El Alzheimer

14/04/17 — POR
«El padre», obra aclamada en las principales capitales del mundo, muestra el deterioro mental de un pater familias. Florian Zeller, “niño terrible” de las letras francesas, habla sobre esta pieza, sus motivaciones y su fascinación por el teatro.

“Los actores son niños jugando. Siempre me conducen por el lado del humor, incluso en temas oscuros”, responde Florian Zeller desde París, cuando se le pregunta por el sentido del humor que cruza su obra «El padre», que abre la Temporada 2017 del Teatro Universidad Católica, donde estará entre el 21 de abril y el 27 de mayo. Lo asombroso, y lo han dicho en todas las ciudades del mundo donde esta obra se ha estrenado, es que este joven autor francés consigue sacar sonrisas con la puesta en escena de un tema tan delicado como el Alzheimer. Aun cuando el personaje que está perdiéndose en sí mismo es un hombre fuerte, un pater familias cuya personalidad se va desdibujando frente a los suyos.

Héctor Alterio en Madrid, Frank Langella en Broadway, Pepe Soriano en Buenos Aires, son algunos de los actores que han dado vida a Andrés, el protagonista de esta pieza, la más internacionalmente aclamada de Zeller. En Chile, en la versión dirigida por Marcelo Alonso y producida por The Cow Company, será Héctor Noguera el encargado de ese exigente personaje.

Pero hay mucho que decir de Florian Zeller, el “niño terrible” del teatro francés. Con sólo 37 años (nació el 28 de junio de 1979), ha escrito ya cinco novelas y once obras teatrales, más el libreto de una ópera y algunas letras de canciones para Christophe (nombre artístico de Daniel Bevilacqua).

Zeller obtuvo reconocimiento del público y de la crítica a los 24 años, cuando estrenó «El otro», donde observa agudamente cómo una pareja con cinco años de convivencia se tambalea por la presencia de un tercero. Dos años después, en «Si murieras» (que obtuvo el Premio Joven de la Academia Francesa) enfrenta a una doctora con los papeles privados de su marido, que ha muerto.

Luego siguen varios otros textos dramatúrgicos, donde destacan «La verdad» (2011), protagonizada por un mentiroso compulsivo que ve cómo su realidad se derrumba; y su complemento, «La mentira» (2015), que narra la manera en que una mujer sufre porque vio al marido de su amiga con otra. Otro binomio famoso es «La madre» (2010), centrada en una mujer adulta mayor que, privada del rol maternal, no sabe qué hacer con su vida; y el «El padre» (2012), ganadora de tres Premios Molière. En estos títulos queda claro que la experticia de Zeller como dramaturgo va de la mano con las relaciones humanas íntimas y con los dramas familiares.

Sobre «El padre», algunas pistas se encuentran en la biografía del autor. Su abuela, a quien lo unió un fuerte vínculo, padeció Alzheimer. Sin embargo, el autor precisa que “nunca tuve ninguna intención de contar las cosas que había experimentado o visto. Lo que importa no es si un escritor habla de su propia vida, lo que importa es que el espectador tenga la impresión de que habla de su vida”.

–¿Dónde busca sus historias? ¿En general y, en particular, la de «El padre»: en usted, en el entorno, en las noticias?

“No siento que busque mis historias. La mayoría de las veces vienen a mí, y da la casualidad que me sorprendo por lo que llega. Esto tiene sentido sólo en un segundo momento. Por ejemplo, cuando escribí «El padre», no tenía un plan consciente de abordar el tema del Alzheimer. Escribí la pieza como si fuera un sueño, con los ojos cerrados y sin prohibirme ninguna asociación de ideas”.

–¿Qué quiso tocar con el tema del Alzheimer, su impacto social o su impacto en las relaciones familiares?

“Lo que me interesaba era proponer un viaje especial para los espectadores. Lo que me gusta es cuando el público participa de forma activa en el desarrollo del espectáculo. En «El padre» estamos perdidos en un laberinto, como si estuviéramos en la cabeza del personaje. No fue tanto el tema, ni el paisaje, lo que me permití explorar”.

–En «El padre» el tema es sensible e incluso doloroso, pero su texto tiene mucho sentido del humor, igual que «La madre», ¿por qué elegir este camino?

“Escribí esta pieza para un famoso actor francés (Robert Hirsch), que es a la vez un gran actor trágico y un payaso maravilloso. Puede que sea él quien me inspiró esta veta humorística. Pero creo que el teatro, incluso el más trágico, tiene una dimensión lúdica. Los actores son niños jugando. Siempre me conducen por el lado del humor, incluso en temas oscuros”.

