EN SAN JOSÉ DE MAIPO REVIVEN DOS PUNTALES DE LA LITERATURA CHILENA

26/11/17 — POR

El museo artístico Casa Cultura Dedal de Oro nació a inicios de este año. Sus objetivos fundamentales son dar acceso a la obra de dos grandes escritores chilenos: Eduardo Barrios, Premio Nacional de Literatura 1946; y Juan Emar, quien también se dedicó al dibujo y a la pintura. Y además, a dos reconocidos premios nacionales de Artes Plásticas: Gracia Barrios y José Balmes.

Por Heidi Schmidlin M.

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Un aspecto del centro Cultural y Museo literario que reúne a tres premios nacionales y al primer surrealista de chile.

 

Quizás si haya existido en Chile un vínculo de vida tan azarosamente trenzado como el de Juan Emar (seudómimo de Álvaro Yáñez, 1893-1964) y Eduardo Barrios (1884-1963). Nacieron en caras opuestas de una misma moneda que enriqueció las letras nacionales. Barrios, paradigma de la escuela Creacionista; según Vicente Huidobro, “de los realistas que ha tenido Chile”, nació del amor entre militar chileno apostado en Perú y madre alemana criada en la minería: “Por la mezcla de todas estas sangres, mi patriotismo vive de una fuerza de simpatía humana, más que de exclusivismo de bandera”. Yáñez, en cambio, fue precursor del Surrealismo en Chile y pese a haber jurado a los 17 años no trabajar nunca y jamás ser continuidad de nada, sembró la vanguardia francesa en los salones y círculos literarios del país. Hijo del acaudalado periodista, abogado y político liberal chileno Eliodoro Yáñez (1860-1932), fundador de «La Nación», periódico que este 2017 cumple 100 años, actualizado hoy como “el primer diario chileno de formato puramente digital”. Desde los albores del siglo XX, Yáñez intentó cambiar los rumbos del país, ofreciendo tribuna a los intelectuales y pensadores liberales. El propio Juan Emar tuvo ahí su famosa columna Notas de Arte. Eduardo Barrios también fue un colaborador permanente. Eso hasta que el entonces Presidente, coronel Carlos Ibáñez del Campo, lo nombró Ministro de Educación, encargándole la expropiación del rotativo y el envío de los Yáñez al exilio en París.

DOS VIDAS PARALELAS
El 25 de octubre, Barrios habría cumplido 124 años. Un mes después, el 23 de noviembre, Juan Emar celebraría los 115. Cercanos para nacer, también para morir: el primero falleció el 13 de septiembre; y Yáñez cedió a su repentino cáncer de cuello el 8 de abril, siete meses después. Fueron madurando como hombres y escritores cuando el país definía su personalidad de siglo XX: si liberal o conservador. Juan Emar, liberal al hueso, cultivado entre cánones europeos del movimiento Montparnasse, no piensa en la Nación sino en el humano y el Universo. Eduardo Barrios, el conservador, concibe la Nación arraigada al pensamiento del Grupo de los X y abona un estilo criollista que recoge el espíritu de América. De hecho, en su biografía «También algo de mí» relata que desde los 15 años se abre al continente: “Hice de todo. Fui comerciante, expedicionario a las gomeras en la montaña de Perú, busqué minas en Collahuasi, llevé libros a las salitreras, entregué máquinas en una fábrica de hielo en Guayaquil, en Buenos Aires y Montevideo vendí estufas económicas, viajé entre cómicos y saltimbanquis, levanté pesas en un circo, hice de taquígrafo de la Cámara de Diputados; he caído, he levantado, he sufrido hambres, he gozado hartanzas. Y siempre, en medio de todo, me respeté… porque soy un sentimental”. En Chile fue político, Ministro de Educación durante la primera dictadura de Ibáñez del Campo (19271931). También director de la Biblioteca Nacional (1953) y Premio Nacional de Literatura en 1946. Desde la acera contraria, Yáñez-Emar perfila apócrifo, ensimismado, viendo el mundo desde la ventana y portavoz de la vanguardia futurista. En Chile surge como referente del Surrealismo, hasta que cambia su seductora figura de dandy por la de un ermitaño enclaustrado en Vilcún, frente al potente volcán Llaima. Rodeado del silencio de la Araucanía, el iconoclasta constructivista confabula mundos alegóricos y cabalísticos (como el viaje en múltiples dimensiones), incomprensibles para la época. Salvo para Eduardo Barrios, que lo elogia donde puede, o para Pablo Neruda, que lo prologa como “el Kafka chileno” en «Diez», libro de cuatro animales, tres mujeres, dos sitios y un vicio.

