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EN BUSCA DE LA INASIBLE IDENTIDAD

02/06/18 — POR

«Los arrepentidos» recoge el testimonio de dos transgéneros suecos que deciden volver a su sexo original. La obra, que se estrena en el GAM y es protagonizada por Rodrigo Pérez y Alfredo Castro, propone que la libertad para ser no puede coartarse.

Por Marietta Santi

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Rodrigo Pérez, Víctor Carrasco y Alfredo Castro. PH: DANIEL HANSELMANN

 

Cómo se define el ser es una pregunta compleja. El arte, obviamente, ha buscado darle respuesta a esa problemática desde siempre, tocando sus aristas más espinudas. Una de ellas es la condición de los transgéneros y su desesperada búsqueda de identidad, que implica transformar e intervenir el cuerpo con que nacieron.

El reconocimiento internacional a Daniela Vega, la actriz chilena transprotagonista de la película «Una mujer fantástica» –reciente ganadora del Oscar–, y la discusión en torno a la Ley de Identidad de Género, han puesto el tema en primera línea en la sociedad chilena.

Y como el teatro suele tomarle el pulso a la sociedad, no es casualidad que a fines de este mes se estrene «Los arrepentidos», obra que muestra a Orlando y Mikael, dos hombres maduros, quienes, luego de operarse para ser mujeres, deciden volver a ser hombres. Se trata de un trabajo testimonial escrito por el director y dramaturgo sueco Marcus Lindeen (37), a raíz de una serie de entrevistas que realizó en la Radio Nacional de su país sobre arrepentimientos. Lindeen estaba entrevistando a Mikael cuando llamó a la estación otro hombre, Orlando, que había vivido lo mismo. El autor decidió reunirlos a intercambiar experiencias, encuentro del que surgieron la obra de teatro y un documental.

En 2015, Víctor Carrasco, director de teatro y guionista, estaba investigando el tema trans para una producción audiovisual extranjera. Entonces había poca información en internet, pero se encontró con material de la versión mexicana de «Los arrepentidos». Buscó al autor en internet, le escribió, y a las horas tenía respuesta. “Lindeen no podía creer que le escribiera desde Chile, ya que su papá es sueco pero nacido en Punta Arenas. Me mandó el texto en español y en inglés para que lo leyera. Lo hice, y a las 10 de la mañana le escribí. Él se comprometió a interceder para que los derechos no fueran tan caros”.

Entonces comenzó el viaje de Carrasco como director de la versión chilena, protagonizada por Alfredo Castro y Rodrigo Pérez. Lo que no es menor, considerando que ambos remecieron la escena teatral a principios de los 90 con «La Manzana de Adán», que mostró la realidad de los travestis chilenos.

Carrasco es claro: “Ha sido un verdadero tránsito para acercarnos a un tema fundamental: la identidad. Luego de estos tres años investigando y entrevistándome con trans, puedo decir que es una lucha que hay que apoyar. No puede ser que los desconozcamos”.

En la obra sabremos que Orlando (Alfredo Castro) nació como hombre. De joven fue prostituto y, luego de ser uno de los primeros en convertirse en mujer en su país, en 1967, se casó. Tuvo once años de matrimonio, hasta que el marido descubrió su pasado y la abandonó por temor a las burlas. Luego de esa experiencia, volvió a entrar al quirófano para dejar de ser mujer y recuperar su identidad masculina.

Mikael (Rodrigo Pérez) se operó en 1994, en los 50 años, pero se arrepintió casi de inmediato. En la obra lo vemos vestido de hombre, pero aún con genitales femeninos, esperando una nueva intervención médica. Desde Suecia, Marcus Lindeen comenta que su ambición es que la obra funcione como una experiencia que puede aportar a la identidad, la sexualidad y la búsqueda de la felicidad. “Para mí, la conversación entre Mikael y Orlando es una confrontación humilde de opiniones e ideas respecto a cuestiones existenciales muy profundas, sobre cómo entendernos a nosotros mismos como seres humanos. Aunque tanto Mikael como Orlando lamentan someterse a cirugías de reasignación sexual, quiero ser claro como escritor y decir que la obra no trata de probar un punto o advertir contra las operaciones. Personalmente, quiero que las personas transexuales, al igual que todos los demás, puedan vivir el tipo de vida que desean vivir, y si eso incluye cambiar su género, sin cirugías, esto debería ser posible”.

Sobre la obra teatral, Lindeen precisa que se basa principalmente en transcripciones de grabaciones de sus conversaciones. “Las grabaciones se hicieron en un estudio de cine y duraron más de dos semanas, mezclando diálogos y entrevistas por separado. Había mucho material. Mi ambición ha sido tratar de mantener su forma natural de hablar entre sí, lo que creo que le da al diálogo un cierto flujo. En la producción teatral original en Estocolmo, Mikael y Orlando asistieron a los ensayos y se reunieron con los actores suecos. La obra estuvo en cartelera en Estocolmo durante dos años y también hice un documental, donde los verdaderos Mikael y Orlando hablan entre ellos”.