–En «La madre», la protagonista sufre de depresión; y en «El padre» aborda el Alzheimer. ¿Por qué el interés en estos problemas de salud mental?

“No sé. Una vez más, creo que me permito dirigir al público a lugares extraños, donde la realidad es precaria. No sabemos si lo que vemos es real. Siempre me han gustado esos juegos con la realidad. Eso es lo que me gusta en el teatro y en el arte en general: cuando la realidad no es un hecho sino una forma en perpetua mutación, y hay que preguntarse constantemente por miedo a verla desaparecer”.

Personajes que hablan

Florian Zeller tuvo un buen comienzo como novelista. Con «La fascinación del mal» (2004), su tercera publicación, ganó el Premio Interallié y fue seleccionado para el Premio Goncourt. Curiosamente, muy pronto mostró mayor inclinación por la dramaturgia. Está casado hace 15 años con Marine Delterme, ex modelo, actriz y escultora, quien ha participado en una veintena de películas , además, ha protagonizado dos obras de su marido: «El tío Vivo» (2015) y «La Chica en el Sofá» (2011). La pareja tiene un hijo, Roman, de 8 años.

–¿Qué lo llevó a escribir teatro?

“Descubrí el teatro bastante tarde. Me deslumbré de inmediato por este arte, que considero modesto: se trata de un par de cosas con las que tratamos de contar historias. Cuerpos, voces, algunos elementos escenográficos. Al mismo tiempo, es el corazón de la magia y de la mentira. Todo lo que se cuenta es incorrecto.

La gente sabe cuando reacciona por lo que le sucede a un personaje, que no es lo que sucede en la vida del actor, sin embargo, se olvida, y llora como si lo que pasara fuera verdad. Es este ‘como si’ del teatro que me seduce”.

–¿El teatro ha superado a la novela en su interés creativo?

“No, creo que son dos formas maravillosamente vivas y autónomas. Pero lo que me gustó en el teatro, en oposición a la escritura de ficción, está directamente relacionado con la vida, con los demás, con la recepción de las emociones”.

–¿Es usted un autor de inspiración o trabajo?

“Siento que trabajo mucho, no dejo de buscar. Pero cuando una puerta se abre se escriben las cosas muy rápidamente. Yo diría que soy un autor inspirado que trabaja”.

–Dijo que «El padre» lo escribió inconscientemente, sin saber qué dirección tomaría. ¿Eso le sucede siempre?

“No soy un autor que investiga el tema que trato. Además, nunca tengo la intención de ‘hacer frente a un tema’. Hay personajes que preexisten para mí y dejo que hablen. Soy, en cierto modo, el primer espectador de mis piezas. Descubro cosas a medida que se escriben”.

Nuestra mirada

En la versión chilena de «El padre», Tito Noguera es el actor encargado de ponerse en la piel de Andrés, el octogenario que ve cómo la realidad empieza a desvanecerse por el Alzheimer. A él se suma Amparo (su hija), quien interpretará a su apabullada hija, en una atractiva mezcla de ficción-realidad.

81_Teatro_ElPadre2

Amparo y Héctor Noguera

Carolina Arredondo es la profesional enfermera, que mira con una sonrisa los desvaríos del viejo, en tanto que Ricardo Hernández y Paloma Moreno representan personajes de su pasado y, además,su confusión.

Marcelo Alonso, el director, cuenta que la obra es estremecedora y sorprende por “su humor, la profundidad del olvido y lo que significa en la relación de un padre y una hija, y el uso del teatro para hablar de la pérdida de la realidad”. Y agrega: “No se trata de una obra discursiva, sino que la teatralidad –como los apagones, el cambio de roles y el no reconocerse– está al servicio de la historia”.

Sobre el humor, señala que Zeller explora las situaciones divertidas relacionadas con la confusión y las lagunas del protagonista, y que pese a eso hay una mirada profunda al dolor de los que ven cómo está perdiendo la autonomía y, con eso,la dignidad.

Finalmente, Alonso enfatiza: “Uno tiende a confundirse porque es un éxito comercial, pero la verdad es que es una gran obra, bien escrita, efectiva a la vez que profunda”.

 

Comentarios

  • "Y así va el mundo. Hay veces en que deseo sinceramente que Noé y su comitiva hubiesen perdido el barco". Mark Twain (1835 - 1910)
  • “Para ser irreemplazable, uno debe ser siempre diferente”, Coco Chanel (1883 - 1971).