EL ANTIGUO COLEGIO DE SAN ILDEFONSO

06/07/18 — POR

Un ejemplo sobresaliente de la arquitectura barroca de Ciudad de México.

Por María Teresa Herreros A.

Desde México.

 

Patio principal del Antiguo Colegio de San Ildefonso.

 

El Antiguo Colegio de San Ildefonso es una de las edificaciones coloniales más importantes del Centro Histórico de la Ciudad de México. Está ubicado en el número 16 de la calle de Justo Sierra, en la zona posterior de la Catedral Metropolitana.

Está ubicado en el número 16 de la calle de Justo Sierra, en la zona posterior de la Catedral Metropolitana.

De imponente arquitectura, la fachada del llamado Colegio Grande ostenta un relieve en mármol de San Ildefonso recibiendo la casulla de manos de la Virgen María, así como el escudo real de Castilla y León. La portada del Colegio Chico (que actualmente ocupa el Museo de la Luz, de la UNAM) presenta en el nicho central la imagen de la Virgen del Rosario tallada en tecali (alabastro poblano) y sobre ésta se aprecia un relieve en cantera gris con la figura de San José con el niño en brazos.

Iniciada su edificación a fines del siglo XVI, el conjunto arquitectónico tiene tres niveles y se compone de dos áreas: la perteneciente al periodo barroco con tres patios (Chico, de Pasantes y Grande), que es una construcción de mampostería con arcadas sobre pilastras y fachadas recubiertas con tezontle, marcos y cornisas de cantera; y la edificada al sur de la anterior, entre 1907 y 1931, con dos pequeños patios, que incluye el anfiteatro Simón Bolívar y el área de oficinas. La fachada se inspira en la arquitectura del siglo XVIII; el interior, en cambio, manifiesta su pertenencia a una nueva época.

Sobresale en su interior un solemne recinto que fue el salón de actos del colegio. Se le llamó “Generalito” para distinguirlo del Salón General de la Real y Pontificia Universidad de México, que era de mayor jerarquía. Aquí se encuentra gran parte de los sitiales que pertenecieron al Coro del templo del convento de San Agustín de la Ciudad de México. Esta sillería es obra del taller del maestro ensamblador Salvador de Ocampo (ca. 1665-1732) y constituye uno de los principales ejemplos de escultura novohispana del Barroco. Sus respaldos muestran bellísimas tallas que narran pasajes bíblicos, recreando imágenes tomadas muy probablemente de los grabados de una Biblia francesa del siglo XVII.

En el respaldo del sitial central del conjunto principal, que se reservaba originalmente para el prior del convento agustino, se aprecia la imagen de San Agustín, con sus atributos característicos como escritor y obispo.

HISTORIA

Los jesuitas iniciaron su labor educativa en la capital novohispana con la sucesiva fundación del Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo y cuatro seminarios: San Pedro y San Pablo, San Bernardo, San Miguel y San Gregorio.

De la fusión de los tres últimos nació, en 1583, el Colegio de San Ildefonso para que todos los colegiales de la Congregación residieran en una institución bajo la tutela de un solo rector. El nombre de San Ildefonso le fue dado en honor al Santo Arzobispo de Toledo, cuya devoción lo llevó a escribir en defensa de la limpia concepción de la Virgen María, dogma que la Compañía de Jesús ha sostenido desde su fundación. Hacia 1618 empezó a funcionar bajo el Patronato Real otorgado por el rey Felipe III, estableciéndose así el Real y más Antiguo Colegio de San Ildefonso.

Gracias al auge económico del virreinato y al poder financiero de la Compañía de Jesús, el colegio fue reedificado en las primeras cuatro décadas del siglo XVIII, dando paso al inmueble que hoy conocemos y que es uno de los ejemplos barrocos más sobresalientes de la arquitectura civil de la Ciudad de México.

