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Catalina Prado «PAISAJES TRANSITORIOS»

16/04/18 — POR

Galería Gasco Santo Domingo 1061, Santiago. Teléfono: 22694-4434. Hasta el 05 de mayo.

Por César Gabler.

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Casi siempre solos (y entregados a una tarea que los ocupa física y mentalmente) están los personajes de Catalina Prado. Descritos con economía de dibujo y fuerte carga cromática, se afanan trabajando en talleres, laboratorios o jardines. O, por el contrario, aparecen sumidos en la más pura contemplación. Figuras y escenarios que pueden inscribirse dentro de la tradición figurativa local (de Benjamín Lira a Ernesto Banderas), pero que incorporan el lenguaje y los asuntos de la pintura contemporánea internacional: Neo Rauch, por ejemplo, asoma en «Los Expertos» o en «Mesa de Trabajo», pero son sólo guiños, el conjunto manifiesta una voluntad autoral en la que se materializan, ricas tensiones plásticas. El lenguaje pictórico como personaje narrativo.

En «Agua», la construcción del paisaje obedece a un patrón descriptivo en el que lo ilustrativo lidia contra la planitud del chorro de agua, una reminiscencia de Hockney, con sus juegos acuáticos, y del propio pasado de la autora, algo que también se ofrece en «Plantas delicadas». En este y otros ejemplos, Prado enfrenta diversos códigos de representación, no siempre precisos, y genera diálogos en los que la materialidad aparece ligada de manera directa o metafórica, con el asunto de la obra. En «Secretos» o en «Conocedor», los planos duros de la geometría –resueltos con la aplicación de láminas metálicas– van en sintonía con los ámbitos regulares de la arquitectura moderna. En la misma línea –y más ambiciosa en formato– aparece «Fin de la jornada», cuatro hombres, resueltos de manera gráfica, avanzan con unas tinajas en medio de un bosque. La monocromía azul del conjunto puede recordar al Tacla más reciente pero el baño plateado (lluvia o ruido visual) la ponen como una pieza más del conjunto y representan, además, un giro importante en la trayectoria de la artista.

Catalina Prado pertenece –generacionalmente– a un grupo de pintoras de la Universidad Católica que comenzaron a exponer en los noventa. Con Ximena Velasco, Paula Dünner o Magdalena Vial, comparte un marcado interés por el color y una concepción decorativa de la pintura, y cuando digo esto pienso en Matisse y no en un showroom.  El cuadro como una superficie visual que debe cautivar al espectador por el modo en que los colores y las formas han sido conjugados: a medio camino de la abstracción y de la figuración. Hasta ahí llega la vecindad. Prado es una narradora visual, en sus mejores obras –y aquí varias aparecen como lo mejor de su repertorio– equilibra narración y plástica. Para ello sugiere y economiza en ambos campos. No cuenta historias con pormenores cinematográficos (lejos entonces de un José Pedro Godoy), pero tampoco pierde el relato en un puro mosaico cromático (como el Lira más reciente). Sin renegar de cierto deliberado aire naif,  presente en su obra anterior, el actual horizonte de Prado parece releer la experiencia cotidiana en clave metafísica. Algunos personajes lucen muy contemporá- neos, como el hombre con polerón y capucha de «Fría mañana»; otros parecen ciudadanos de un universo intemporal, sin embargo, unos y otros parecen hundidos en un tiempo y un espacio que no es el nuestro. En ese sentido, y provista de una renovada propuesta formal, Catalina Prado vuelve a pintar la soledad moderna y de paso recuerda a Bacon en dos obras: «La vida» y «Jardín de invierno».

Solitaria o no, la experiencia humana aparece silente y vaciada de sentido. El brillo sacro, dorado o plateado, parece indicar que esto es para siempre

Comentarios

  • “Conquistar sin riesgo, es triunfar sin gloria”, Pierre Corneille (1606-1684), dramaturgo francés.
  • "Y Dios tomó un puñado de viento del sur, sopló Su aliento sobre él, y creó el caballo". Leyenda beduina.