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Enrique Campuzano «ENTRE EL ESCENARIO Y LA TELA»

20/05/18 — POR

Por Ignacio Szmulewicz R.

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En la Sala de Exposiciones de la Fundación Cultural de Providencia se exhibió medio centenar de pinturas de Enrique Campuzano. Se trata de un pintor extraño, por decir lo menos. Su imaginario visual corresponde a un colorido concierto de lugares comunes respecto de la actual relación del ser humano y las tecnologías. Cuerpos que deambulan consumidos por sus aparatos móviles mientras contemplan malas copias de Kline, Rothko o Still (pintores que en el terruño local sólo pueden ser vistos en museos decididamente políticos respecto de sus prácticas artísticas, como el MSSA).

El título de esta peculiar muestra no pudo haberse elegido con mayor precisión: «Entre el escenario y la tela». La temática inicial, algunos dirán “contemporá- nea”, rápidamente da pie a una cándida aproximación a la historia del arte y, con mayor dedicación, a la ópera. El cuerpo de referentes de la tradición, tradicionales siendo tradicionalmente representados, ingresan en una pantomima de colores intensos (un hijo de la desdicha, según Gonzalo Díaz). La paleta de Campuzano resulta más cercana a los filtros de Instagram que a las evanescencias de Tiépolo (el siglo de la Ópera).

En esta pasarela de arlequines, una pintura dedicada a un conjunto de paños en una suave gama de blancos, grises y amarillos resulta relajante, armoniosa e intensa a la vez. Cuando el pintor se ha alejado de sus códigos más decimonónicos ha encontrado una vertiente de purismo y lirismo que lo acerca más directamente a los pintores norteamericanos que cita en un comienzo. La mencionada pintura se recoge y retira del cuerpo general para manifestarse serena en su belleza carente de toda pretensión

En el límite entre el fotorrealismo, el arte naif y el pompier, Campuzano se inscribe en una tendencia de escasos adeptos en el mundo académico e intelectual nacional. Un claro amante y heredero de Claudio Bravo o Ricardo Maffei, menos virtuoso y lacónico que el primero, nuestro pintor deambula lejos de las capacidades de un Nicolás Radic, menos trending que José Pedro Godoy y menos atribulado que Guillermo Lorca.

Quizás por lo mismo, Enrique Campuzano proviene de un mundo absolutamente desleal a los avatares del arte contemporáneo. Su telón de fondo no es ni más ni menos que los extremos de la alta y baja cultura. Para ello, el espectador debe aproximarse a un primerísimo primer plano de los distantes decorados de la ópera en el Municipal y, a su vez, alejarse desenfocando y abstrayendo el consumo en apariencia superficial de los habitantes del tecnológico siglo XXI. Anclado entre el XVIII y el XIX, Campuzano sueña con columpiarse divinamente en un Fragonard mientras espía sin pudor, como un Degas.

Comentarios

  • "Para comer bien en Inglaterra es recomendable desayunar tres veces", Francois Rabelais (1494 - 1553), humanista francés.
  • “Me gusta que el flequillo me cubra los ojos: eso me ayuda a tapar las cosas que no quiero ver”, Raquel J. Palacio, escritora estadounidense.