El viejo mundo se ríe de sí mismo

03/09/17 — POR

En medio de sus crisis y amenazada en su identidad, Europa no olvida el humor.

Por Vera-Meiggs

La comedia surgió en Grecia como estrategia política para burlarse del poder y su éxito fue paralelo a la fortuna fluctuante de la democracia. En tiempos de tiranías se las arregló para decir lo suyo y no apagar la sonrisa transgresora del pueblo. Hoy, cuando el poder no tiene un rostro permanente, la comedia cinematográfica encuentra dificultades para hallar un culpable, pero ningún problema para apuntar a los sistemas y sus efectos sobre el individuo contemporáneo. La permanente tensión que la Comunidad europea significa para el localismo provincial de sus países ha hecho recrudecer la sátira nacional, en que las identidades tradicionales buscan adecuarse a unas circunstancias cambiantes, ninguna muy deseada y más bien padecida por los comunes. Tales novedades forzadas no han hecho mengua en el ingenio de Europa. No será éste un examen acucioso, pero estos cinco principales países del viejo continente pueden mostrar otros tantos éxitos históricos y eficaces medios de exportación de una tradición humorística que nunca debiera abandonarse bajo ninguna circunstancia. So pena de una merma importante en la salud social del mundo.

«UN FUNERAL DE MUERTE»

(Inglaterra, 2007), de Frank Oz.

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El padre de una familia burguesa y muy británica ha muerto y todo se organiza de la mejor manera para que junto con el entierro se vaya en el ataúd más de algún recuerdo incómodo y un enredo de afectos mal resueltos. Todo parte mal porque la eficiente empresa de pompas fúnebre comete un error de cadá- ver que rápidamente solucionará, anticipando la sucesión de complicaciones que vendrán. Llega la muy formal familia utilizando su mejor repertorio de protocolos. Pero habrá una sorpresa mayúscula cuando un enano que nadie conoce comience a pasearse peligrosamente entre los participantes al velorio. Y es que el padre se guardaba un pequeño gran secreto bastante desestabilizador. Fiel a la rica tradición de la comedia negra británica que ha producido más de un clá- sico (recordar «Ocho sentencias de muerte», dirigida por Robert Hamer en 1949; y «El quinteto de la muerte», 1955, de Alexander Mackendrick, ambas con Alec Guinness), la película suma absurdos salpicados de anotaciones sociales ingeniosas y alguna vulgaridad, sin perder la brújula del tono del género, en el que los afectos son vistos con el mismo irreverente humor concedido a los más ridí- culos personajes.

«DIOS MÍO, ¿PERO QUÉ TE HEMOS HECHO?»

(Francia, 2014), de Philippe de Chauveron.

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El chauvinismo es en Francia regla identitaria. Frases como “Nunca he leído un libro que no fuera francés” o “Sé que la tierra continúa más allá de nuestras fronteras, pero no sé si sea muy importante saber lo que hay ahí”, son el involuntario equivalente a los chistes locales de Don Otto. Consciente de ello, el cineasta Philippe de Chauveron utiliza el chauvinismo para reírse de la plutocracia francesa, que tan bien encarna el comediante Christian Clavier, suerte de reemplazo del inolvidable Louis de Funés, estupendo intérprete de lo peor que podía contener el francés egoísta, arribista y codicioso. Claude Verneuil, acaudalado, conservador y católico protagonista, tiene cuatro hijas que irán a casarse con un judío, un árabe y un chino. Es decir la suya es una auténtica pesadilla con inmigrantes invasivos que llenará las reuniones familiares de tensiones internacionales, raciales y religiosas. Pero –como la calamidad tiende a perpetuarse– la hija menor aporta lo que le faltaba a los Verneuil para ser llamada una “familia Benetton”, como le dicen en un momento jocoso: un novio negro. Para relajarse, Claude las emprende contra los árboles de su propiedad, en tanto Marie, su esposa, sigue una terapia con un sicólogo que no parece conducir a parte alguna. La preparación de la boda dará más de alguna sorpresa a toda la heterogénea familia. Divertida, pero suavecita. Se ríe sin afectar más que la epidermis del problema

«OCHO APELLIDOS VASCOS»

(España, 2015), de Emilio Martínez-Lázaro.

