Crisis, terrorismo, calentamiento global: hay juegos mucho peores…

21/05/17 — POR
Y como a mal tiempo, buena cara, la nueva es que la híper conexión digital jamás podrá equivaler a las verdaderas relaciones humanas.

“Desde el pasado enero me ha tocado enfrentar el desastre que dejaron los incendios de Valparaíso hasta el Biobío, especialmente en las localidades de Constitución y, sobre todo, en Santa Olga, que se vio devastada por las llamas. Vengo hace años lidiando con aluviones y terremotos que podrían ser explicados por el calentamiento global y viendo cómo esto afecta el curso normal de los fenómenos naturales, golpeando a miles de personas…”. Pablo Goyheneche repasa su testimonio. ¡Por fin es viernes! Puede relajarse un rato descubriendo en su tablet cómo mover las fichas del nuevo juego «El Plan: la aventura de emprender», versión 2.0. Las va revisando, actualizándolas. Aquí selecciona las piezas más importantes para determinar al ganador y dictar la suerte de sus líderes favoritos…

Comienza la partida.

Ficha 1: Aversión al riesgo

“Sé poco de juegos de rol, pero en éste, para lograr los objetivos es primordial colaborar, lo que hace que ganar ya no signifique pasar por encima del otro… derrotar a tu adversario”, piensa Pablo, mientras observa en la vecina mesa de juegos a un grupo de hacedores e inventores adolescentes, cuya motivación para reunirse es (a diferencia de lo que le sucede a él) la aversión al riesgo. Alguien rumorea que esos juveniles jugadores se dedican a visitar locales como Starbucks para “romperla” ordenando mojitos sin alcohol, porque ni siquiera les gusta el café. El interés por crear sus propios productos a su pinta y medida los motiva a investigar en terreno las alternativas de mercado, y serían fanáticos por co-crear.

“Nooo!, a una cafetería se entra a tomar café para cerrar un buen proyecto, tener una reunión importante o recobrar energía para un día largo”, analiza Goyheneche y se congratula: “Tengo la suerte de contar con grandes amigos trabajando en cosas parecidas a las mías en municipalidades, ministerios, empresas sociales, políticas y otras ONGs. Los mojitos con alcohol (aunque indiscutiblemente prefiero una piscola) me parecen mejor para esos momentos donde discutimos abiertamente formas de actuar en la vida pública, cuestionamos las agendas de los gobiernos o analizamos un par de datos de algunas encuestas. Los mojitos a veces ayudan a escribir en servilletas ideas para cambiar el mundo”.

Ficha 2: Y ahora, ¿quién podrá defendernos?

El ojo de este joven gestor (que cursó enseñanza básica en Calera de Tango y la media en Talagante, y que luego de estudiar Filosofía hoy “la lleva” con estudios de postgrado en Gobierno y Sociedad) sigue puesto en los comensales de la mesa de al lado.

Definidos como “el terror de las empresas por su desconfianza en las marcas establecidas”, aquí se juntan desde quienes se dedican a comunicarse por Snapchat con mensajes programados para autodestruirse en 10 segundos, hasta los que dudan de algún nuevo emprendimiento a través de Wallapop, la app de consumo más utilizada del momento. La línea del tiempo de esta tribu generacional oscila entre los Millenials (o Generación Y) y los Centennials (Generación Z). A la cabecera, el “convidado de piedra” llama la atención compartiendo sus trucos para sacarle el jugo a la playlistc olaborativa en Spotify, habilitada para que cualquiera pueda añadir sus canciones preferidas cuando más le acomode y costo cero.

Sin perder su rango de “hermano mayor”, Goyheneche se muestra optimista frente a este tablero de contrastes: “Hay círculos que están entendiendo que la forma de hacer las cosas es desde la colaboración. Debemos volver a creer en los acuerdos, a escucharnos… a levantar el diálogo como instrumento para buscar el progreso”, reflexiona mientras en un clic de su tablet recibe la “Bienvenida a la ciudad semilla”. Una voz en off precisa: “En esta ciudad moderna participan jóvenes de todo el país. Reúne la mayor cantidad de ideas innovadoras y serás nombrado emprendedor del año”.

Acostumbrado a su tradicional juego Playstation, mientras mira a su alrededor saca una libreta de apuntes, y confiesa de puño y letra: “Soy poco cercano a los súper poderes. Cuando el Chapulín Colorado era la respuesta a la clásica pregunta ‘¿y ahora, quién podrá defendernos?’, me daban ganas de gritar: ‘¡Defendámonos nosotros mismos!’ Gracias a la colaboración, las personas pueden salir adelante sin esperar a los súperhéroes de turno (un pequeño palo a los políticos). No le tengo susto a decir ‘no sé hacer esto ¿Alguien me quiere enseñar?’ Por eso, si tuviera que elegir a un personaje, estaría más cerca del perfil de Charlie Brown que de Spiderman: imperfecto pero perseverante”.

