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LA MEMORIA MAGALLÁNICA DE PAOLA VEZZANI

13/06/18 — POR

La artista chilena, nacida en Punta Arenas, presenta en la Galería Patricia Ready «Estrecho de Magallanes», una exposición compuesta por esculturas que hablan, a través de sus formas, texturas y materialidad, de la historia trágica del extremo sur de Chile, territorio indomable del que, por siglos, españoles y chilenos intentaron apropiarse; hogar de onas, yaganes, kawésqar, hauch y tehuelches en cuyos paisajes deslumbrantes se esconden relatos fantásticos y dolorosos.

Evelyn Erlij

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«Isla Canelo», de la serie Flota Subantártica. Acero. 72 x 160 x 28cm. 2018.

Cerca del Fuerte Bulnes, en la región de Magallanes, un anuncio sorprende a los viajeros: “Hito que indica que desde este punto geográfico hasta el límite con el Perú por el norte y el Polo Sur por el extremo austral, dista la misma cantidad de kilómetros”. Se dice que Chile es muy largo, pero es probable que nadie tome tanta conciencia de eso como en el momento en que tiene ese cartel en frente: cuando uno cree estar en los confines del mundo, apenas está en la mitad del país. Es una imagen extraña, sobre todo porque Magallanes, en el imaginario chileno, es una tierra muy lejana a ojos de los que viven al norte de ella. Por algo suele asociarse a historias que rozan lo fantástico o lo terrorífico, desde las andanzas de Francis Drake o las vueltas al mundo de navegantes como Hernando de Magallanes, hasta la dramática colonización de la zona.

En los relatos históricos, la región es famosa por haber sido escenario de tragedias. Lo inhóspito del paisaje, el aislamiento y lo brutal del clima dificultaron el poblamiento, y en la memoria local priman narraciones que hablan de desamparo y muerte, como la historia de Puerto del Hambre, primer intento de colonización española que resultó con cientos de víctimas. Por lo mismo, haber crecido en un rincón que guarda un pasado tan duro y donde existen paisajes tan únicos, inevitablemente deja huellas, en especial si se tiene la sensibilidad de un artista.

De ahí que su imaginaria se cuele de manera constante en la obra de Paola Vezzani (Punta Arenas, 1968), que regresa a la Galería Patricia Ready con la muestra «Estrecho de Magallanes», que estará abierta hasta el 13 de julio, y en la que vuelve a trabajar en torno a imágenes y elementos identitarios de este confín del mundo.

“Quizás es común sentir mayor vinculación con el lugar en que naces y vives la niñez. Para mí es un privilegio que me haya tocado este paisaje, con su historia, muchas veces dramática, y con la energía del fin del mundo. La situación geográfica es extrema, el clima pareciera serlo, pero en realidad no lo es. La luz es particular, los cielos son amplios y la nitidez deja percibir la lejanía. El lenguaje que aprendí, relaciones de formas, colores, y cómo se organizan o componen, proviene tal vez de ese paisaje, de la sensación del viento. Es como ir sumando elementos, barcos en lontananza, otros varados, cerros y árboles, señales náuticas”, explica la artista, que navegó por primera vez en los canales de la región en 2009, una de las varias expediciones que la marcaron como creadora.

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«Archipiélago», de la serie Flota Subantártica. Acero y madera. 180 x 80 x 31 cm. 2017.

“No sólo conocí parajes únicos, sino que también se ampliaron mis puntos de vista. Encontré nuevos temas y volví a la noción de viaje como metáfora con otras propuestas visuales. Aparecieron formas que pueden leerse con diferentes sentidos, encontrando así la idea de transformación. Por ejemplo, un barco que no flota es a la vez mapa, vegetación o cetáceo. Así, creo relaciones poéticas en un objeto gracias a sus múltiples apariencias”, agrega Vezzani, que después de hacer clases en la Universidad Católica y de vivir en Estados Unidos y Canadá, volvió a Punta Arenas, donde imparte talleres y es académica en la Universidad de Magallanes. Allí, el mítico Estrecho que da nombre a la muestra, cruce entre el océano Atlántico y el Pacífico, es uno de los paisajes que ve a diario.

