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Alberto Cruz

18/10/17 — POR

«EL CUERPO DEL ARQUITECTO NO ES EL DE UN SOLO HOMBRE»

Por Ignacio Szmulewicz R.

Para quien haya rescatado alguna vez una fotografía antigua, un cuaderno ajado o un apolillado libro, es decir, para el historiador que todos llevamos dentro, visitar la muestra «El cuerpo del arquitecto no es el de un solo hombre», que el Museo de Artes Visuales dedica a Alberto Cruz, constituirá una obligación sagrada. En un mundo post-Instagram, el avistamiento de las prácticas arcaicas, como la de pasar el día con una libreta en mano, constituye un verdadero aprendizaje. No hace tanto tiempo la vida se escribía con tinta sobre papel y no necesariamente con lenguaje binario sobre cristal líquido.

La exposición, curada por María Berríos y Amalia Cross, exhibe al público nacional una muestra representativa del imaginario visual e intelectual de uno de los arquitectos más fascinantes de la segunda mitad del siglo XX. Su núcleo central lo constituyen los más de dos mil cuadernos que son preservados por la Fundación Alberto Cruz. De nadie se puede decir con mayor propiedad que basó su obra arquitectónica en una visión única y trascendente de la vida como un todo. Un legado que se puede palpar mucho más allá de los límites de la pequeña comunidad de Ciudad Abierta, fundada en Ritoque hacia inicios de los 70 (desde el MNBA hasta los panteones globales, como la Bienal de Sao Paulo o el MoMA). Con una museografía llevada a la perfección, la exhibición entrega aportes significativos para el panorama de la historia de la arquitectura, el arte y las ideas.

Zonas donde detenerse habrá bastante: la serie de pinturas abstractas (material para una nueva versión de la «Revolución de las formas»); los ejercicios de taller (un adelanto no menor del “campo expandido”); las anotaciones relativas a Amereida (un relato paralelo para la Latinoamérica de los 60); y, finalmente, los proyectos realizados y no realizados, como la Sala de Música o la Avenida del Mar (una mirada distinta a la pequeña y gran escala).

Quien busque ideas organizadas en argumentos saldrá con la mirada perdida. Lo que más se lee es un goce extremo por la reflexión en tiempo real (un Jonas Mekas de la arquitectura). Una incansable fiebre creativa similar a la energía de un torrente amazónico que construye un mundo de opacidades que deleita por su extrañeza (un aporte a la investigación de Juan José Santos con los libros de artista). Los cuadernos sintetizan las visiones del Romanticismo (“una obra de arte es como un erizo”) y el Estructuralismo (“el lenguaje crea realidad”). Incluso podría ir más lejos en las arenas del tiempo y recordar a los filósofos peripatéticos (“caminar, escribir, pensar”, parafraseando un conocido ensayo de Heidegger).

Hoy, pasar la vida sin dejar huellas es algo imposible. Datos y datos que se apilan como una gigantesca montaña de información que entierra las cualidades más misteriosas de la naturaleza humana: temores, amores y curiosidades. Por lo mismo, pocas veces asistimos al descubrimiento de una vida entera expresada tan radicalmente en anotaciones, dibujos e ideas. Frente a tal magma denso, lo cierto es que el visitante del MAVI puede experimentar el mismo estupor de los arqueólogos que por vez primera contemplaron las ruinas de Pompeya. Sus descubrimientos serán tan sorprendentes como los de antaño. Como señala la curadora María Berríos, el principal de ellos será reconocer el valor de un “lenguaje a la par de dibujos y palabras”.
Alberto Cruz «EL CUERPO DEL ARQUITECTO NO ES EL DE UN SOLO HOMBRE» Museo de Artes Visuales, MAVI (José V. Lastarria 307. Teléfono: 22664-9337). Hasta el 5 de noviembre.

Comentarios

  • "Los hombres no cambian, se desenmascaran", Germaine de Staël (1766- 1817), escritora francesa.
  • “No veo a ningún Dios aquí arriba”, Yuri Gagarin (1934-1968), hablando desde la órbita terrestre.