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“La Vista” Jan Brueghel de Velours y Peter Paul Rubens

12/07/17 — POR
Hijo del pintor Pieter Brueghel, Jan Brueghel (1568–1625) inventó nuevos tipos de pinturas en las que desplegó el oficio prolijo y exacto que heredó de su abuela, la miniaturista María Verhulst Bessemers, una técnica que volvía las superficies pintadas similares al terciopelo (velours, el epíteto con el que fue conocido). Por Sandra Accatino

A principios del siglo XVI, los sentidos, y en especial la vista, fueron revindicados por la ciencia como fuentes del conocimiento de la naturaleza. Lejos de su anterior concepción como inductores de engaño y pecado, el oído, el tacto, el gusto, el olfato y la vista adquirieron un nuevo estatuto y aunque la forma al mismo tiempo sensual y moralizante en que se los solía representar se mantuvo por largo tiempo, Jan Brueghel de Velours, pintor de naturalezas muertas y paisajes, creó un nuevo tipo de pinturas para representarlos. En él, la personificación femenina de cada sentido habita un gabinete de curiosidades o Wunderkammer, el espacio en el que convergían las especies y maravillas que producían el hombre y la naturaleza en todo el orbe, donde se extendía el señorío del Imperio español: el sur de Italia, España, Flandes, gran parte de sur y centro América, Ceilán, Filipinas y varios puertos de África, que en «La vista» aparece representada en el globo terráqueo colocado bajo la lámpara con el águila bicéfala, el emblema de la dinastía de los Habsburgo que reinaba en España y, al mismo tiempo, un símbolo del poder de la vista.

Cuando Jan Brueghel creó la serie de los cinco sentidos, era uno de los pintores de cámara de la infanta Isabel y del archiduque Alberto de Austria, los gobernadores de los territorios españoles en Flandes. En «La vista», la presencia de ambos en el retrato de medio cuerpo y en el retrato ecuestre, evoca su rol de garantes de la paz y de la consolidación del Catolicismo en territorios disputados con los protestantes. Entre ambas pinturas, se abre una vista al palacio de Coudenberg, su residencia en Bruselas, y se despliegan los instrumentos que evocan tanto el sentido de la vista como la extensión de los dominios españoles a través de su uso. Compases, cuadrantes, astrolabios, telescopios y una brújula descansan cerca de un mono que observa, a través de unos anteojos, una marina con barcos zarpando, una imagen del poder del imperio y del agua, el elemento con el que se identificaba la vista.

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“La vista”, Jan Brueghel de Velours y Peter Paul Rubens (1617. Óleo sobre tabla, Museo del Prado, Madrid)

 

El mono contemplando la pintura parece ser un doble burlesco de la personificación femenina de la vista que, a diferencia de su representación habitual, no observa su propia imagen en un espejo, sino un cuadro sostenido por el amorcillo. En el espacio de prosperidad y protección de las artes y las ciencias que han construido los gobernantes católicos, la pintura adquiere, entonces, un rol protagónico. Muchos de los cuadros presentes en el salón habían sido pintados por el mismo Brueghel y por artistas flamencos contemporáneos y cercanos a él –Frans Snyders, Sebastian Vrancx y, sobre todo, Peter Paul Rubens (1577-1640), el más importante pintor de retratos y pinturas de historia de Flandes, amigo y colaborador de Brueghel, también en esta tela, en la que pintó a la mujer y al amorcillo (Cupido), y es autor de la enorme escena de cacería y la bacanal del primer plano.

El cuadro que contempla con ademán melancólico la personificación de la Vista, representa el pasaje del Evangelio de Juan en el que Cristo cura a un ciego. En el relato, la recuperación de la vista se transforma en una metáfora de la fe: “He venido al mundo para que vean los que no ven, y los que ven sean hechos ciegos”, dice Cristo. Atrás, apoyados y colgados en la pared, otros cuadros también aluden a la ceguera y al acto de ver en clave moral. La «Parábola del ciego», de Sebastian Vrancx, ilustra un extracto del Evangelio de Mateo en el que Cristo compara a los incrédulos filisteos con ciegos que guían a ciegos. Hay también una copia de un cuadro perdido de Tiziano, que muestra a Psique cumpliendo las pruebas que le impuso Venus tras haber visto el rostro de su amante, Cupido, y una copia del «Éxtasis de Santa Cecilia», de Rafael, patrona de los ciegos y de la música. Así, aunque el gabinete de maravillas construido por “la vista” instaura a este sentido como una fuente de conocimiento y de dominio sobre la naturaleza, a través de la deleitosa contemplación de las pinturas expuestas en él, el espectador es invitado a proyectar sobre ella una meditación moral sobre la Fe, la creencia firme y cierta en lo que no podemos ver.

Comentarios

  • "Nuestro objetivo era salvar el planeta y alterar la conciencia humana. Eso llevará mucho tiempo, si llega a pasar", Allen Ginsberg (1926- 1997).
  • "Aburrimiento es el deseo por los deseos", León Tolstoi (1828 - 1910).