“El arte moderno es el que te hace pensar”

17/05/17 — POR
Sin duda, uno de los hitos culturales de este 2017 será la visita de Frances Morris, directora de la Tate Modern. Méritos no le faltan. No sólo es la primera mujer en dirigir un museo que recibe en promedio cinco millones de visitas al año, sino también la primera británica en ocupar este cargo y la primera profesional cuya carrera ha ido creciendo al alero de la misma institución. Estuvimos con ella en los eventos públicos y privados en los que participó en Santiago y a la luz de sus impresiones nos quedaron inquietudes que nos responde desde Londres.

Cuando le preguntaron a Frances Morris (1959), directora de la Tate Modern de Londres, en uno de los muchos encuentros que tuvo durante su reciente y apretada visita al país, qué sentido tenía el arte moderno, ella simplemente contestó: “Es el arte que te hace pensar”.

Con esa mirada esta historiadora del arte ingresó a la Tate Modern de Londres y en enero de 2016 se convirtió en su directora. Algunos hitos de su gestión por los que ha sido reconocida es haber terminado con el orden cronológico tan arraigado como forma de mostrar una colección. Es así como hoy es posible ver en la Tate un Vasili Kandinsky (1866-1944), que “aleja del mundo real e invita a la contemplación”, conviviendo con el trabajo de la cubana Tania Bruguera (1968), conocida por sus provocadoras propuestas sobre el poder y los controles sociales, por nombrar algunos de los muchos cruces y contrastes.

Detrás de esta política, imitada en el mundo entero, está la idea de que una “secuencia lineal no crea contexto. El contexto lo crean otras cosas que no están expresadas por una secuencia de fechas. Lo que tratamos de hacer al romper la cronología fue literalmente encontrar un contexto”. Fue así como en 2000 el montaje de la Tate habló del paisaje, luego vino el cuerpo, y en 2007 se abordaron los cambios de paradigma. Así se logró que un público no familiarizado con la historia del arte accediera de mejor manera a las obras, “la cronología sólo es útil si conoces la historia”.

También bajo su dirección se inauguró la ampliación del edificio, realizada por los mismos arquitectos suizos Herzog & DeMeuron  que convirtieron la ex central eléctrica del río Támesis en un referente. Crecer significó aumentar en un 60% el espacio expositivo, un desafío que Frances asume convencida de que “la propiedad pública de la Tate es muy importante, somos la herencia de toda la gente. Es mi responsabilidad refrescar continuamente nuestra forma de enfocar el pasado para que un artista que trabajó en los años 30 o 60 pueda vivir de nuevo”. Una idea que reafirmó ante las más de 600 personas que asistieron a la conferencia que dictó en la Universidad Adolfo Ibáñez. Según ella, los museos no pueden ser bancos que custodian obras de arte, por el contrario, la Tate quiere ser una institución que mira al mundo. Y agrega que no están interesados en reflejar la gran historia del arte, sino todas aquellas historias que permitan establecer conexiones: “Hemos mirado la historia del arte desde 1900 hasta hoy a través de los puntos de conexión entre artistas. Estamos demostrando, de una forma creo convincente y con autoridad, que hay mucha más interconectividad global en la práctica histórica”.

También ha identificado y asumido como una preocupación la ausencia de una mirada más internacional y de artistas mujeres en la colección. Según Frances, la historia de la mujer en el arte es la misma de su exclusión en todos los ámbitos del poder. Un desafío que asume como feminista declarada y que ejemplificó con la compra de obras de la británica Helen Chadwick. Mientras que la apertura hacia otros territorios la evidenció con la reciente adquisición de la obra «Violeta Parra» (1973), de Cecilia Vicuña, un interés por la artista chilena que también mostró en su recorrido por la Galería Patricia Ready, que la representa en Chile.

–¿Cree posible determinar identidades territoriales según el lugar en el que las obras se producen? Considerando que vivimos en un mundo conectado, en el cual los límites geográficos parecieran no existir.

“Estoy fascinada por la cantidad de conexiones y redes que sustentaron la innovación artística en todo el mundo a lo largo del siglo XX. Es interesante ver cuántos países latinoamericanos desarrollaron potentes escuelas que innovaron en el arte abstracto en las décadas de 1940 y 1950, que se conectan fuertemente con las innovaciones europeas que se dieron en paralelo, pero que fueron profundamente diferentes e influidas localmente. Sao Paulo y París eran centros de intercambio transnacional durante este período, por lo que artistas de muchas ciudades expusieron juntos y en este quehacer polinizaron sus ideas, cruzándolas. «La Revolución de las Formas», la exposición del Centro Cultural Palacio La Moneda es un brillante ejemplo de este fenómeno, que también se dio en el arte chileno y que merece ser conocido más ampliamente”.

