LA LEYENDA DEL TRAUKO

25/04/18 — POR

Fue la revista que mantuvo viva la llama del cómic chileno hacia fines de los 80. También un semillero de dibujantes y guionistas que desafió a la censura. A treinta años de su debut, uno de sus creadores recuerda esta “aventura vital” en viñetas.

Por Rafel Valle M.

92_comic_1

La portada del debut, en abril de 1988, realizada por Miguel Hiza

 

Antes de hacerse conocido como el cantante del grupo Parkinson (ese que en los 90 sonó y sonó con el hit «El Vino»), el pintor y dibujante Miguel Hiza dejó su primera huella en la cultura pop chilena. Fue en abril de 1988 y como autor de la portada del primer número de «Trauko», la revista que venía a vigorizar un movimiento de cómic chileno que estaba creciendo desde hace algunos años, al amparo de los colectivos artísticos y de la cultura under capitalina de la época.

“«Trauko» nace como una aventura vital y cultural de una argentina y dos españoles, que huían del desencanto político producido por la subida al poder del Partido Socialista con Felipe González al frente y su reconversión industrial, haciéndole el trabajo a la derecha, cerrando grandes industrias, como astilleros, altos hornos o minas”, cuenta Antonio Arroyo (63), parte de esa tríada fundamental, el equipo editor. “Mi amigo (y compatriota) Pedro Bueno y su pareja, (la trasandina) Inés Bagú, habían conocido a Emilio Ruz y a Hilda Carrera Gamonal, hija de Rafael Carrera, dueño de la imprenta España en Santiago de Chile. Como habían viajado mucho, querían establecerse y pensaron en montar una revista de có- mics, ya que Pedro dijo que tenía un amigo que sabía de eso y que podría ir”.

La aventura tendría más de un contratiempo. Uno de los primeros llegó con la tapa de ese histórico primer número, con dos extraños personajes en primer plano y unos edificios incendiándose en el fondo. “Cuando estaba en la imprenta, las llamas de detrás de la composición principal iban a salir igual que el ocre del fondo y no iban a destacar, entonces Hilda se pasó por la imprenta a vigilar la tirada y se dió cuenta del fallo, se desmontó la plancha del rodillo y tuvieron que pintar a mano las llamas con un amarillo que destacara en la portada”.

«Trauko» reforzaba la presencia en kioscos de una nueva historieta chilena, más atrevida, con contenidos más adultos y que miraba al cómic europeo como inspiración. Era el renacer de un arte que en el medio local había vivido su esplendor en lo 60 y 70, de la mano de la editorial Zig-Zag/Quimantú, y que casi había desaparecido entre las contingencias políticas y econó- micas post 1973, y de la TV como entretención masiva. La publicación se sumaba a los esfuerzos que ya venían desplegando revistas y fanzines como «Matucana», «Beso Negro», «Enola Gay» y «Ácido».

“La imaginación y la contingencia eran nuestra consigna; también el descaro en decir las cosas y dignificar el cómic como arte adulto. Además de ayudar un poquito a la caída del dictador. Así salió el primer número en abril y el plebiscito estaba preparado para octubre (de 1988)”, recuerda el español. “Para preparar el terreno, imprimimos unos volantes donde sólo decía ‘Viene el Trauko’. Los fuimos a tirar a la salida de un concierto de Los Jaivas por la noche, la gente los agarraba y no entendía nada, pero nosotros estábamos preparando la salida de la revista”.

–¿Quién sugirió el nombre?

“También fué Hilda Carrera. En las conversaciones primeras, cuando nos enseñó los fanzines, propuso varios nombres que había sacado de preguntar a su entorno, como su hermana Rocío, estudiante de arquitectura por entonces. De los demás nombres no me acuerdo, pero de Trauko me gustaba la sonoridad y luego, al saber el significado mágico y mitológico del personaje, pues nos quedamos con él”.

92_comic_2

Checho López, uno de los personajes estables de la revista.

