LA VIDA ARTIFICIAL DE THEO JANSEN

14/04/18 — POR

Desde hace tres décadas, este artista e ingeniero holandés se ha propuesto lo imposible: crear especies de animales que resistan al cambio climático. Sus criaturas imaginarias y móviles, piezas únicas de arte cinético, llegan al Centro Nacional de Arte de Cerrillos, en el que además se recreará a punta de arena y viento el entorno natural donde viven estos seres en las costas de La Haya.

Por Evelyn Erlij.

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«ALGORITMOS DEL VIENTO» Del 14 de abril al 01 de julio de 2018. Centro Nacional de Arte Contemporáneo Cerrillos Entrada liberada. AFP

El ser humano tiene una obsesión extraña con el apocalipsis, con la idea de una catástrofe que destruya la vida en el planeta. Desde Grecia hasta la Edad Media, desde la Guerra Fría hasta hoy, el fantasma del fin del mundo ha tomado distintas formas: inundaciones descomunales, plagas, pestes mortales, guerras nucleares. En las últimas décadas la amenaza dejó de ser un tópico religioso o un delirio de los escritores de ciencia ficción. Es cosa de mirar el entorno: el calentamiento global derrite los hielos, acaba con especies de animales, trastorna los climas, eleva los niveles del mar. Los síntomas son visibles, contrario a lo que piensan los amantes de las teorías de la conspiración. El deterioro de la Tierra parece irreparable y, a simple vista, no nos queda más que palear los daños como sea o esperar lo peor.

Cuando el ingeniero holandés Theo Jansen (1948, Scheveningen) comenzó a ver estas historias en la prensa, en los años 90, imaginó cómo serían criaturas que pudieran sobrevivir, cómo podría crearse vida artificial capaz de adaptarse a un medio ambiente en cambio constante. A partir de sus conocimientos científicos (había estudiado Fí- sica), empezó a trabajar este concepto mientras miraba las costas de su país, e, imaginando los mares subiendo y constriñendo los trozos de tierra firme, ideó animales que resistieran en esos entornos nuevos y apocalípticos. Los llamó Strandbeests (“bestias de playa”), esculturas cinéticas que fusionan arte e ingeniería, esqueletos hechos con tubos de plásticos, cintas adhesivas, botellas, cuerdas de nylon, y telas que se mueven y cobran vida con el viento.

De ahí el nombre de la exposición que entre el 14 de abril y el 01 de julio tendrá lugar en el Centro Nacional de Arte Contemporáneo Cerrillos (CNACC). «Algoritmos del viento» es una muestra a gran escala en la que las criaturas artificiales de Jansen se desplazarán en una escenografía donde arena y viento recrearán una playa en medio de la Región Metropolitana.  Los Strandbeests tienen una capacidad de movimiento asombrosa: desde hace 27 años el artista trabaja en perfeccionar sus estructuras tal como si se tratara de un proceso evolutivo. “Sus longitudes, ensamblajes, formas y funcionamientos se basan en algoritmos matemáticos desarrollados en computador”, se lee en el comunicado de prensa de la muestra, donde se explica que los “animaris”, como los llama Jansen, buscan ser criaturas autónomas que sobrevivan a su creador.

La evolución de estos animales, compuesta por doce períodos, está basada en la idea darwiniana de cómo lo orgánico “desarrolla sus formas y propiedades al relacionarse con su entorno y los demás seres vivos”. De hecho, en «Algoritmos del viento» –exhibición organizada por la Fundación Mar Adentro en colaboración con el Ministerio de las Culturas y las Artes–, los visitantes podrán activar las esculturas con la ayuda y supervisión de un experto del CNACC, una interacción que motivará la reflexión del público en torno al impacto que los seres humanos ejercen sobre la naturaleza y otras especies vivientes. La obra de Jansen –exhibida en lugares como el Museo Reina Sofía, de Madrid, y el Palais de Tokyo, de París– crea un espectáculo hipnótico, una suerte de mundo paralelo en el que animales extraños de múltiples patas y cuerpos geométricos adquieren vida ante los ojos de los espectadores.

