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Étienne Moulinneuf (a partir de Jean-Siméon Chardin)

27/12/17 — POR

REGRESO DEL MERCADO (LA POURVOYEUSE) (Los Angeles County Museum of Art, hacia 1770)

Esta obra de Étienne Moulinneuf forma parte de «Monocromo», la más reciente exposición temporal de la National Gallery de Londres. En ella, cerca de cincuenta obras muestran cómo las pinturas realizadas con una reducida paleta de colores pueden expresar significados simbólicos o bien simular o suplantar otros medios con los que la pintura ha competido: la escultura, la fotografía o, como en este cuadro, el grabado.

Por Sandra Accatino.

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Étienne Moulinneuf a partir de Jean-Siméon Chardin, «Regreso del mercado» (La Pourvoyeuse), hacia 1770, óleo sobre tela, 46 × 37.9 cm. Los Angeles County Museum of Art, California ©MUSEUM ASSOCIATES/LACMA

 

HACIA 1740, CUANDO EL GRABADOR FRANCÉS FrançoisBernard Lépicié (1698-1755) realizó una serie de estampas al aguafuerte a partir de las obras del pintor Jean-Siméon Chardin (1699-1779), el grabado ya se había consolidado como un medio lucrativo y extendido de difusión y serialización de piezas de arte únicas. Los pequeños cuadros de escenas cotidianas y naturalezas muertas de Chardin, en particular, eran especialmente reconocibles: se caracterizaban tanto por la traducción fiel de la presencia y de la materialidad de los objetos y personajes representados, como por su estilo, que el escritor Denis Diderot alabó en esos mismos años, al señalar que la “magia de los colores… unida al dibujo, a la invención y a una extrema autenticidad… hacen de sus pinturas obras de gran valor”. Esta originalidad, anotaba Diderot, se había traspasado también a los grabados que Lépicié y otros habían hecho a partir de ellas.

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Bernard Lépicié a partir de Jean-Siméon Chardin, «Regreso del mercado» (La Pourvoyeuse), 1742, aguafuerte y grabado, 37.5 × 25.9 cm, Fitzwilliam Museum, University of Cambridge. ©FITZWILLIAM MUSEUM, CAMBRIDGE.

Al inscribir sobre una plancha de cobre la pintura de Chardin que representaba a una joven volviendo del mercado, Lépicié debió traducir tanto la composición de la obra, que la impresión en el papel invirtió, como la calidad pictórica que distinguía a sus trabajos en una trama lineal susceptible de ser impresa en decenas de ejemplares del grabado. También el pintor reprodujo, sin embargo, varias veces esta misma pintura. En 1769, treinta años después de las primeras dos versiones, Chardin expuso un nuevo cuadro con el mismo sujeto en el Salón de la Academia de París. Las personas asistentes pudieron entonces cotejar el grabado de Lépicié con la pintura, que fue nuevamente reseñada por Diderot.

Cuando el recuerdo de esta última aparición de «Regreso del mercado» estaba aún vivo, el pintor Étienne Moulinneuf (1706-1789) realizó el cuadro que nos ocupa. Sobre la tela, reprodujo no la pintura de Chardin, sino el grabado de Lépicié, con las marcas y manchas del papel y el nombre de la pintura impreso en él. Las nítidas redes de líneas que habían permitido a Lépicié traducir la calidad pictórica de la obra de Chardin y en las que residía todo su oficio, desaparecieron en esta nueva versión, reemplazadas por pinceladas rápidas y toscas. En cierta medida, también desapareció el tema de la pintura y la forma en que las figuras habían sido dispuestas por Chardin, porque no reparamos en ellos. Sólo tenemos ojos para el falso vidrio roto, con las sutiles sombras y el brillo de los inestables fragmentos. Medio siglo antes que la fotografía obligara a la pintura y al grabado a repensar los recursos de que ambos disponían para reproducir el parecido de la naturaleza y del arte, los juegos imitativos y la pericia de Moulinneuf transformaron el talento del pintor y del grabador en una suerte de vanitas, algo tan frágil como los trozos de vidrio que él pintó a punto de desprenderse.

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Jean-Siméon Chardin, «Regreso del mercado» (La Pourvoyeuse), 1739, óleo sobre tela, 47×38 cm, Musée du Louvre, Paris. ©RMN-GRAND PALAIS (MUSÉE DU LOUVRE) / RENÉ-GABRIEL OJÉDA.

Comentarios

  • "Si me dan lo que quiero soy mansito como un cordero", refrán popular.
  • "La perfección mata, la sabiduría comete un error cada día", Anónimo.