 

MOLESTIA UNIFORMADA

Hacia fines de los 80, Chile estaba agitado social y políticamente, y se mostraban ciertos signos de apertura por parte del régimen de Augusto Pinochet. Para los creadores de «Trauko» había cierto paralelo con la España post franquista: “El cambio más sustancial (allá) se produjo en torno a la cultura, con música, cine, diarios y nuevas revistas de cómics para adultos y de humor político, de las que me hice un entendido a fuerza de comprar y de leer con espíritu crítico”, dice Arroyo. Hubo fe en el proyecto, y también un público receptivo. «Trauko» partió con tres mil ejemplares y en su peak de popularidad llegaría a los cinco mil. En su interior convivían artistas locales y extranjeros, como Moebius, Hugo Pratt, Milo Manara y Magnus, y aunque mandaba el blanco y negro, además había ocasionales páginas en color. También había entrevistas y reseñas de cine y música. “En seguida vi buenos dibujantes con buenas historias, que no tenían un soporte continuado en el tiempo donde poder publicar y nosotros se lo podíamos proporcionar”, cuenta el ex editor. Así, «Trauko» se convirtió en una vitrina para dibujantes y guionistas nacionales que daban sus primeros pasos, como Karto, Vicho, Marcela Trujillo (Maliki), Felva, Yo-Yo, Lautaro y Martín Ramírez, entre muchos otros. De aquellos talentos saldrían incluso personajes estables, como la modelo-aventurera Kiki Bananas, el chileno-medio Checho López y la policía post apocalíptica Blondi.

El espíritu transgresor de «Trauko» se hizo sentir al menos un par de veces. Una de ellas fue con la historieta de una pequeña vendedora ambulante a la que un “paco” le ofrecía dinero por sexo y que motivó un reclamo por parte de Carabineros de Chile. La otra llegaría en la previa del término de la dictadura.

“Los peores momentos se vivieron en diciembre del 89, después de que saliera a la calle el número 19, con la historieta de Navidad de ‘Huevo’ Díaz y Marcela Tujillo, de los personajes Afrod y Ziaco (un par de gatos callejeros), donde se veía a la Virgen María dando a luz a un niño Jesús barbón. Ya estaban detrás de nosotros y el régimen estaba dando sus últimos coletazos”, recuerda Antonio Arroyo: “(El almirante) Merino encargó no sé cuántas misas a sus sacerdotes navales, de desagravio a la Virgen; a la vez, Pedro Bueno sacó una serie de postales por la democracia y en una de ellas Karto dibujó a (sus personajes) los Mokos Lokos saliendo de la nariz de un milico que podría ser don Augusto. El caso es que estuvimos una semana entera en los diarios y hasta en la tele, como sacrílegos y saboteadores del orden patrio y de la moral nacional”.

92_comic_3

El arte del desaparecido Clamton, mítico dibujante chileno de la revista.

–¿Hubo otras consecuencias?

“Las consecuencias de aquel acoso fue que notamos movimientos sospechosos delante de la casa y, en previsión de algún ataque de elementos incontrolados, salimos arrancando. Tenía a mi hija Nantu de nueve meses, y como donde yo vivía (el patio trasero de la casa de los padres de un amigo) no reunía las condiciones, se fue con Magarita, la empleada. La veía siempre, pero al cuarto día ya no aguanté más y me la llevé a casa. El revuelo se había calmado un poco, pero sufrimos la presión y llegamos a sentir miedo de que por la calle nos reconociera algún elemento hostil”.

Con «Trauko», finalmente, ocurrió lo mismo que con buena parte de los diarios y revistas políticas opositoras al gobierno de Augusto Pinochet: desapareció con la irrupción de la era concertacionista, tras 38 números publicados, en 1991. Como recuerdo quedan esos números que se pueden encontrar entre libros viejos y en ferias persas, y el documental «El tótem de los desavenidos», con otros testimonios e historias sobre cómo se hizo «Trauko». Verdadera viñeta de una época.

Comentarios

  • “Ha sido un gesto de amor, un acto provocado por el poder del arte. Seguro que el artista lo comprenderá”, joven camboyana al besar una obra de Cy Twombly en 2007
  • "Ríe y el mundo reirá contigo, ronca y dormirás solo", Anthony Burgess (1917 - 1993), escritor y compositor inglés.