Sin perder el sentido del juego que tiene por delante, se pregunta: “¿Me gané el  premio al más perno? Jajajaa…”. Sigue la partida.

Ficha 3: Para el Bronce

Risas van y vienen. A un costado, uno de los infaltables a esta cita semanal interrumpe para comentar su trilogía favorita repitiendo: “Aún así, sé que hay juegos mucho peores…”. La frase para el bronce es un dicho de Katniss Everdeen, heroína de «Los juegos del hambre», un bestseller futurista de la guionista estadounidense Suzanne Collins que arrasó en el cine. La economista Noreena Hertz tomó prestada la inicial del nombre de la corajuda y guapa Katniss para retratar en su reciente estudio publicado en el diario «The Guardian» a un incipiente Clan K: “Tienen gran desconfianza en sus Gobiernos y en la capacidad para solucionar las desigualdades sociales. Apuestan por ayudar a través del voluntariado y liderarán en poco tiempo las tendencias del consumo con un rol mucho más activo que el de sus hermanos mayores. Quieren producir contenidos, blogs, fotografías, diseñar sus bebidas y hasta su ropa”, adelanta la experta británica.

Goyheneche no resiste la tentación y advierte en voz alta: “Los juegos mucho peores son las familias sin solución habitacional, los micro emprendedores sin capacitación, las listas de espera en los hospitales y los malos resultados de la educación pública. Por mucho tiempo nos vendieron el cuento de que los problemas públicos son un monopolio de ministerios y municipalidades, y que los privados podíamos ayudar pero sin meternos tanto. No sé dónde lo escuché, pero la frase ‘Todo lo del Estado es público pero no todo lo público es del Estado’, debiese ser el lema de un nuevo Chile”.

Ficha comodín: Para Valientes

Al igual que el movimiento K descrito por Noreena Hertz, el voluntariado ha sido una buena recompensa para Pablo Goyheneche. Fue líder de los voluntarios de la Fundación Desafío Levantemos Chile entre 2013 y 2014. A algunos de ellos los ha visto crecer en candidaturas en colegios y universidades; y otros lo llaman para decirle: “Pablo, quiero que mi primer trabajo sea en una fundación, en un emprendimiento social o Empresa B (de vocación sostenible). Ya no basta con entregar dos o tres horas a la semana”.

Para no olvidarse de pasar sus ideas en limpio cuando regrese el lunes a enfrentar su actual rol de líder en la Unidad de Formación y Extensión del Desafío, apunta: “Cualquier empresa que no tenga como foco el bienestar de la comunidad tiene sus días contados. Estamos dando la vuelta corta cuando los verdaderos cambios no se logran promulgando leyes sino haciendo cambios culturales profundos. ¿Es más lento? Sí. ¿Requiere mayor valentía? Sí. ¿Se necesitan con urgencia líderes que digan lo que nadie se atreve a decir? Sí. Por lo mismo, debemos dar la pelea contra el asistencialismo y el clientelismo estatal, porque el día de mañana seremos una sociedad que por cada problema necesitaremos de otro que lo venga a solucionar… Como diría Felipe Cubillos, ‘no creo en los planificadores de la vida de los hombres libres’…”.

Fin de la primera ronda

Aun cuando la publicación de «The Guardian» se acota a una muestra de 2.000 jóvenes occidentales nacidos entre 1995 y 2002, Pablo está al tanto de que es representativa de un universo integrado por alrededor de 2 mil millones de individuos que ahora marcarán la pauta en el mundo.

El diagnóstico abre el fuego: “El 75% vive preocupado por el terrorismo, 66% por el cambio climático, 86% por no encontrar trabajo y 77% teme contraer deudas”. La cifra alentadora es que “el 80% prefiere pasar buenos momentos con amigos”.

Consciente de que la realidad supera la ficción, el emprendedor Pablo Goyheneche escribe en una servilleta suelta: “Resultados de la encuesta de «The Guardian» en 50 años más: El 75% luchó contra el terrorismo, 66% se la jugó por el cambio climático, 86% emprendió y dio trabajo; y el 77% siente que entregó un mejor planeta que el que recibió”.

 

 

Comentarios

  • "Un pedazo de luna en el bolsillo es mejor que la pata de conejo", Jaime Sabines (1926- 1999), escritor mexicano.
  • “Hoy se me cayó internet y tuve que pasar tiempo con mi familia... parece buena gente”, Anónimo.