Tras la expulsión de los jesuitas, decretada por el rey Carlos III en 1767, el edificio tuvo diversas funciones: cuartel de un batallón del Regimiento de Flandes, colegio administrado por el gobierno virreinal y dirigido por el clero secular, sede temporal de la Escuela de Jurisprudencia de algunas cátedras de la Escuela de Medicina, y cuartel de las tropas norteamericanas y francesas en 1847 y 1862, respectivamente.

El “Generalito” fue el salón de actos del colegio. Se le llamó así para distinguirlo del Salón General de la Real y Pontificia Universidad de México, que era de mayor jerarquía.

 

La historia de esta fundación jesuita concluyó para dar paso a la institución de espíritu liberal que sentaría las bases del nuevo sistema educativo y que más tarde llegaría a convertirse en el núcleo principal de la Universidad Nacional de México. En 1867, el gobierno de Benito Juárez emprendió una reforma en el campo de la educación y sus instituciones llevando a cabo un innovador plan de estudios con base en los principios de la filosofía positivista de Augusto Comte. El viejo portón de la calle de San Ildefonso se abrió, para iniciar clases, el 3 de febrero de 1868.

A contar de 1910 y durante seis décadas continuó siendo la cuna de varias generaciones de intelectuales y destacadas personalidades nacionales. Entre muchos otros, circularon por sus pasillos como estudiantes, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Miguel Alemán y Adolfo López Mateos.

El fin de los conflictos armados de la Revolución en la década de 1920 dio lugar al inicio de nuevos proyectos. Para Álvaro Obregón, quien había asumido el poder como Presidente electo, la educación era el medio civilizador y pacificador que daría legitimidad a su gobierno.

, «Juicio final» (1923-1924)

 

Para encabezar la recién creada Secretaría de Educación Pública, Obregón nombró a José Vasconcelos quien, como parte de su programa, se propuso educar a las masas por medio de ideas e imágenes plasmadas en los muros de edificios públicos. Un grupo de artistas plásticos dispuesto a sumarse al proyecto obregonista participó en la decoración de los muros de la Escuela Nacional Preparatoria, dando lugar al nacimiento y al desarrollo del Muralismo Mexicano en el siglo XX.

Así, en los muros de San Ildefonso, recientemente restaurados, se encuentra un medio centenar de obras de importantes artistas como Diego Rivera, Jean Charlot, Fernando Leal, David Alfaro Siqueiros, Ramón Alva, Fermín Revueltas y José Clemente Orozco. La participación de este último se inició en 1923 y concluyó en 1926. En ese período pintó los muros norte de los tres pisos del Patio Principal, así como los del primer descanso del cubo de la escalera. En 1922, Diego Rivera pintó en el anfiteatro «La Creación», su primer mural.

La obra fue realizada a la encáustica –técnica basada en resina copal emulsionada con cera de abeja y una mezcla de pigmentos fundidos con fuego directo– en el muro del proscenio y en lo que fue la concha acústica de un órgano monumental.

Cerrado durante tres lustros, el edificio se reabrió a público en 1992, habiendo sido íntegramente restaurado para recibir la exposición «México, esplendores de 30 siglos», magna retrospectiva de la historia del arte mexicano, desde la prehistoria y las culturas mesoamericanas hasta las más importantes manifestaciones del arte contemporáneo, con una muestra que reunió cerca de 400 obras. Desde entonces, el Colegio de San Ildefonso se constituyó en una sede para exposiciones temporales de relevancia, entre las que sobresalen «Tesoros artísticos del Vaticano», «Luis Barragán, su obra y la vanguardia en el arte», «Dioses del México Antiguo». Y recientemente, «Tres siglos de grabado de la Galería Nacional de Arte de Washington».

Comentarios

  • “No veo a ningún Dios aquí arriba”, Yuri Gagarin (1934-1968), hablando desde la órbita terrestre.
  • “Un viaje de mil millas ha de comenzar con un simple paso”, Lao Tse (605 a.C.-531 a.C.), filósofo chino.