Clement Kicklinger

03/09/17 — POR
Copa con huevo de avestruz y corales (hacia 1570-1575, Kunsthistorisches Museum, Viena) Esta copa, realizada por el orfebre de Augsburgo para el archiduque Fernando II de Tirol, desafía muchas de las categorías con las que se suele pensar el arte: en ella se fusiona lo religioso y lo secular; lo artificial y lo natural; la artesanía con las bellas artes; lo doméstico y lo exótico; lo europeo con los objetos traídos desde otros continentes. Por Sandra Accatino

 

85_ArtesVisuales_ArteDeMirar

Copa con huevo de avestruz y corales, hacia 1570-1575, huevo de avestruz, coral, plata, láminas de oro, pintura. 56,8 cm. de altura. © Wien, Kunsthistorisches Museum.

ENTRE TODOS LOS OBJETOS curiosos que el archiduque Fernando II de Tirol reunió hacia la segunda mitad del siglo XVI en su castillo de Ambras y en la ciudad de Augsburgo, ninguno tenía una historia más larga que los huevos de avestruz, tan inmensos como perfectos en su curvatura. De ellos se decía que eran enterrados en la arena e incubados por el calor del sol del desierto, hasta que la penetrante mirada del avestruz llamaba a las crías a nacer. Considerados por estas razones como un símbolo de Cristo, de la resurrección y de la regeneración futura, desde el siglo XII muchos huevos de avestruz pendieron sobre los altares de las iglesias, sujetos por una cadena. Engarzados en oro o en plata, blancos o pintados, formaron parte de los tesoros eclesiásticos y, luego, de las colecciones en las que nobles, comerciantes y estudiosos reunían ejemplares maravillosos de la naturaleza y del arte. En el interior de estos gabinetes de curiosidades o wunderkammern, artificio y naturaleza competían, se suplantaban y mimetizaban o bien se fundían en un sola pieza, como en esta copa que el orfebre Clement Kicklinger realizó a partir de un huevo de avestruz para el archiduque. En la copa, el huevo está colocado sobre un avestruz de plata coloreado y sujeto al cuello por una cadena dorada que sostiene un joven negro, para recordarnos las lejanas tierras africanas en las que esta ave habita. Considerados excepcionales por su tamaño, por su incapacidad de volar a pesar de tener alas y por la agudeza de su visión, los avestruces fueron descritos en gran parte de los piadosos y fantásticos bestiarios que se compilaron durante la Edad Media. En ellos eran considerados tanto símbolos de Dios por la paciencia con la que esperaban que sus crías nacieran, como de la envidia, por la atracción que sentían por las cosas brillantes y rojas –como el oro y el preciado coral que decora la copa– y de la gula, por su capacidad de digerir incluso el metal, el mismo que observamos en la herradura que sostiene el avestruz en su pico.

Los preciosos materiales con los que está hecha, el delicado trabajo de orfebrería que aúna sus partes, la forma en que ellas se relacionan a través de sus formas o significados, hacían de esta copa una pieza capaz de deleitar sensorial e intelectualmente al coleccionista y a los visitantes que recibía. Ellos podían relacionarla con sus intereses en la ciencia natural, en la magia o en los exóticos viajes a los nuevos mundos y alabar igualmente la habilidad del artífice divino y el talento del ingenio y de la mano humana. Como el avestruz –un ave que no vuela y cuyas patas eran descritas como semejantes a las de los camellos–, la copa diseñada por Clement Kicklinger invitaba a suscribirla a muchas de las categorías en las que se ordenaba el mundo, sin que ninguna de ellas pudiera abarcarla en su totalidad. Su misma designación, que la relaciona con usos cotidianos y domésticos, parece imprecisa, porque aunque su estructura hueca remeda la de las copas, la complejidad de sus formas y la riqueza y extravagancia de sus materiales esquiva cualquier posible utilización.

HECHA PARA SORPRENDER Y ANONADAR A SU PROPIETARIO Y A LOS VISITANTES DE SU COLECCIÓN, ESTA PIEZA NOS RECUERDA QUE, DURANTE SIGLOS, LA MARAVILLA FUE CONSIDERADA COMO AQUELLO QUE DESPERTABA EL PENSAMIENTO.
SANDRA ACCATINO es académica del departamento de Arte de la Universidad Alberto Hurtado. Ha publicado diversos capítulos de libros, artículos y ensayos sobre pintura europea, arte de la memoria, coleccionismo y artistas chilenos contemporáneos.

Comentarios

  • “Somos víctimas de nuestras creencias, pero podemos cambiarlas”, Dr. Bruce Lipton (1944), biólogo celular estadounidense.
  • “Si el príncipe azul no llega, búscate uno verde”, Frase/Ilustración compartida por Mr. Wonderful, “diseño gráfico para gente no aburrida”.