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BREVE HISTORIA DE LA FOTOGRAFÍA EN CHILE POSIBLES LECTURAS SOBRE LOS SIGLOS XIX Y XX

16/01/18 — POR

Joseph Nicéphore Niépce y Louis-Jacques-Mandé Daguerre patentan el daguerrotipo en 1939 en Francia, el que arriba a Valparaíso en 1940 con la fragata belga «L’Orientale». La llegada de la fotografía a Chile tuvo un desarrollo e impacto similiar a Europa y al resto del mundo.

Por Montserrat Rojas Corradi.

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«El volantín», 1945, Antonio Quintana. ARCHIVO CENTRAL ANDRÉS BELLO, ARCHIVO FOTOGRÁFICO, SUBCOLECCIÓN ANTONIO QUINTANA.

ANTECEDENTES-PIONEROS

Chile tiene un antiguo vínculo con el desarrollo de la fotografía, lo que implica que el escribir sobre ella no es tarea fácil, y, al mismo tiempo, es la razón de que sea fascinante. Todo comienza en 1840 y, si lo pensamos, desde esta fecha son más de 100 años de una tradición que retrata, forma, dibuja y construye este imperio de la imagen.

Un antecedente anecdótico fue la historia del primer daguerrotipo que llega en barco a Valparaíso, en 1840, y que desaparece misteriosamente, sin dejar rastro alguno, cuando el barco se hunde en la misma ciudad. Según señala el historiador Hernán Rodríguez en su libro «La historia de la fotografía en Chile» (en la foto), serían extranjeros quienes posteriormente instalaron la fotografía en el país. De esta forma, los hermanos Ward comienzan a fabricar el daguerrotipo, lo que generó un comercio, produciendo en un período muy corto un mercado de la fotografía. Este hecho se ve más reflejado ya a finales del siglo XIX, con el flujo expansivo, no solamente ligado a la economía, sino, además, a un flujo y aumento también importante de intelectuales chilenos y extranjeros. Paralelamente, aparece el papel fotográfico, hecho que promueve las cartes de visite, los primeros estudios fotográficos, y el surgimiento de la figura del retratista itinerante. Se constituyen salones de fotografía y aparecen los primeros archivos, como la creación del Álbum Centenario de la Independencia de Chile en 1910.

Los inicios de la fotografía se relacionan con el retrato, género que también se masificó con la influencia de la escuela retratista francesa. Cabe mencionar que durante las primeras décadas de su aparición, este arte era comprendido como un proceso de creación, íntimamente ligado al genio artístico y a su huella en una pieza única llamada “obra de arte”. La fotografía, en cambio, según teóricos como Charles Baudelaire, no tendría esa cualidad por su carácter reproducible; este autor más bien la negaba y odiaba. En su texto «El público moderno y la fotografía» (1859), su principal crítica consistía en que la fotografía representaba una mecanización de la copia y tenía la atribución de la repetición, lo que no permitiría pensar en plenitud la noción de autor de una obra de arte. Sin embargo, en la actualidad, sabemos que la mirada proporcionada por el fotógrafo son un gesto y una huella inevitablemente autoral. Estos debates hicieron que la fotografía tuviera una entrada tardía al campo del arte, incluso a pesar del cambio de paradigma que produce, siendo un factor determinante en la democratización y acceso a la cultura, logrando aún más su masificación, lo que se ve más reflejado ya a mitad del siglo XX.

REFUNDACIÓN DE LA MODERNIDAD. NUEVAS ORIENTACIONES

Teniendo presente las transformaciones ocurridas en la primera mitad del siglo XX en Chile, y el profundo proceso de modernización y ajetreo por parte de las clases trabajadoras al modificar el estamento social tradicional de aquel momento, alterando las capas sociales y culturales en la sociedad chilena, los fotógrafos ven en este contexto una posibilidad para ser un sujeto sintomático, en el sentido de develar y revelar sus autobiografías representadas en otros, retratando procesos tan importantes como los traslados desde el campo a la ciudad y otros centros de producción. De igual manera, junto con la aparición de esta nueva “clase obrera productora”, junto al alcance del sistema de educación pública a nivel nacional, así como la burocratización del Estado, lentamente comienza a surgir una emergente clase media letrada, profesional y/o dependiente del Estado, situación que actualiza la morfología social y económica del país, sobre todo, según el historiador Gabriel Salazar, en la esfera urbana, lo que fue generando un tipo de fotografía documental que profundiza en los cambios sociales de la época.