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Retrato de Eduardo Barrios por Gracia Barrios

 

Pese a todo, en el círculo personal el criollista y el trasgresor eran amigos y familiares. Barrios casado con la pianista Carmen Rivadeneira; Emar, con su excéntrica hermana, Gabriela Rivadeneira. De concuñados pasan a ser consuegros, cuando Carmen, la hija mayor de Eduardo Barrios, y Eliodoro, el hijo mayor de Juan Emar, contraen matrimonio. Y la amistad afianza lo económico. Álvaro Yáñez (Emar) hereda parte del fundo Lo Herrera y comprueba que los negocios no se dan muy bien en la relación que él mantiene con el mundo, por lo que acude a Barrios, que como su personaje, era un Gran Señor y Rajadiablos, dueño de una manzana en el pueblo de San José de Maipo y de todo el fundo Lagunillas. Barrios le propone parcelar, vender, pagar deudas y comprar algo más pequeño. Emar lo nombra administrador de La Marquesa, el nuevo fundo que adquieren en Leyda, entre Melipilla y San Antonio, por lo que el criollista se convierte en socio de los Yáñez.

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    Retrato de Juan Emar.

 

REUNIDOS A MÁS DE 100 AÑOS DE SU MUERTE
Inspirado en estos opuestos hermanados surge, a comienzos de este año, el centro cultural y museo artístico-literario Casa Cultura Dedal de Oro. Esta vez por la mixtura literaria que corre por la sangre del nieto escritor Juan Pablo Yáñez Barrios. El editor de la revista «Dedal de Oro», que durante 14 años reseñó leyendas e historias del Cajón del Maipo, decidió dedicar parte de la antigua casona familiar a levantar el único centro cultural que tiene San José de Maipo, donde los próceres literarios de Chile no son honrados ni con el nombre de una calle.

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                       De la serie «Don Urbano».

“En el espacio artístico estamos poniendo en valor la creación de tres Premios Nacionales y la de Juan Emar, ícono del Surrealismo. Eduardo Barrios, Premio Nacional de Literatura 1946; su hija Gracia Barrios, Premio Nacional de Artes Plásticas 2011; su esposo José Balmes, Premio Nacional de Artes Plásticas 1999. También dibujos y textos, algunos inéditos, de Juan Emar”, dice Yáñez Barrios. Su mirada avanza cuatro generaciones y converge en la cuidadosa selección y curatoría de quien reconoce los objetos por la sangre heredada: “Cuando el tata Pilo (Juan Emar) murió, mi papá recogió las 5 mil hojas de «Umbral». A los 22 años me correspondió ordenarlas, respetando la estructura intencionada de ‘cuatro pilares (tomos) y un dintel’. Me da pena ver cómo muchos dibujos se vendieron por internet. Doné a la Biblioteca Nacional los dibujos de «Don Urbano» (es lo justo porque mantiene vivo su legado), los que fueron hechos en un cuaderno de matemáticas. Con ellos publiqué un libro, que es uno de los que se encuentran en la Casa Cultura”.

El objetivo del nuevo recinto tiene dos importantes ejes temáticos: el primero, dar un espacio expositivo a escritores y artistas vinculados al Cajón del Maipo. El segundo, mostrar su patrimonio intangible, como testimonios de viajeros, tradiciones orales y costumbres de la zona, historias que forman parte de la cultura nacional, como la fiebre de oro o los asentamientos indígenas de siglos pasados, entre otras, que son parte del archivo recopilado por J.P. Yáñez en la revista «Dedal de Oro». Aquí están desempolvados algunos secretos de la montaña, objetos y curiosidades que muestran una manera de ser en Chile entre 1920 y 1960. El baúl de Emar, libros raros y únicos, objetos de arte… y mucho más. El que no crea, que suba a ver (Callecita Dedal de Oro s/n, San José de Maipo).

Comentarios

  • "La vida es misteriosa, los dioses caprichosos y nosotros inconstantes", Santiago Posteguillo (1967), novelista español.
  • “Un hombre hace lo que puede. Una mujer hace lo que el hombre no puede”, Isabel Allende (1942).