Intelectuales sorprendidos in fraganti

14/07/17 — POR
La academia humanista, literaria y filosófica experimentó un estremecimiento inesperado. No ha vuelto a ser la misma y sus estrellas de los noventa ya no brillan en las pasarelas académicas como en el pasado. Por Edison Otero.

La impostura en el plano intelectual es de ocurrencia continua. Desde que Platón concluyó que el eventual entusiasmo por la filosofía de Dionisio I, gobernante de Sicilia, era una simulación más que una preocupación genuina, todas las épocas exhiben ejemplos de sobra. Si bien se trata de un fenómeno de límites con frecuencia borrosos, que inducen a equívocos en las caracterizaciones, es más fácil identificar a los impostores del pasado que a los del presente.

Con todo, pensando principalmente en los escenarios contemporáneos y, en particular, en los ambientes académicos –generalmente en las instituciones universitarias– se puede sostener que, en términos generales, la impostura intelectual es más frecuente en las humanidades y las ciencias sociales que en disciplinas como la física, la biología o las matemáticas. La razón es entendible: mientras que resulta extremadamente difícil simular ser un experto, por ejemplo, en el álgebra de la mecánica cuántica, es menos complicado pasar por experto en pedagogía constructivista, creatividad, fenomenología. Ciertamente, la naturaleza del objeto de estudio difiere radicalmente; mientras en un caso los asuntos dicen relación con fenómenos, observaciones, mediciones, experimentos de laboratorio y sofisticadas tecnologías, en el otro caso se trata de subjetividad, textos, relatos, lecturas, interpretaciones, semiologías o sentidos.

De seguro, hay momentos de la historia intelectual en que las fronteras se vuelven sumamente porosas y los territorios pueden ser invadidos en una dirección u otra, siendo muy difícil identificar las entidades invasoras. Es lo que sintieron intensamente en los años noventa del siglo recién pasado el físico estadounidense Alan Sokal (1955) y el físico teórico belga Jean Bricmont (1952), y eso los llevó a escribir «Imposturas Intelectuales» que, por estos días, cumple veinte desde su aparición. Sólo que ese libro fue una suerte de cierre. El inicio de esta historia ocurre un par de años antes. Observador atento de los paisajes académicos e intelectuales, Alan Sokal estaba sorprendido del éxito y la divulgación de ciertos autores y ciertos temas. Sin constituir un cuerpo doctrinario consistente, ese conjunto mezclaba, entre otras, ideas marxistas, constructivistas, multi-culturalistas, feministas, posmodernistas, semióticas, post-estructuralistas, en diversas porciones e intensidades. Nada particularmente escandaloso ni extraño, por cierto. Nada que pudiera importarle más allá de lo anecdótico.

Salvo por un detalle. Casi toda esta literatura hacía explícitas referencias a conceptos y teorías de las ciencias físicas y matemáticas, a la vez que desplegaba claras posturas anti ciencia. A Sokal le resultó patente que esos autores estaban haciendo uso abusivo e inexperto de tales conceptos y teorías. Aparentaban manejarse con propiedad en diversas materias científicas, pero eso no podía impresionar sino a un público no conocedor, incapaz de distinguir lo serio de lo meramente retórico. Sokal pensó que así como él y muchísimos de sus colegas científicos no osaban escribir sobre temas que no eran de su competencia, los autores referidos hacían gala de una autoridad intelectual que no tenían. Concluyó, entonces, que era tiempo de denunciar este estado de cosas, esta impunidad que proporcionaba jugosos dividendos a la industria editorial y una inmerecida fama a sus artífices.

A Sokal se le ocurrió armar una trampa, un caza bobos. Escribió un ridículo y sesudo artículo, lleno de citas de autores como Derrida, Lacan, Kristeva, Baudrillard, Deleuze, etc. Mezcló estas referencias con disquisiciones arbitrarias de supuesta teoría cuántica y lo tituló «Transgrediendo las Fronteras; hacia una Hermenéutica Transformacional de la Gravitación Cuántica». A continuación lo postuló para ser publicado en la revista «Social Text», la más afamada entre los estudios culturales y yerbas afines.

Para su total sorpresa, el artículo fue aceptado y publicado en 1996. Poco después, Sokal reveló que se trataba de una tomada de pelo, de una parodia. Estalló la escandalera. Los indignados por el engaño rasgaron vestiduras. Para lo que no hubo argumento fue para explicar cómo el comité editorial de la más seria de las revistas en el área pudo ser sorprendido. Una hipótesis es que saltaron en una pata por conseguir, al fin, que un científico escribiera en sus páginas. Lo que sea, hicieron el más completo ridículo.

Después, legiones de derridianos, lacanianos, kristevianos, baudrillarianos, deleusianos y otros seguidores, arremetieron contra el hereje, el imprudente que se había tomado la libertad de atacar a sus superstars. Cartas, artículos, pronunciamientos, declaraciones públicas, inundaron las revistas y los periódicos. En el segundo acto, Sokal, acompañado de Jean Bricmont, publica «Imposturas Intelectuales» (1997), en que se colecciona y comenta un conjunto de citas que demuestran el abuso del lenguaje de los autores denunciados, su incompetencia en materia científica, su verborrea incontenible, sus ademanes de gurúes, sus derrames de neologismos, su desprecio por la lógica y la evidencia, su charlatanería.

Resumamos: la academia humanista, literaria y filosófica experimentó un estremecimiento inesperado. No ha vuelto a ser la misma y sus estrellas de los noventa ya no brillan en las pasarelas académicas como en el pasado. En un fino gesto de entereza, Sokal mantiene hasta hoy una página web en la que se reproduce la mayor parte de los ataques y defensas que su parodia generó: http://www.physics.nyu.edu/faculty/sokal.html.

Es un testimonio del mayor valor, una verdadera lección intelectual.

Comentarios

  • "Cómo quieres que te olvide si cuando comienzo a olvidarte me olvido de olvidarte y comienzo a recordarte", Woody Allen (1935).
  • "¿Somos humanos porque miramos las estrellas, o miramos las estrellas porque somos humanos?", Neil Gaiman (1960), autor inglés de historietas.