GISELLE DANZARÁ CON EL BANCH

25/04/18 — POR

Mathieu Guilhaumon, Director Artístico de la compañía chilena, estrena su versión el 21 de abril. Su idea no es romper con lo clásico, sino que inspirarse en él para llegar a una abstracción simbólica. Para lograrlo, trabaja con la actriz Millaray Lobos.

Por Marietta Santi.

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Foto: Patricio Melo

«Giselle», y su locura en puntas de pies, es la representación más emblemática del ballet romántico. Desde que fue estrenado en 1841, ha trascendido el paso del tiempo y resistido diversas versiones. Es por eso que el francés Mathieu Guilhaumon, coreógrafo y ex bailarín, Director Artístico del Ballet Nacional Chileno, BANCH, se decidió a crear, junto a la actriz Millaray Lobos, una «Giselle» propia, título con que abrirá la temporada el 21 de abril.

“Me gusta ver cómo un clásico sigue viviendo hoy, lo que me hizo pensar que en Chile no se revisitan obras clásicas. Además, el BANCH es una compa- ñía de danza contemporánea de larga trayectoria, y creo que es el lugar para hacerlo. Es un repertorio que siempre ha sido hecho por el Ballet de Santiago en la forma tradicional, es muy interesante tener este contrapunto”, señala. En Francia, Ghilhaumon hizo una versión para «Sueño de una Noche de Verano», de William Shakespeare, y para «Peer Gynt», de Henrik Ibsen, además de bailar otras relecturas. Atraídos por su simbolismo, artistas de todo el mundo han versionado la coreografía de Jean Corelli y Jules Perrot para «Giselle», e intervenido la música, compuesta por Adolphe Charles Adam. La primera intervención profunda fue hecha por Marius Petipa en 1880, para la presentación en la Corte del Zar, en San Petersburgo.

En el siglo XX hubo dos versiones significativamente diferentes al original: la del sueco Mats Ek para el Cullberg Ballet, en 1982, y la de Akram Khan para el English National Ballet, en 2016. Ek respeta el argumento original, pero en el segundo acto instala a la protagonista en un asilo psiquiátrico, donde las Willis (hadas del bosque) son mujeres locas. En esta versión, Giselle no muere y no hay zapatillas de puntas.

La mirada de Khan traslada la trama a una fábrica, para concentrarse en las desigualdades sociales. Así, la música toma trozos de la original y la mezcla con sonidos industriales, aires orientales y algo de metal. Pese a esa actualización, el coreógrafo utiliza las zapatillas de puntas en escenas clave. Para su versión, Guilhaumon centró la exploración en el plano simbólico-universal de la obra. El trabajo de dramaturgia y puesta en escena lo realiza en colaboración con Millaray Lobos (actriz de larga residencia en Francia), destacada en 2017 por la obra «Locutorio», su colaboradora en «La Tempestad» (BANCH, 2016) y «Noces» (BANCH y Ballet de Santiago 2017). El coreógrafo comenta: “Para mí siempre había un problema con el ballet clásico, que era entender qué sucede. Pensaba ¿si yo no conociera la historia, podría realmente comprender todo lo que está pasando? Porque hay muchos elementos, mucho detalle, especialmente cuando vemos «Giselle». Con la pantomima de la época se dicen muchas cosas, y yo veía que estaban tratando de decir algo y que no lo entendía totalmente”.

Millaray Lobos acota: “Hay una especie de trampa en el ballet, y particularmente en este, que consiste en esa pantomima que explica cosas. Uno cree que está pasando algo, pero más que una situación, la pantomima es un ‘texto’. Para mí fue importante salir de la idea de ese texto o comentarlo de alguna manera, pegarse un salto del realismo que tiene escondido el ballet clásico, para buscar otra forma de escritura. Sin reemplazar una pantomima por otra, en la reescritura había que detectar qué es lo que está en juego en cada situación”.

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Foto: Patricio Melo

 

SIMBOLISMO UNIVERSAL

a actriz releva que Mathieu valore el potencial de relectura de lo que está ya presente en lo que hemos heredado, más que el centrarse en la idea de la ruptura porque sí. Cree que ese es un punto de encuentro entre ellos. “En el caso de «Giselle», ha sido muy bonito el proceso. Si bien es un ícono del ballet, hay muchas escenas donde no se baila y sólo se explican cosas a través de la pantomima. Me preguntaba entonces cómo traducir la situación si no está pasando nada. Así hemos llegado a condensaciones de sentido más simbólicas, que estamos retraduciendo a situaciones dramáticas”.