–En Chile, la falta de recursos ha hecho que el Museo de Bellas Artes ocupe parte de su calendario con exposiciones de arte contemporáneo dejando poco espacio para otros siglos, ¿es posible mirar el presente y el futuro sin hacer referencia al pasado?

“Los artistas se nutren tanto del pasado como del presente, por lo que es esencial para ellos en cada etapa de sus carreras, así como para el público en general, tener acceso a las más amplias referencias en el arte, tal como lo hacen en la vida. Creo que nuestra comprensión del pasado se renueva continuamente en el presente y los artistas son a menudo los mejores guías para mostrar nuevos aspectos en las obras de la historia del arte. Por supuesto, desde la invención de la fotografía todos podemos acceder a una comprensión básica de lo anterior, pero no se puede subestimar la experiencia única de contemplar una obra en el espacio y el tiempo”.

–Otro de los desafíos de los Museos hoy es su financiamiento y su relación con el mercadodel arte.

“El mercado ha existido siempre, pero hoy es más agresivo. Hay una tendencia a focalizarse en unos pocos artistas o starartist y celebrity collectors que consumen la energía de la prensa y del mercado. Además, han potenciado el nacimiento de verdaderas ‘marcas’ en el mundo del arte. Todas las generaciones han tenido grandes artistas, el problema es que el mercado al enfocarse sólo en ellos muestra una porción muy reducida de este mundo. Muchos artistas no tienen art dealers ni son comercializables, piensa en instalaciones o performances. A este mercado se suma el surgimiento de museos privados que están complicando el concepto de museo como institución pública. Por otro lado, ha disminuido el aporte del Estado a los museos, mientras que ha aumentado la filantropía, con ello surge la pregunta por cómo mantener nuestra independencia. En la Tate estamos dando respuesta a estos desafíos realizando un trabajo colaborativo con los coleccionistas, con quienes pensamos en conjunto el destino de sus donaciones. Por ejemplo, recién hicimos una gira por Inglaterra con las obras donadas por un privado. A los artistas los estamos apoyando para que desarrollen trabajos que quedarán en el museo; y tenemos un grupo de curadores repartidos por el mundo que está haciendo grandes hallazgos de nombres que hoy están fuera del mercado del arte”.

Los públicos que vienen

–¿Quién tiene la responsabilidad de difundir y educar sobre los lenguajes de arte contemporáneo? El Estado, los Museos, las galerías y/o el sistema educacional?

“Todos los que valoramos el arte compartimos la responsabilidad de hacer que esté lo más disponible que sea posible. Debemos estar conscientes que poner la cultura en primer lugar tiene un impacto tremendamente beneficioso sobre la salud social y la educación, por lo que es muy importante que nuestros Gobiernos se comprometan a apoyar y abogar por el acceso generalizado a las artes. Hay muchas maneras de fomentar el contacto con el arte a través de actividades asociadas con su práctica y su comprensión a través de la apreciación y del debate. En ese contexto, las escuelas tienen la responsabilidad de fomentar el arte como parte de una educación integral”.

–Para la Tate, la educación artística y el acceso de los niños a los museos y galerías es prioridad, ¿cree que es necesario mediar en ese encuentro, o es mejor dejarlos libres y que ellos mismos lo diseñen?

“Los niños deben tener múltiples rutas en los museos. El acceso sin obstáculos es maravilloso para aquellos de mente abierta y curiosa, pero hay muchas otras maneras en que los niños pueden llegar a estar profundamente comprometidos con la práctica del arte. Los pequeños que no han tenido experiencias previas en galerías y museos pueden encontrar poco atractivas las convenciones institucionales y el lenguaje especializado. En esos casos, los juegos, la participación, los programas de colaboración, así como los talleres ayudan a romper barreras y animan a los jóvenes a abrirse a nuevas experiencias. A menudo, sin embargo, los mismos profesores carecen de la confianza necesaria para acercarse al arte. Por eso, trabajamos en estrecha colaboración con los maestros de las escuelas locales para que adquieran las habilidades y la confianza necesaria para llevar sus clases a la Tate y desarrollar el aprendizaje en torno al arte y a las obras que están expuestas”.

–Su visita fue breve, de lo que alcanzó a ver, ¿qué impresión le quedó de la escena local?

“Ustedes tienen una pequeña, pero muy comprometida comunidad de galeristas y museos con un enorme potencial, pero una gran falta de recursos. Vi y conocí algunos artistas jóvenes y curadores brillantes que deberían sorprendernos en unos años más. Me impresionó especialmente el trabajo del Museo de la Solidaridad Salvador Allende”.

 

Comentarios

  • “La felicidad anida más en la nobleza de un bosque que en el lujo sin verde”, Carlos Thays (1849 - 1934), paisajista argentino.
  • "La buena hospitalidad es sencilla; consiste en un poco de fuego, algo de comida y mucha quietud", Ralph W. Emerson (1803 - 1882), escritor estadounidense.