De acuerdo a esta lectura, Antonio Quintana (quien fuera militante del partido comunista), profesor en la carrera de Periodismo de la Universidad de Chile, estuvo probablemente influenciado por la revolución mexicana de 1920 y en especial por la fotógrafa italiana Tina Modotti, quien fuera una gran activista del movimiento mexicano, y amiga de los muralistas Diego Rivera y David Siqueiros. Quintana fue el precursor y padre de la fotografía social y documental en Chile. Sus imágenes retratan principalmente a la clase media y proletaria de la sociedad chilena, patentando narrativas de transformaciones, hibridaciones y tradiciones desde lo social en todos sus sentidos: prácticas, oficios y vida, tanto en el mundo campesino, como en el obrero y urbano. Un hito relevante en la obra de Antonio Quintana fue la exposición «El rostro de Chile», realizada en 1959, que formaba parte de la conmemoración de los 150 años de la Independencia nacional, la que tuvo como eje central mostrar la identidad chilena, generando una cartografía de las historias territoriales y geográficas del país.

En la misma época, Luis Ladrón de Guevara, quien fuera discípulo de Quintana, fue un destacado fotógrafo documentalista que profundizó e indagó desde el retrato las disímiles formas de la arquitectura, la industria y la sociedad chilena, desplazando y diversificando una nueva mirada tradicional del retrato. Su mayor producción se marca desde los inicios de los años 60 hacia 1980, cuando comienza a trabajar para la Corfo (Corporación de Fomento de la Producción) al alero de las propuestas de nuevas infraestructuras laborales en los gobiernos de Jorge Alessandri, Eduardo Frei y Salvador Allende. En estos periodos, el autor retrata la refundación de la modernidad y modernización del Estado chileno, por lo que podemos decir que fue el padre de la fotografía industrial y lo que hoy se llama la “imagen corporativa”, dejando un legado histórico y patrimonial de una era de la que no tendríamos mayores antecedentes sin ese testimonio fotográfico. Tanto él como Quintana fueron visionarios de su tiempo.

PRESENCIA DE LAS MUJERES. UN DEBATE PENDIENTE

En 1946 surge el Partido Femenino de Chile, lo que nos plantea la necesidad de escribir sobre la presencia femenina en la fotografía nacional. El primer antecedente que tenemos de una fotógrafa chilena es Dolores García, quien crea su estudio en Santiago en 1863, destacándose como una gran retratista. También hubo participación en el mercado de la fotografía, con la intervención de mujeres como Elizabeth Lagremoire y Rosario Pinochet de Cañas, pioneras en los ateliers de fotografía. En su libro «Mujer y fotografía», la académica argentina Alejandra Niedemaier nos permite contextualizar históricamente a las fotógrafas en Chile, y comprender su escasa presencia en la historia de la fotografía, teniendo en cuenta que en la primera mitad del siglo XIX existían aproximadamente 500 fotógrafos activos en el país. Volviendo al siglo XX, Gertrudis de Moses, fotógrafa alemana, quien llegó junto a su familia en 1939 a Chile huyendo de la persecución nazi en Alemania, fue una artista disímil e innovadora en lo que se refiere al tipo de fotografía que se producía en esa época: el documentalismo. La autora, siguiendo con la tradición de mujeres relacionadas al mundo fotográfico, instala su estudio, del cual genera sus ingresos y al mismo tiempo logra introducirse al campo de la fotografía artística, siendo la primera exponente en el arte surrealista y experimental, explorando un tipo de imagen poco visto en la época, mezclando lo documental, el fotomontaje y la ficción. Su contemporánea Lola Falcón fue una fotógrafa ligada a los viajes, nació en Chillán, pero en vida visitó y vivió en distintos países. Sus imágenes en blanco y negro exploran desde una mirada externa la sociedad, construyendo un mundo particular, donde sus imágenes fueron creadas desde un enfoque agudo y profundo, que indagó en las diferentes capas de la sociedad que conoció, construyendo una fotografía del mundo.

Según Andrea Aguad, ensayista del libro «Por las calles del mundo», Lola Falcón “traspasó la presión de las convenciones sociales, que limitaba el papel de las mujeres al de ‘dueña de casa’ y se abrió camino en un universo exclusivamente masculino”. Sus fotografías dilucidan una imagen moderna y propositiva en una época en que grandes cambios sociales y políticos acontecían en el país, congelando una atemporalidad única en el tiempo. Tanto De Moses como Lola Falcón rompen los canones tradicionales de la fotografía de la época, aportando nuevos universos y reflexiones sobre la función de la imagen en la sociedad y en el arte.

Estos fotógrafos/as, junto a otras importantes figuras del medio, como Sergio Larraín, Luis Poirot, Patricio Guzmán Campos, coincidieron y circularon en la década de los 60. Las imágenes de este periodo son los últimos vestigios de una fotografía agitada e inquieta antes del golpe militar, momento en que se produce un gran silencio.

Comentarios

  • “El dinero es mejor que la pobreza, aunque sólo sea por razones financieras”, Woody Allen (1935).
  • “Hoy se me cayó internet y tuve que pasar tiempo con mi familia... parece buena gente”, Anónimo.