ARTE AL SERVICIO DE LA SENSIBILIDAD POLÍTICA Y DEL COMPROMISO SOCIAL

16/03/18 — POR

Pionera del videoarte, rupturista documental, activista y feminista, ensayista y docente, Martha Rosler es, sin duda, una de las artistas estadounidenses más influyentes de las últimas décadas. A continuación, una conversación con una creadora para quien la mirada es mucho más que registro.

Por Montserrat Rojas Corradi

Traducción por Claudia del Fierro

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«Semiotics of the Kitchen (still)», 1975

Martha Rosler se posiciona desde el documentalismo, criticando los medios de comunicación, la publicidad, las guerras y la gentrificación, donde las mujeres, los civiles y desplazados son los protagonistas. Sus obras se han expuesto en el MoMA, de Nueva York; en la Galería Tate Modern, de Londres; en la Documenta, de Kassel, y en la Bienal de Venecia, entre otros. El activismo, la política y el arte en Rosler es uno solo.

–Desde los años 70 vienes desarrollando un trabajo desde el activismo político y el arte, pensado en tu antología en el MACBA (Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona) justo en el momento de la crisis de Cataluña. ¿De qué manera crees que el activismo se puede insertar en el arte y las instituciones en la actualidad?

“Muchas instituciones hoy parecen dispuestas, y posiblemente hasta ávidas, de albergar exposiciones, proyectos y discusiones que invitan a la crítica social y al activismo al interior de sus muros. Éstas, a menudo se encuentran respondiendo a las complejas presiones sociales de parte de gente común, frente a la élite social y a los grupos políticos, donde los artistas pueden estar implicados pero no son la fuerza motriz. Demás está decir que estas instituciones pueden existir solamente al interior de democracias sociales relativamente liberales, dispuestas a permitir porosidad en los límites entre el art in the suite (“arte de habitación”, refiere al arte al interior de la institución. La artista realiza un juego de palabras para oponer art in the suite a art in the streets), y el activismo de las calles. Sin embargo, en general, no debemos esperar que las instituciones de arte apoyen el activismo militante. No obstante, debo mencionar que mi exposición en MACBA, «Martha Rosler: God Bless America» (2017), fue planificada antes que la situación en Cataluña hiciera crisis y, de hecho, la muestra estaba llegando a sus últimos días cuando se llevó a cabo el Referéndum de independencia, declarado ilegal por el Estado español. Fue una coincidencia interesante”.

–Tienes dos obras clave sobre la dictadura chilena. Luego en 1995 viniste invitada por Néstor Olhagaray a la Bienal de Video y Artes Mediales a Chile. Cuéntanos sobre tu experiencia del Chile post dictatorial y la creación del video NAFTA.

“Como todos mis amigos en 1973, me sentí muy afectada por las noticias del golpe militar en Chile. Escuché las noticias cuando estaba recogiendo a mi pequeño hijo de la guardería. Me senté junto a la radio y lloré. Unos años después fui invitada a participar en una exposición en Nueva York, en honor al diplomático chileno Orlando Letelier, asesinado en Washington D.C (1976). Preparé la obra «The Restoration of High Culture in Chile» (1977), compuesta por fotografías y textos en un folleto de 4 páginas para repartir al público, el que presentaba hechos sobre el golpe militar. Estaba encantada y emocionada al ser invitada a Chile, en 1995, a mostrar algunas obras de video, impartir un taller de video y después hacer un largo tour por algunas ciudades del país. Vi que había un gran deseo de superar los traumas de los años anteriores, pero claramente el país se había dejado colonizar -por así decirlo- con enormes letreros de Coca-Cola; incluso las plazas y los caminos estaban cubiertos de avisos de vuelos a Miami y a Nueva York. La vida real de los pobres, de la clase obrera y semi-rural era todavía visible, pero una cultura de consumo internacionalizada, fina y relativa a una clase alta era evidente, al menos en el centro de la ciudad. Las incursiones de los Chicago Boys en la vida económica y en el pensar del país eran muy evidentes, estaban muy ansioso de ingresar al Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, aunque sería muy difícil posicionar a Chile geográficamente en Norte América. Los estudiantes de video que conocí estaban interesados en desarrollar y perfeccionar un conocimiento técnico que los pudiera ayudar a entrar en un circuito comercial, pero, según observé, no estaban orientados al videoarte. Grabé un poco, con la esperanza de hacer una nueva obra, pero mi madre se enfermó repentinamente y tuve que dejar el país inmediatamente. Sin embargo, el material que reuní se convirtió unos años después en el video «Chile on The Road to NAFTA Accompanied by the National Police Band» (1974)”.