A nivel de la narración, los personajes principales estarán de todas maneras. “Poseo en mi vocabulario como coreógrafo una base clásica muy fuerte y creo que es por tener mucha admiración por el ballet. Además, reconozco la belleza de lo clásico y parto de ahí, no se trata de rechazar o decir ‘vamos a hacer totalmente otra cosa’, porque esos códigos no funcionan”, subraya Guilhaumon.

Y Millaray complementa: “Tuvimos que pasar por un proceso de depuración más abstracta para mantener ese espíritu clásico. Porque si uno hace una actualización y mantiene la anécdota tal cual es, queda completamente a contra época. Si actualizo, también tendría que actualizar algunos de los contenidos valóricos. Y entonces ya no estaríamos haciendo «Giselle»”.

Como el interés de la dupla es salvaguardar la particularidad de la obra de origen, su belleza y armonía, su aspiración es la universalidad, que no localiza la pieza ni en otra época ni en otro lugar concreto, sino que se juega en un plano simbólico. Además, se mantiene la estructura del ballet y, por supuesto, el acto blanco.

–¿Cuáles serían los ejes que están trabajando en ese sentido?

Millaray: “Aquí no hay ningún drama si no existe una intromisión de un exterior social en una vivencia íntima, o sea, sin un Hilarión que denuncie el engaño de Albrecht. Otro eje que me parece alucinante de «Giselle» es su autorreferencialidad: en esta obra de danza, la prueba de amor, de vida y de muerte sería el baile mismo. En la segunda parte, Myrtha impone bailar a Hilarión hasta la muerte. A su vez, la máxima prueba de amor de Giselle es bailar, y si baila mucho, muere. Otro eje importante es que Giselle es uno de los grandes ideales románticos. Que se dé muerte a ese ideal en escena y que una segunda parte ‘vengue’ esa muerte, dice algo del necesario paso por un duelo. Es un eje muy interesante. Las opciones de espacio escénico trabajadas con Andrés Poirot van en ese sentido. El proceso de escritura ha consistido así en considerar esos ejes, contando a la vez lo esencial de la historia y transformando el ruido de la pantomima del orginal en un potencial que refuerce los ejes temáticos que nos retuvieron”.

En términos de lenguaje dancístico, Guilhaumon comenta: “Mi trabajo está muy basado en lo clásico, por eso la decisión de elegir a «Giselle» es una potente fuente de inspiración. Viendo las variaciones de Giselle o Myrtha, se me vienen ideas a partir de un lenguaje. El movimiento clásico siempre ha sido un estímulo muy fuerte: ponerlo fuera del eje, bajarlo un poco más al piso. Lo tomo como algo que me va inspirando. No usaré puntas, pero esas son cosas que pueden ir cambiando en el camino”.

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Foto: Patricio Melo

La música original de Adolphe Adam estará presente, pero hay cortes en función de la dramaturgia. François López-Ferrer, director asociado de la Orquesta Sinfónica, dirigirá y realizará algunos juegos. Mathieu cuenta que hay muchos silencios, pausas y respiraciones en la partitura, porque “la tensión se mantiene con lo que sucede en el escenario, no sólo con la música”. Al respecto, Millaray señala: “Algo que empieza a ser una especie de firma de nuestra manera de trabajar es que los momentos que musicalmente subrayan un gran evento los dejamos sin danza e, inversamente, donde son más discretos, el dramatismo de la situación se expone. Jugamos en el contrapunto”.

–El vestuario es muy importante, ¿cómo lo han resuelto?

Millaray: “Trabajamos una gama cromática de vestigios, media terrosa. Hay una leve distinción entre nobles y campesinos, geometrías que permiten distinguir en un detallle, un corte, nada muy evidente. Se utilizó algodón, tul usado de otra manera, cosas muy simples. No queríamos cargarlos de significado en exceso, sólo dar signos esenciales: que hay dos grupos distintos de pertenencia, los personajes principales emergen de esos mismos grupos y se diferencian en detalles”.

– ¿Cómo han abordado el tema de la escenografía, o el escenario estará despojado?

Mathieu: “Hay escenografía, a cargo de Andrés Poirot. Es muy sencilla, primero porque en el Teatro Baquedano hay restricciones para ocupar el espacio, y porque tenía que adecuarse a la idea de depuración. Es una instalación que nos permite jugar con el eje de que el drama no ocurre si no hay una mirada exterior sobre una realidad interior, y con algún signo de lo que en el imaginario uno sabe del ballet clásico, el acto blanco y la dualidad de Giselle-Myrtha, que sugerimos es un mismo ser. El espacio nos permite jugar con esas metáforas”.

Comentarios

  • "El cine tiene que producir sosiego", Azorín (1873- 1967), escritor español.
  • "¿Somos humanos porque miramos las estrellas, o miramos las estrellas porque somos humanos?", Neil Gaiman (1960), autor inglés de historietas.