos, fue el de recibir el bouzuki que encargó a Tankos Panatios, renombrado luthier de Tesalónica, quien le preparó un ejemplar de alto calibre, con materialidades y técnicas de fabricación moderna que mantienen ese sonido clásico. “Los griegos lo tocan de otra forma, con otra técnica. He estudiado mucha técnica basada en la guitarra, eso me ayudó para tocar el picking, el trémulo y los vibratos, más parecidos a los del violín, del chelo y de la guitarra clásica”, anota el artista. Con este instrumento, se abocará ahora a la creación de un nuevo catálogo de composiciones. Si su último concierto se llamó «La música de los dioses», el solista tiene en vista proyectarse ahora con «La música de los mármoles», un ciclo de piezas sobre el friso perdido y despojado del Partenón, el templo dórico de Atenas, algunas de cuyas secciones se encuentran aún en la Acrópolis y otras en el British Museum, de Londres: “Será una obra en homenaje a la historia ateniense. Vuelvo a trabajar a partir de una inspiración, pero ahora tengo una fase de investigación histórica que es clave”, señala Tefarikis, quien proyecta organizar una orquesta de cámara, con cuarteto de cuerdas, coros masculino y femenino, instrumentos griegos como el arpa santuri, percusiones helénicas y la participación de una cantante griega.

TEFARIKIS World Music 2016

La velocidad del sonido

Las cuerdas acústicas son el presente y el futuro de un Alexandros Tefarikis ya maduro a sus 40 años, pero los inicios como solista estuvieron vinculados al rock. En los 90, operaba como un primerizo pero virtuoso guitarrista eléctrico al mando del grupo Ergo Sum, que fue parte de una oleada de bandas progresivas de la época, con el sello que le daban sus dos guitarras, bajo, marimba y batería. Discos como «Ergo Sum» (1997) y «Mixolidio» (2002), pero sobre todo el recordado festival Trilogía, celebrado en el entonces Teatro Providencia, en 1999, con el encuentro entre Ergo Sum y los porteños Tryo y los fabulosos Fulano, marcaron el clímax de su historia en la guitarra eléctrica. No es el único episodio. Ya convertido en solista del bouzuki, Tefarikis tuvo una “recaída” en 2009, con su participación en el concurso mundial Guitar Idol, una competencia con una plataforma en internet que se organizó desde Londres, que tuvo a 5 mil aspirantes y al que llegó a acceder a las finales. Para esas instancias escribió dos piezas de marcado preciosismo sónico, velocidad y destreza: «Rocket» y «Opus 8», que luego incorporaría en su cuarto disco solista, el propio «Opus 8» (2009).

 

Comentarios

  • “Hoy se me cayó internet y tuve que pasar tiempo con mi familia... parece buena gente”, Anónimo.
  • "¿Somos humanos porque miramos las estrellas, o miramos las estrellas porque somos humanos?", Neil Gaiman (1960), autor inglés de historietas.