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Los actores Rodrigo Pérez y Alfredo Castro y, detrás, la foto de Orlando, uno de los protagonistas de la obra, cuando era mujer Ph: DANIEL HANSELMANN

 

TRÁNSITO E IDENTIDAD

Desde octubre del año pasado que Víctor Carrasco ensaya con Alfredo Castro y Rodrigo Pérez, porque “queríamos darle a la obra el tiempo que se merece, además de tener espacio para confrontar experiencias y puntos de vista”.

Carrasco, reconocido por su respeto a la dramaturgia, es la primera vez que dirige un texto testimonial. “No es un texto que tenga dramatúrgicamente un gran valor, el vuelo está en lo testimonial. Hay un poder en esos testimonios, que surge de la palabra viva, que me emocionó. Hay un mundo inexplorado por la dramaturgia tradicional, personajes que no han sido objeto de atención, y me parece que debemos tender a que estén presentes”, comenta.

El director alaba la forma en que Lindeen es capaz de transmitir los testimonios de Orlando y Mikael, y enfatiza que hay que tener presente que la obra transcurre en Suecia, no en Chile: “Estamos hablando de otra realidad, de otro contexto. Del primer mundo, donde Orlando se operó en 1967. No es lo que sucede en nuestra sociedad chilena”.

Tratar de entender ese tránsito y conectarse emocionalmente con él, más allá de los discursos, ha sido el trabajo de puesta en escena. El acento está en la libertad para elegir y en que la identidad no tiene límites. “Una cosa es leer y entender, pero la conexión emotiva es necesaria. Eso hemos tratado de hacer, además de permitir que nuestros cuerpos transiten hacia una realidad desconocida para todos, porque pertenecemos a generaciones que han crecido limitando sus cuerpos. Queremos aportar a un debate que está un poco más allá de la Ley de Género”, precisa Carrasco. Lo primero que dice Alfredo Castro (Orlando) es que la obra le abrió los ojos respecto a lo transgénero: “A veces no se piensa en el tremendo dolor moral y físico que esto significa para las personas. La obra provoca una tremenda empatía con ese padecimiento. Es un homenaje a la singularidad y al derecho a la libertad para optar por una identidad que les ha sido negada socialmente”.

Siente que la lucha de su personaje es por la dignidad: “Por el respeto a su condición, primero como homosexual en los años 50, cuando la homosexualidad estaba prohibida por ley en Suecia. Orlando es el primer cambio de sexo en Suecia, no en Chile, y en ese país él ya ha sufrido una tremenda discriminación social y también por parte de la policía”.

Rodrigo Pérez (Mikael) destaca que, a partir del testimonio, la obra va más allá, “convirtiendo lo personal en una serie de preguntas sobre la identidad, la libertad para construirla y la disolución de los propios límites para alcanzar la singularidad”.

Sobre la complejidad de la interpretación, pensando que encarnan a seres humanos reales, Castro señala que su intento es ser consecuente con lo que durante años ha sido su interés: el testimonio y el intento por traspasar las fronteras de lo imitativo, para acceder a una transfiguración, es decir, ser otro sin dejar de ser él mismo. “Estos han sido mis materiales y desafíos como actor y docente durante tantos años. Mi intento, guiado por Víctor Carrasco, ha sido abstenerme de recurrir a una interpretación formal como actor, alejarme de ese ‘deber ser’ teatral que deja incorrupto al espectador, para instalarme, desde la actuación, como un actor intentando no ‘actuar’ el texto sino metabolizarlo, hacerlo pasar a mi sangre, ser parte o flujo de mi propio organismo”.

Pérez agrega la importancia de su relación con Alfredo en escena: “En mi caso, el ejercicio actoral está basado en la escucha de mi compañero, con los oídos y el cuerpo, y la búsqueda de la lógica interna e irrefutable en la respuesta que proviene del testimonio recogido del Mikael real”.

Marcus Lindeen apunta que con la obra quería hablar sobre el tabú del arrepentimiento: “Se supone que no debemos cambiar nuestras opiniones sobre las cosas. Afortunadamente, ahora existe esta narrativa aceptada de encontrar tu ´verdadero ser interior´ y luego mostrárselo al mundo. Lo cual es genial. ¿Y si la vida es más compleja que eso? Qué pasa si yo, como hombre gay, me doy cuenta de que también me gustaría estar con mujeres, la gente que me rodea y me identifica como hombre gay, ¿aceptaría que cambie de opinión? Me interesaba lo que sucede cuando te das cuenta de que has tomado una decisión equivocada y quieres cambiarla. ¿Por qué tiene que ser tan controvertido?”.

Ficha

«Los arrepentidos»

Autor: Marcus Lindeen

Director: Víctor Carrasco

Elenco: Alfredo Castro y Rodrigo Pérez

Estreno: 25 de mayo en GAM

 

Comentarios

  • “Un hombre hace lo que puede. Una mujer hace lo que el hombre no puede”, Isabel Allende (1942).
  • “El grado de certeza con que nuestros mapas mentales describen el territorio no altera su existencia”, S. Covey (1932 - 2012), profesor estadounidense.