La exposición está compuesta por más de una decena de esculturas trabajadas en acero, cuero, cobre y madera que, a través de sus formas, evocan bosques australes, barcos naufragados, animales marinos; figuras que se adivinan a partir de siluetas recortadas al estilo de sombras chinas, una técnica que trabajó cuando participó en el corto «La isla de los pájaros sombra» (2017), de Tiziana Panizza, sobre el paso de Francis Drake por los mares del sur. A vuelo de pájaro, la muestra puede leerse como una suerte de inventario de la imaginería magallánica, como un álbum que reconstruye la memoria y la identidad de ese rincón austral, lo que se desprende también de los nombres de las esculturas, entre ellos, «Nave de los mitos», «Sarmiento», «Faro», «Rueda Naufragio», «Rueda del viento» o «Cetáceo».

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EL RELATO DE LA MATERIALIDAD

Si se mira la trayectoria de Paola Vezzani, las obras de «Estrecho de Magallanes» parecen una continuación de sus trabajos anteriores, en particular de «Ilaia» (2009), la última exposición que realizó en la Galería Patricia Ready, donde exploró el mismo territorio a partir de sus travesías por los mares del sur. Con esta muestra vuelve al concepto del viaje, una idea que aparece bajo la forma de naves, mapas y paisajes extremos. “No sé si se trata de una obsesión o si el tema del viaje se ha vuelto una especie de estilo, pues lo he abordado varias veces en 20 años. Aún siento que no se agota. «Ilaia» estaba influida también por la idea de la acción humana sobre la naturaleza y sus consecuencias. Hoy está el tema otra vez, pero ahora veo en lo cartográfico una lectura posible de desintegración”.

En los nueve años que separan ambas exposiciones, cuenta Vezzani que su mente se fue nutriendo con nueva información y experiencias nacidas de sus colaboraciones con científicos, con quienes trabajó en torno a áreas como la ecología y la ética ambiental, de la misma forma en que entró en contacto con creadores de otras disciplinas. “Fue fundamental desarrollar con el escritor Óscar Barrientos el proyecto «Bestiario Antártico», en el que, a partir de mapas antiguos e historias reales, creamos formas y relatos. Las metáforas que ahí surgieron están en la base de muchas de las obras que aparecen en esta nueva exposición”, detalla la artista, quien explica que, a nivel técnico, ha ido aprendiendo a ser más selectiva y a restar. “Veo dos vertientes de trabajo: por un lado, la narración en los recortes de metal, y por otro, la materialidad como relato. Acá conviven las dos y eso lo siento nuevo”.

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«Faro». Acero y madera. 110 x 98 x 11,5 cm. 2018.

Sus vivencias como tripulante en misiones científicas también la influenciaron al momento de crear estas nuevas esculturas: navegó por los canales de la Cordillera Darwin, viajó tres veces a la Antártica y realizó una travesía entre Puerto Montt y San Rafael en una expedición para tomar muestras de agua y fondos marinos. A eso se suma el paisaje que ve a diario: el Estrecho de Magallanes, cruce de océanos y paso entre Chile y Argentina, es un escenario omnipresente en su vida.

“La noción de territorio me genera conflicto, más ahora que antes. Ese choque se ve en la idea de cartografía, que es un sistema para leer e interpretar la superficie terrestre y las humanas divisiones de territorio. La alegoría del mapa, que está calada en el acero, en la superficie de barcos y ballenas, apunta a cuestionar la idea de territorio como metáfora de la mirada eurocentrista del mundo. En otras palabras, para mí la diversidad de pensamiento es fundamental. Tener curiosidad por la vida y aceptar el valor intrínseco de los seres vivos”

La idea de que la materialidad habla también es esencial en la muestra, donde conceptos como abandono y naufragio se intuyen en el óxido y en una especie de “estética del vestigio”, de texturas que remiten a materiales ajados por el viento hostil, la sal del mar o la desidia humana. “En las obras hay una técnica y una actitud: recorto el dibujo en la plancha de acero y agrego otros materiales y herramientas propias del oficio. Pero la actitud se refiere a con qué lógica abordo la unión de los materiales, la forma simple y rápida en cuanto a cómo los amarro. Los vestigios con que construyo a veces pasan a negro sin perder la textura o elementos que delatan su origen. La madera que incorporo mantiene su color natural, ya sea por haber estado en el agua salada o recuperada de una demolición”. De esa manera, dice, no sólo añade “poesía a las piezas”, también captura la huella del tiempo.

Comentarios

  • "La idea no es vivir para siempre, la idea es crear algo que sí lo haga", Andy Warhol (1928 - 1987).
  • "El paso de los años es inevitable; envejecer, una opción", Anónimo.