LAS INFLUENCIAS DE INGMAR BERGMAN

29/01/18 — POR

No son muchas y de radio restringido, pero de tenaz presencia en su cine.

Por Vera-Meiggs.

Todo gran creador debe alimentarse de su entorno para insuflarle vida a su obra. También se suele afirmar que toda gran obra es manifestación de una identidad y el reflejo de una época y cultura específica. Su grandeza se puede medir por su capacidad de expandirse más allá de esas fronteras y alcanzar niveles de universalidad suspendida en el tiempo.

Desde nuestro sur tempestuoso, el mundo escandinavo pareciera su sistemática negación y, sin embargo, Bergman nos lo ha acercado, haciéndolo parecer nuestro. De otro modo sus películas no hubieran tenido el éxito que alcanzaron en estos lejanos parajes, habitados por mestizos arrinconados por murallones de piedras y olas vertiginosas. El propio Bergman se sorprendía en cierta ocasión que sus películas alcanzaran “ese otro mundo austral”.

Sus grandes influencias provenían todas del norte europeo y su respeto por ellas estuvo fuera de discusión y sospecha, pero no de cierto conflicto, lo que habla bien de su vitalidad. Una influencia no es una pasiva imitación o una inamovible referencia, es un momento de concordancia y claridad, de diálogo y de confirmaciones, que pueden ser perfectamente transitorias.

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Johann Sebastian Bach

JOHANN SEBASTIAN BACH (1685-1750)

Debió ser el compositor más frecuente en su infancia de hijo de riguroso pastor luterano. Y es el de más frecuente presencia en su cine.

Se lo puede escuchar desde su primera película, «Crisis» (1945), y la última incluso le debe su título: «Saraband» (2003). No debiera extrañar mucho tal afinidad con el músico alemán, alto exponente de la música religiosa, cuya profunda emotividad lo hace ideal para acompañar los buceos espirituales y aní- micos de Bergman, que podría considerarse como el más atormentado de los ateos cristianos, si se permite la paradoja.

Más que la música vocal, tan abundante y rica en Bach, a Bergman lo fascinan los conciertos instrumentales y las sonatas para teclado o para cello. Eso le permite concentrarse sobre uno o dos personajes, ya sea escuchando la música o diseñando con ella los posibles pensamientos interiores de esos personajes. En algunos casos, como en «Gritos y susurros» (1972), una de las suites para cello sirve para cubrir un esperado diálogo catártico entre dos hermanas que nunca se han podido comunicar. Otras de las suites sirven para ser interpretadas en pantalla, como ocurre en «Sonata otoñal» (1978) o en «Saraband». En «Como en un espejo» (1961), la Suite número 2 acompaña desde los títulos a un drama de sólo cuatro personajes, en que los sonidos naturales aparecen reducidos al mínimo. Será la primera de una trilogía de “películas de cámara”, como las designará su autor, utilizando esta denominación musical para subrayar la concentración formal de las obras, que llegaron a ser mucho más de tres en realidad. De hecho, Bach continúa presente también en «El silencio» (1963), «Persona» (1966), «La hora del lobo» (1967) y «Vergüenza» (1968).

Frederic Chopin y Beethoven son los otros músicos que aparecen con alguna reiteración en el mundo Bergman.

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August Strindberg

AUGUST STRINDBERG (1849-1912)

“Me pregunto ¿puede haber algo más terrible que un hombre y una mujer que se odian”?, dice uno de los personajes de «Escenas de la vida conyugal» (1973), citando explícitamente a August Strindberg, el mayor de los dramaturgos suecos y el más evidente modelo que Bergman tuvo en la construcción de su propio mundo narrativo. Hombre profundamente atormentado y de vida agitada, que fue desde lo disoluto a lo místico, desde Frederick Nietzche al Socialismo, desde la apología del Luteranismo al ateísmo militante y después al Catolicismo. Su obra dramática no puede ser pasada por alto en la historia del siglo XX y Bergman lo honraría abundantemente en sus puestas en escena, las más numerosas que dedicara a un dramaturgo.

El núcleo de la obra de Strindberg gira alrededor de las dificultades de los afectos, la obsesión erótica y una cierta autodestrucción. Si esto ya lo emparenta con Bergman, es en la forma y en la atmósfera donde se alcanza la mayor convergencia. El de Strindberg es un teatro que rompe con el Naturalismo y el Realismo que el noruego Henrik Ibsen llevara exitosamente a la escena. El sueco privilegia las tinieblas expresionistas, lo alucinado y fantasmagórico. También su gran capacidad de penetración sicológica hacen de sus dramas uno de los más altos reflejos de la conducta burguesa. Piezas como «La sonata de los espectros», «El pelícano», «El sueño» o «La danza de la muerte» inspiran mucho al Bergman maduro de los sesenta y setenta.

