JORGE QUINTEROS MIRA EN LA CORDILLERA

03/04/18 — POR

Fue el primer chileno en cruzar Campos de Hielo Sur. Reconocido como uno de los exploradores con mayores travesías en Chile; y un maestro de montaña para varias generaciones de alumnos de la Universidad de Chile. En diciembre, y luego de 50 años, dejó su cargo de nivomensor en la Dirección General de Aguas, convirtiéndose en el funcionario público más longevo de Chile. Y próximamente lanzará un texto con parte de sus estudios y experiencias.

Por Heidi Schmidlin M.

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“Cuando la danza forma parte de tu vida, ningún paso es falso”. Esta enseñanza marca a fuego a Jorge Quinteros Mira  bailarín de la Universidad de Chile en los años 50. Se hace profesional, llega a integrar el cuerpo de baile de «La Pérgola de las Flores», pero nada de eso alcanza a señalar su destino. De hecho, lo lanza del lado contrario. Por un azar “ordenado”, termina en la Dirección de Riego del Ministerio de Obras Públicas (MOP), reclutado en Hidrología y con la tarea de armar una patrulla que mida la nieve cumbrera en invierno. Forzado a dejar las zapatillas por los grampones, crea con César Vázquez y Roberto Serey la primera Unidad de Nivomensores  el país, hasta que los dos últimos fallecen al estrellar su helicóptero contra el Cerro Mesón Alto en 1972.

Quinteros, por su parte, permaneció durante 50 años en la Unidad (hoy conocida como la Dirección General de Aguas, DGA), de donde se retiró en diciembre pasado como el funcionario público más longevo. Y reconocido como uno de los exploradores con mayores travesías en Chile; un león de cordillera con sitial propio en la manada de andinistas y maestro de montaña para varias generaciones de alumnos de la Casa de Bello. Su salida cierra medio siglo de abrir huellas explorando, midiendo y registrando las génesis hídricas del territorio nacional. El gaje de su oficio fue desarrollar un profundo contacto con las alturas. Conocer la naturaleza y entender la funcionalidad del silencio en la cordillera. Esta familiaridad con el código baqueano abre en Quinteros una profunda y meditada certeza: “La montaña ilumina. La meta del caminante de las alturas es tocar el cielo. Y los ascensos ofrecen algo que no termina. Nunca van a ser todas las escaladas”.

 

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Patagonia 1955. Charles Marriott, H.W. Tilman y Jorge Quinteros

 

Su medio siglo de explorador marca también un hito técnico en el montañismo nacional y en los estudios internacionales sobre hielos, ríos y aguas. Algunos formarán parte de las 250 páginas de una historia que aún no termina de escribir, pero que será lanzada próximamente. La nueva huella que mapea abre esta vez un camino hacia los paisajes internos y a la capacidad humana de desarrollar estados extraordinarios para percibir lo que algunos montañistas conocen como el estado meditativo de Shunia, el estado “cero”. Un silencio interior donde el ruido de palabras se desvanece y la intuición se agudiza.

HITO PARA EL ANDINISMO Y PARA CHILE

Entre las travesías notables de la bitácora de Quinteros, destaca la de Campos de Hielo Sur,  “ese mundo esterilizado de 1.000 a 2.000 metros de hielo, en la Patagonia, donde no termina de nevar”. Es el primer chileno que se aventura (en 1955) en esa Terra Ignota, junto a su amigo Harold Tilman, el célebre escalador y navegante inglés. A bordo del mítico «Mischief America» viajan cuatro meses sondeando el virginal territorio de los Andes patagónicos, y caminan cuarenta días sobre sus hielos continentales hasta cruzarlo con vida, “asonada” mediante (tormenta cerrada de hielo), sin saber lo que podrían esconder las cuevas celestes de decenas de glaciares, hoy en vías de extinción.

