CUANDO LA PINTURA ES UN MEME

16/05/18 — POR

Por César Gabler

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«El mundo al revés», Jan Steen (1626-1679) 1663 Dim. 105×145 cm Museo de Historia del Arte, Viena.

El humor está de moda. Los nuevos rockstars son los comediantes en formato stand up. El contador de chistes ya es un espécimen en retirada, reemplazado por el meme y el chiste viralizado en redes sociales. No dejar caer al menos una ironía en el curso de una ponencia es sinónimo de la más obsoleta gravedad. Por lo mismo no es extraño que hoy sea cada vez más usual ver pintores cuya obra es total o parcialmente humorística. Yue Minjun, Kati Heck, Paco Pomet, son algunos de los nombres que surgen en un panorama donde la pintura roba recursos a la comedia o al humor gráfico. Los géneros son diversos. Cuadros grotescos, parodias y hasta citas al humor gráfico conforman un panorama que está lejos de ser tendencia, pero que revela una sensibilidad heredera del Pop. Las pinturas de René Magritte con su inagotable capacidad de mutar lo cotidiano a través de la imagen y del lenguaje, pueden ser leídas como chistes. Así lo entendieron los publicistas. Su lenguaje ilustrativo renuncia a la sensualidad pictórica en favor de una económica precisión descriptiva. El objetivo es alterar lo conocido y cuestionar los conceptos del espectador. Sus estrategias hace rato aparecen reinterpretadas por pintores que se valen de los mismos juegos visuales. Mark Tansey o Los Carpinteros representan dos extremos de esta relectura de ciertas estrategias magrittianas.

JAN STEEN Y OTROS PINTORES MUY GROTESCOS (a veces al menos)

La pintura de Jan Steen (Leiden, c. 1626-1679) contrarió con jugoso rigor las ideas de lo bello y lo sublime siglos antes de la cultura chatarra. Al contrario, su estética exploró a través de la comedia el espacio cotidiano y lo retrató como epicentro del gozo corporal y de la evasión. Sus cuadros pueden ser tanto un elogio a la vida como al terror que supone engendrarla. Familias pintadas con esmero, aparecen entregadas a un desenfreno cómico, pero no por eso menos inquietante. Niños sin Ritalin que persiguen animales o derriban objetos, ignorados por adultos irresponsables. Con estilo suelto y descriptivo, Steen inspiró pinturas –de igual tenor– facturadas por cientos en la era victoriana y prefiguró las comedias de acción corporal de Charles Chaplin o Harold Lloyd. Steen, como eslabón temprano del humorismo socarrón y conservador del gran Norman Rockwell. El pintor fue también un Charly Badulaque de la pintura y así parece demostrarlo su «Autorretrato con laúd». El artista nos enfrenta sonriente y echado hacia atrás mientras luce papada y una panza generosa. Huachaca antes del término. Steen encarnó una idea de artista muy contemporánea, la del pintor que cuestiona el estatus cultural del artista. Desde su propia imagen, siglos antes de Marcel Duchamp, Francis Picabia o Martin Kippenberger.

En esa línea podríamos entender la producción de la alemana Kati Heck (Düsseldorf, 1979). Los suyos son juegos teatrales protagonizados por amigos y captados con una técnica que conjuga Realismo, Expresionismo y parodia, en una mezcla casi siempre explosiva. La propia artista aparece como un personaje más en estas fantasías orquestadas para pintar y dar rienda a su virtuosismo pirotécnico. El riesgo es convertir el carnaval en rutina. Pero Heck, además de entertainer, es autocrítica y dosifica su propio exceso con piezas de retrato en las que, claro, los personajes posan con caras ridículas o mutan pictóricamente a través de manchas, textos o elementos excéntricos. Pero con respeto.