REGRESO A LA INFANCIA

“Así como uno puede crear con colores o formas, también puede crear con movimiento”, dijo alguna vez Alexander Calder, el artista estadounidense que pasó a la historia como uno de los precursores de lo que se llamó “escultura cinética”, obras de arte capaces de moverse a partir de la fuerza del viento, de motores o de la intervención humana. Al igual que Theo Jansen, Calder era ingeniero, pero para evitar confusiones y críticas por sus móviles abstractos y coloridos, solía aclarar que, a diferencia de quienes ejercen la ingeniería, para los que “bueno significa perfecto”, para los artistas no existe el concepto de perfección. Quizás por eso Jansen lleva casi tres dé- cadas puliendo a sus animales de playa: la experimentación, el cambio y el cuestionamiento constante son elementos constitutivos de la creación artística.

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La escultura cinética perdió protagonismo en los años 70, pero su poder de fascinación sobre la mirada sigue intacto, como queda claro con los “animaris”, ante los cuales es difícil no volver a sentirse niño. Ver objetos inertes dotados de movilidad –en este caso, figuras que parecen grandes juguetes con formas de animales– remite a una eterna obsesión humana que va más allá de la seducción propia del movimiento, y que tiene que ver con el afán de crear vida artificial, de ser una especie de dios terrenal capaz de engendrar seres que se adapten y sobrevivan a lo que parece ser un futuro distópico. Eso explica que una de sus grandes influencias fuera el libro «El relojero ciego» (1986), del zoólogo británico Richard Dawkins, un texto sobre la teoría de la evolución y la selección natural.

“Los Strandbeests y yo somos simbióticos. Nos beneficiamos unos de otros. Ellos me dan un lugar en este mundo”, dice Jansen, quien, como una suerte de Víctor Frankenstein, ha dedicado su vida a desarrollar criaturas que ha ido complejizando a partir de la experimentación con las formas, la mejora de los mecanismos, los algoritmos, la flexibilidad de los materiales y las posibilidades de la ingeniería. El resultado son esculturas altamente elaboradas que, a pesar de su fragilidad aparente, no sólo resisten la violencia del viento, sino que aprovechan su fuerza y la usan como energía para moverse. En otras palabras, convierten la adversidad en posibilidad.

No es raro que los videos de sus especies, que con sus formas recuerdan a orugas, rinocerontes y otros animales, se hayan vuelto virales en Internet: las coreografías de sus seres por las playas embelesan al observador y lo hacen creer, por unos segundos, en un mundo inexistente, en una ficción que se sostiene en la gracia y delicadeza del movimiento de sus cuerpos-estructuras. “Todo lo que nos rodea es simplemente una invitación a observar”, comenta Jansen, cuya exposición en Chile contempla un programa paralelo orientado a la reflexión a partir del arte en torno a la relación humana con el medio ambiente. Los talleres (realizados en colaboración con los laboratorios de Fabricación Digital de la Universidad de Chile y de la Universidad Católica, la Fundación Ecoscience y el CNACC) tendrán como foco la observación de la naturaleza, la creación de formas nuevas y las posibilidades de la tecnología.

“Lo que necesitas es la capacidad de poder. Este es el arte de escapar”, asegura el artista holandés, un hombre que, en tiempos algo apocalípticos –y con la amenaza del cambio climático enfrente–, se propuso, como una suerte de Noé sin ambiciones heroicas ni mesiánicas, escapar del Diluvio, fugarse a un mundo paralelo construyendo no un arca, sino sus propios animales.

«ALGORITMOS DEL VIENTO» Del 14 de abril al 01 de julio de 2018. Centro Nacional de Arte Contemporáneo Cerrillos Entrada liberada.

Comentarios

  • "La música se desarrolla en el tiempo, la arquitectura también", Le Corbusier (1887- 1965).
  • "Los hombres no cambian, se desenmascaran", Germaine de Staël (1766- 1817), escritora francesa.