De este viaje, Quinteros obtuvo no sólo experiencia, sino también las fotografías más antiguas existentes del glaciar HPS31 (Hielo Patagónico Sur 31). Referenciales para glaciólogos y científicos que estudian el impacto del Cambio Climático Global (CCG). Un ejemplo de ello es el equipo de científicos europeo dirigido por Joris Thijssen, el ingeniero aeroespacial holandés que llega a Chile en febrero de 2004, embarcado desde Ámsterdam en el rompehielos «Artic Sunrise» de Greenpeace. Quieren corroborar en terreno las variaciones de este sector de la criósfera (ecosistema de hielos) y, a sugerencia del glaciólogo Gino Casassa, contactan a Quinteros, para comparar los hielos hoy con la fotografía de 1955, registro fidedigno de la retracción de glaciares y punto de partida en los estudios sobre reserva de agua y equilibrio climático del mundo (https://tinyurl.com/zy6omcz).

Su huella también deja hitos en los relatos cordilleranos, como los narrados por el documentalista Adrian Lillo en «Jorge Quinteros Montañista»  (https://tinyurl.com/ybcje6be). O el que le dedica Mauricio Purto, su compañero de ruta, en los cuadernos de viaje: “Estamos de expedición con Jorge Quinteros, 80 años, eximio montañista que nos acompañase en el Everest, responsable en esa expedición de manejar el campamento base, de mantener durante algunas semanas la vía de la Cascada del Khumbu expedita entre los 5.300 y los 6.100 metros de altitud. Impresiona. A su edad son pocos los que llegan a los 7.200 metros y pernoctan dos noches bajo el aire enrarecido de esos lares. Son pocos también los que a su edad suben el Manquehue en poco más de media hora. Sus bodas de oro con el andinismo fue la fiesta que celebramos en el Everest. No comprobamos nada nuevo. En la montaña más alta del mundo hizo lo suyo y lo hizo bien”. De ahí surge la pregunta: ¿Cuál es la receta de este joven longevo? No es fácil resumirla, pero Quinteros Mira las recuenta en una máxima: “Concentrar la energía en el goce espiritual, y yo, la extraigo de la naturaleza”.

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«Artic Sunrise» de expedición con Quinteros. El mismo que abordó, este 19 de enero, el actor Javier Bardem con su hermano para filmar el documental de Antártica, «Santuario».

 

“SALVARSE DE LA MUERTE AGUDIZA LA MENTE

Jorge Quinteros logró salvarse de varios encontrones con “La Parca”: cuando cayó al abismo a un costado del Glaciar Marmolejo, o en largos días emboscado por las “asonadas” en los hielos sur. “En esos momentos empecé a entender cada vez mejor el lenguaje que la naturaleza articula. Es esa percepción de la gran capacidad que tenemos para dominar la mente. A tal extremo, que puede llegar a adquirir poderes inimaginables si descubres cómo todas las cosas tienen energía y que la estructura humana tiene un centro que puede captarla. Al estar en conexión ciento por ciento con ella, comprendes que todo(a)s tenemos esa condición, sólo que alguno(a)s la tienen en desarrollo, y otros la han atrofiado. Hoy creo en muchas cosas de las que antes desconfiaba. Al estar en la montaña, entregado al silencio puro que no es interrumpido por nada, alcanzas un estado de meditación trascendental. Intuyes a tu compañero, te das cuenta de la inteligencia de los insectos, puedes leer el pensamiento de otros. Si mantienes ese estado de silencio interno en conexión con lo de afuera, los centros que captan la energía de la naturaleza se van desarrollando, purificando. Esta capacidad hace que ascender montañas sea trascender. Werner Herzog, curtido alpinista, lo dice también en «Conquista de lo inútil», el diario de rodaje de su película «Fitzcarraldo»: ‘Cuando haces las cosas porque sí, es cuando las haces a conciencia, y esa conciencia se expande’. La ganancia mayor de hacer el esfuerzo, es llegar a tener la fe para Ser tú mismo”.

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Expedición con un equipo de la Universidad de Chile

La consecuente observación de Jorge Quinteros, que finalmente aprendió a danzar con el espíritu de la cordillera, constituye una innegable evidencia de las facultades humanas que aún quedan por explorar. Están al otro lado del abismo, pero el que busca estar conectado con la naturaleza lo puede cruzar.

Comentarios

  • "El mejor regalo que Dios ha dado en su abundancia fue la autonomía de la voluntad", Dante Alighieri (1265- 1321).
  • “Si le hubiera preguntado a la gente qué quería, me habría dicho que un caballo más rápido”, Henry Ford (1863 - 1947).