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Doña Isabel I logró en el siglo XV unificar lo que llamamos España a fuerza de matrimonios y extorsiones varias, pero nunca el país se ha mostrado muy conforme con ello y los regionalismos forman parte de su folclore cotidiano, especialmente el que se refiere a los vascos y sus relaciones con todos los demás. En la película, y extremando sólo un poco las cosas, una chica vasca en sus vacaciones sevillanas le sorbe el seso a un andaluz y él parte tras ella a sus dominios territoriales sin contar con que el padre de la chica es vasco por los cuatro costados y exige lo mismo para su futuro yerno. Ni corto ni perezoso, el protagonista se hace pasar por local, creando unos chascarros que amenizan un relato predecible pero insuflado de observaciones agudas sobre las costumbres atávicas y sus extremos. Buenos actores de comedia y un ágil guión terminan por explicar el inusitado éxito de taquilla de esta película, que ha sido seguida por «Ocho apellidos catalanes», de menor gracia.

«TONI ERDMANN»

(Alemania, 2016), de Maren Ade.

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Los alemanes no tienen mucha fama de comediantes y entre nosotros su (falta de) sentido del humor da para chistes de porfiada memoria popular. Sin embargo, en tiempos recientes, o relativamente tales, la proverbial seriedad teutónica ha incluido frecuentes visitas al género burlón. Un ejemplo cuya fama aún perdura: «Good bye Lenin» (2003), de Wolfgang Becker. «Toni Erdmann» es tal vez la más exitosa comedia alemana desde aquella, pero le toma larga delantera en originalidad y valor cinematográfico. La protagonista es una seria ejecutiva internacional con buenas posibilidades de ascenso en la firma en que trabaja, pero tiene una clara dificultad: ella es muy seria y su padre no. En su extraña forma de manifestarle afecto, él se inventa un alias, Toni Erdmann justamente, y disfrazado se presenta en todos los eventos que su hija organiza para mostrarle el lado informal de la vida. Los resultados son los que cabría esperar, pero la película se cuida bien de transformarse en una secuencia de chapuzas más o menos cómicas. Organizadamente, el relato comienza a adquirir la apariencia de un delirio racionalizado, como la secuencia de la fiesta de cumpleaños nudista o la escena sexual de ella con su amante. Eso no impide que finalmente los sentimientos verdaderos se asomen entre disfraces y máscaras. Dos horas y media de comedia efectiva son señal de un altísimo logro en el género. Candidata al Oscar al Mejor Filme Extranjero 2017.

«¡NO RENUNCIO!»

(Italia, 2015), de Gennaro Nunziante.

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El empleado público ha sido denostado por todo el que ha podido juntar un par de ideas que sirvan para aplastar al individuo mediocre por definición. En Italia, país que ha sabido hacer de la comedia una de sus cumbres expresivas, hay larga tradición al respecto (como «Un burgués pequeño, peque- ño», de Mario Monicelli, de 1977, por citar sólo un ejemplo), alimentada por la enorme burocracia estatal que ha domesticado a una clase social entera para hacerla engranaje de un sistema orgánico y nacional de reciente fundación. La película italiana más exitosa de este siglo se centra en Checco, que aspira desde pequeño a la confortable mediocridad que la vida de provincia le estimula y todo su mínimo esfuerzo va dirigido a la obtención de un puesto de empleado público perpetuo en una repartición estatal. Lo consigue, pero recién comienzan las dificultades. El Estado decide modernizarse y reducir al mínimo los cargos de planta. Checco es conminado a renunciar a cambio de un desahucio que irá creciendo desmesuradamente mientras el protagonista se resiste a abandonar su humilde puesto de timbrador de permisos de caza. Entonces el Estado, bajo las bellas formas de una decidida funcionaria, lo envía a Noruega a una estación científica que está haciendo estudios sobre el descenso de los espermios de los osos polares por causa del calentamiento global. El será encargado de obtener las muestras. Pero no renunciará. Si bien la italianidad del tema puede resultar a ratos excesiva, la comedia acierta en su sátira a los sistemas ultra protectores de la Europa actual y el encanto natural de los personajes y la justeza de su tono la hacen una total delicia.

BONUS

«The square», del sueco Ruben Östlund, es la última ganadora de Cannes… otra comedia.

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Comentarios

  • "¿Somos humanos porque miramos las estrellas, o miramos las estrellas porque somos humanos?", Neil Gaiman (1960), autor inglés de historietas.
  • "El paso de los años es inevitable; envejecer, una opción", Anónimo.