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Kati Heck

LA PARODIA Sin duda una de las más comunes formas de humor -la parodia- goza de salud inmejorable por obra y gracia del meme. Fusión de fotomontaje y texto, el meme es hoguera del famoso y síntesis de actualidad. Su lógica se hunde en los tiempos del periodismo satírico, particularmente de aquel nutrido por la foto. Imposible, entonces, ignorar al bueno de John Heartfield (1891-1968), llamado “la pesadilla de Hitler” con sus inmortales portadas para «AIZ». O a la estadounidense Barbara Kruger (1945), cuyas obras podrían ser leídas como sofisticados memes de formato XXL. Pero hablamos de pintura. Paco Pomet (1970) es, sin duda, un tributario de estas tradiciones. Sin recurrir al texto, el español logra producir acertadas imágenes paródicas, chistes gráficos en los que, en ocasiones, conocidas fotografías o íconos mutan a través de un cambio, un añadido, una intervención. Pomet subvierte tanto el documento fotográfico, tratado en un lenguaje que bebe de Gerhard Richter (1932) y de Mark Tansey (1949), como nuestros hábitos visuales, combinando universos iconográficos distantes. En un cuadro suyo la distancia –supuestamente infinita– entre un archivo histórico y los personajes de los Muppets se cruza con extrema rapidez. El artista funde referentes disímiles, sin temer en el intento hacer pinturas en apariencia puramente cómicas. Su lenguaje pictórico es refinado y su comicidad delata las nuevas formas de consumir y procesar imágenes. Porque las barreras aparentes han quedado abolidas hace rato: ayer por el Dadá y el fotomontaje; hoy por el meme y los motores de búsqueda: una palabra puede convocar una galaxia icónica impensada. Y peligrosa a veces.

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Paco Pomet,

En una dirección cercana se mueve la británica Dan Mellor (1970). Lo suyo es derechamente cultura chatarra; realitys, programas de farándula y prensa rosa nutren su imaginario. Pinturas pobladas por estrellas de televisión y bochornos escandalosos, vueltos aún más absurdos a través de un tratamiento de realismo sucio. Si Pomet parece parodiar la gravedad de Gerhard Richter, la Mellor, con sus patacones de pintura y sus distorsiones grotescas, parece una psicópata del glamour, arrasando con violencia íconos del cine o de la moda: Madonna, Audrey Hepburn o Helen Mirren. También Karl Lagerfeld, Dustin Hoffman o Alfred Hitchcock. Su pintura se emparenta con el gesto callejero que interviene carteles o pancartas con mostachos, cicatrices o dientes falsos en los rostros de políticos, actores o modelos. Casi siempre con la brutalidad y urgencia del acto clandestino. El de la Mellor podría leerse como un vandalismo pictórico hecho a mano. Al igual que Pomet, algunas de sus mutaciones develan el sentido latente de las imágenes, a veces desde una militante perspectiva de género. Muy lejos, eso sí, de la disciplina monacal que impone la actual corrección política. Mellor, por el contrario, se esconde a través de complejas ficciones en las que curiosos alter egos reemplazan la autoría de la artista. Evita la militancia frontal.

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Dan Mellor

PATETISMO IRÓNICO

En la pintura contemporánea abunda el humor excesivo. El último Kippenberger, por ejemplo, se autorretrató –a lo largo de una extensa serie– recreando a los personajes de la «Balsa de La Medusa», de Théodore Géricault. A partir de unas fotos en las que aparece descamisado y con generoso estómago cervecero, el alemán expuso su cuerpo al lente y luego a su pincel y lápiz. El patetismo del artista es irónico, pero no carece de angustia. Kippenberger pasaba los cuarenta cuando realizó aquellas obras y su vida intensa y alcoholizada parecía aún más larga. Sus reencarnaciones de los náufragos son parodia juguetona y desesperada también, una licencia posmoderna para repensar el romanticismo y la muerte. Sabemos que el artista estaba en su último año de vida. Visto desde ahí, el humor paródico que sustenta estos autorretratos se tiñe de un velo amargo y premonitorio.

Comentarios

  • “Hoy se me cayó internet y tuve que pasar tiempo con mi familia... parece buena gente”, Anónimo.
  • "Aburrimiento es el deseo por los deseos", León Tolstoi (1828 - 1910).