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Victor Sjöström en «Fresas salvajes»

VICTOR SJÖSTRÖM (1879-1960)

El más directo maestro que tuvo Bergman y al que más explícitas reverencias dedicó, fue el mayor cineasta del cine mudo sueco y uno de los más célebres internacionalmente. Victor Sjöström comenzó muy joven como actor de teatro en Finlandia y luego en su país, donde tras muchos intentos logró imponerse, crear una compañía y pasar al cine, donde rápidamente alcanzó el éxito y la dirección de obras que se caracterizarán por un nuevo aire de intenso naturalismo y un estilo de actuación carente de los énfasis propios del cine mudo. Su consagración mundial vino con «Los proscritos» (1917), una historia de amor trágica filmada en Islandia, cuyo lirismo desaforado fue apreciado también por Hollywood, donde sería el primero de varios suecos que harían fortuna en la capital del cine. Su mejor película de este período es «El viento» (1928), que ya hemos comentado en un número anterior. Su período sonoro significó su declive y volvió a la actuación. Entre 1943 y 1949 fue nombrado director de a Svensk Filmindustri. En ese rol deberá enfrentar una pequeña crisis debido al carácter irascible de un joven director al que tomará por el cuello delante de todos los funcionarios y le dará una reprimenda que el joven Bergman nunca olvidará. De ahí en adelante lo consultará a menudo. La relación entre ambos sería de mutua admiración y Sjöström aceptaría actuar para su discípulo en «Hacia la felicidad» (1949) y luego en la célebre «Fresas salvajes» (1957). “Una magnífica puesta de sol para el gran hombre del cine sueco”, como diría Dreyer.

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Carl Theodor Dreyer

CARL THEODOR DREYER (1889-1968)

Aquí las relaciones fueron un poco más complejas. Carl Theodor Dreyer era danés, también muy luterano en sus orígenes y, al igual que Strindberg, hijo ilegítimo, pero con el agravante de que su padre era un noble y su madre una sirvienta, a los que nunca pudo conocer porque fue entregado en adopción. Su obra cinematográfica alcanza aún mayores alturas que la de Sjöström, ya que se extendería en forma brillante al período sonoro. Su estilo sobrio, despojado, luminoso y de tiempos suspendidos, contaba con un recurso en el que fue maestro: el uso del primer plano sobre unos actores que parecían tocados por un soplo trascendente. Este es el elemento que Bergman más intentará imitar en su cine. De hecho, la crítica empezó a repetir esto y provocó una distancia artificial entre ambos cineastas, que sin embargo se admiraban. Bergman acusaba a Dreyer de ser sado-masoquista en su cine y de haberlo infectado con sus imágenes, especialmente con «La pasión de Juana de Arco» (1928). Dreyer por su lado admiró sin medios términos «El silencio» (1963), pero reconoció que de Bergman “… he visto muy pocas de sus películas y todo esto se debe a que se empezó a decir que imitaba a Dreyer”.

ALGUNOS MÁS

Hjalmar Bergman (1883-1931), escritor, dramaturgo y guionista sueco, del que Bergman montó cinco obras teatrales. Se le suele atribuir influencia en el tono de las raras comedias del cineasta y en algunos de sus guiones realistas.

William Shakespeare (1564-1616). Si bien no era su dramaturgo favorito y lo montó algunas veces en teatro, hay alguna citación explícita de «Macbeth» en «Frente a un payaso» (1997) y alguna otra por ahí. Le tomó prestado el alusivo nombre de «Sonrisas de una noche de verano» y su recurso frecuente de la representación dentro de la representación.

El Expresionismo Un movimiento artístico cuyo nido es principalmente nórdico y centro-europeo. Los pintores Edvard Munch y James Ensor; el escritor Franz Kafka; los dramaturgos Georg Büchner y August Strindberg, la película «El gabinete del doctor Caligari», y un trenzado de autores de disciplinas distintas. Un estilo que asoma con frecuencia en todas las etapas posteriores a «Fresas salvajes».

Comentarios

  • "No soy una mujer, soy una fuerza de la naturaleza", Courtney Love (1964).
  • “Conquistar sin riesgo, es triunfar sin gloria”, Pierre Corneille (1606-1684), dramaturgo francés.