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«Chile on the Road to NAFTA (still)», 1997.

–La relación entre arte, género y política está presente en toda tu obra, ¿crees que has generado algún tipo de cambio o reflexión en los espectadores?

“Es muy difícil para un individuo determinar el efecto que produce su trabajo; me considero una voz entre muchas, mayoritariamente mujeres artistas con un punto de vista similar y un deseo compartido de incorporar los elementos que mencionas en el arte y en el discurso del mundo del arte. Sé que uno de mis videos, «Semiotics of the Kitchen» (1975), ha generado muchos de los llamados video-tributos, donde mayoritariamente mujeres jóvenes han realizado sus propias interpretaciones de la obra. Otros trabajos míos, no sólo video y fotografía, como eventos participativos que he organizado, han producido un compromiso más allá del mundo del arte en los que han planteado problemáticas como el neoliberalismo y la gentrificación”.

–¿Han cambiado el campo del arte las nuevas políticas de Estados Unidos implantadas en la era de Donald Trump? ¿Crees que pueda influir en la mirada del arte internacional?

Al principio parecía que la administración de Trump iba a atacar a nuestras instituciones culturales, pues consideraron cerrar las agencias de Gobierno que proveen todo el apoyo gubernamental y financiero para el arte. Sin embargo, la administración parece haberse distraído con su promesa de hacer ciertas cosas perversas a grupos vulnerables para satisfacer a la base electoral, como usar de chivos expiatorios y deportar a inmigrantes, mayoritariamente hispanoparlantes. Pero lo más importante es que las élites poderosas vieron mayores recompensas económicas a su alcance, las cuales involucran anular la asistencia social para la gente común, como el acceso a salud, y maquinar una enorme transferencia de riquezas hacia arriba, la cual han logrado mediante una completa reformulación del código tributario ¡La influencia de los Chicago Boys continúa en su tierra natal!”.

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«The Bowery in two inadequate descriptive systems», 1974-75.

–En la era digital y de la saturación de imágenes, ¿cuál sería la función de la fotografía documental en la esfera pública, estética y política en la actualidad? “Durante un tiempo parecía que el documental ya no era de interés general. Las revistas de circulación masiva que los publicaban y los apoyaban habían fracasado frente a la televisión y sitios online, y el mundo del arte generalmente evitaba los enunciados políticos. En el mejor de los casos, el documental que era apoyado por el mundo del arte era personalizado y sin militancia o enfoque económico (de clase). Pero entonces las cosas cambiaron, en parte por los trabajos que subrayan las injusticias raciales. El interés por el documental, popular y generalizado, fue impulsado por el uso de las cámaras y videos de teléfonos celulares, cada vez de mejor calidad. En muchos casos, los videos de celulares han documentado abusos policiales, particularmente por parte de la policía blanca hacia la gente de color, generalmente hombres afroamericanos, y han ayudado a movilizar protestas callejeras y acción polí- tica, tanto como intentos de reformar la policía. La facilidad de producir fotografía y video a través de celulares ha ayudado a mantener a la gente interesada en estas formas, y los artistas y otros han usado estas herramientas con creciente sofisticación. Las imágenes de la vida cotidiana continúan cautivando la imaginación del público, y el mundo del arte está más satisfecho de seleccionar de la multitud de imágenes producidas por artistas profesionales, tomando decisiones basadas primordialmente en la estética. La tendencia de desechar la factibilidad de la fotografía ya hizo cumbre hace rato y ha sido esencialmente descartada por la actual ola de testimonios visuales”.

Comentarios

  • “Somos víctimas de nuestras creencias, pero podemos cambiarlas”, Dr. Bruce Lipton (1944), biólogo celular estadounidense.
  • “El grado de certeza con que nuestros mapas mentales describen el territorio no altera su existencia”, S. Covey (1932 - 2012), profesor estadounidense.