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Gerardo Pulido «PICTOGRAMAS»

20/12/17 — POR

Museo de Artes Visuales, MAVI (José Victorino Lastarria 307. Teléfono: 22664-9337). Hasta el 14 de enero de 2018

Por Ignacio Szmulewicz R.

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FOTO: TOMÁS RODRÍGUEZ

 

Gerardo Pulido es un artista de la pintura, la composición y el color. Antes que conceptual en su aproximación a los materiales (el enorme universo del desecho urbano) accede a la visualidad desde un plano exclusivamente formal. Su mirada penetra el mundo de los objetos de la sociedad contemporánea como quien palpa superficies, texturas y volúmenes, imaginando una suerte de mundo para el placer de la vista.

Para la escena artística actual, «Pictogramas», la muestra de Pulido en el MAVI, resulta insólita y atemporal. La actual generación de artistas jóvenes ha tomado al pie de la letra la división entre formalismo y arte conceptual (entre un Rothko y un Kosuth o Beuys) sin recurrir a una revisión más templada. Por un lado, se defienden las infinitas variedades y propiedades de la visualidad (Amalia Valdés, Matilde Benmayor o Macarena Ruiz-Tagle) y, por otro, la contundencia del discurso político (Camila Ramírez, Rafael Guendelman o Sagrada Mercancía). Lo cierto es que todas las polarizaciones son siempre odiosas. La obra de Gerardo Pulido debe situarse en un horizonte de preocupaciones formales que sólo puede reaccionar, a la manera de un solipsismo, al descrédito de la imagen por sobre el acometido de la palabra.

En este sentido, el cuerpo de obras que se encuentra en las dos plantas superiores del edificio de la Plaza Mulato Gil viene a instalarse como una fiesta de color, un vodevil de expresividad, es decir, un elogio de la visualidad. Los conjuntos exudan colorido y gestualidad, los materiales se ordenan con una alegría de arlequín que se entrega sin pudor a la contemplación estética. Sin embargo, la contemplación nunca es desinteresada. Lo que vemos en ese suelo de fina madera es también la manera más astuta de limpiar los malolientes olores de la cultura del desecho. A la postre de un Leppe, un Rauschenberg o un Kiefer, Pulido se entrelaza con la última obra de un Stella (recordar la monumental muestra en el MNBA de hace ya una década). La prensa plana del tejano da paso a la industrialización de los materiales, ahora dispuestos como espejos del mundo cotidiano.

En definitiva, antes que visualidad pura, «Pictogramas», con todos los soportes que convoca (volúmenes, fotografías, pintura in situ, mobiliario, maquetas de monumentos), funciona como activador de uno de los debates más interesantes del momento. El arte debe vivir a la saga de la naturaleza (difícil es no considerar la invitación de la muestra), amante del artificio, sin saber si posarse sobre el mundo como objeto de consumo masivo (decoración y diseño), o bien refugiarse en un gesto etéreo de belleza sublime (la intervención land art).

Por lo mismo, Pulido debe emparentarse con las reflexiones que generan las obras de Raimundo Edwards, Enrique Ramírez o Gianfranco Foschino, ninguno de los tres oculta el alto valor que le otorga al arte como artificio. El debate que se desprende de estas ideas considera que de todo placer culpable con los brillos de la visualidad emerge una política de la contemplación hacia la humanidad: dónde se instala y qué es lo que deja tras su paso.

Comentarios

  • "Y así va el mundo. Hay veces en que deseo sinceramente que Noé y su comitiva hubiesen perdido el barco". Mark Twain (1835 - 1910)
  • “Conquistar sin riesgo, es triunfar sin gloria”, Pierre Corneille (1606-1684), dramaturgo francés.