LAS NUBES DE UNA ESCRITORA ESTONIANA

27/12/17 — POR

Después de la tormenta, siempre sale el sol. Eso le pasó a Kätlin Kaldmaa, justo antes de escribir «Geografía del amor». Vivió un período en el que se sentía perdida, y de pronto se le ocurrió que la única manera de salir de ese estado era sintiendo amor. Comenzó proyectando amor en todo lo que la rodeaba. Su relación con las personas, las cosas, sus actos, el prepararse una taza de té, por ejemplo, todo se convertía en una relación amorosa. De eso justamente trata este libro escrito con el corazón, un corazón amoroso, que mira el mundo con un amor compasivo, sincero y, por lo mismo, hermoso, aunque no exento de dolor.

Por Jessica Atal K.

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Kätlin Kaldmaa leyendo poesía en HeadRead, Tallinn DMITRI KOTJUH

Kätlin Kaldmaa (Estonia, 1970) lleva viajando alrededor de un año por el mundo, en parte debido a su cargo de secretaria del PEN Internacional y, en parte, debido a sus libros que han sido publicados en diversos países. Se detiene un momento para explicar que el poder del PEN Internacional lo tienen por primera vez en la historia las mujeres. La presidenta es Jennifer Clement, de México, y ella es la secretaria. Eso significa un gran paso en los derechos de las mujeres escritoras.

Su última parada antes de regresar a Estonia es Chile. Nos juntamos en un café poco antes de que Kätlin corra a terminar de empacar y parta al aeropuerto. Conversamos un buen rato, como si nos conociéramos de toda la vida. Al menos, es lo que sentí yo. Incluso antes de conocerla la sentí cercana. Eso pasa con los escritores que a uno le gustan. De inmediato se establece un cierto tipo de complicidad. Kätlin escribe poesía, pero también escribe prosa. De hecho, se sorprende cuando la tratan de poeta, porque tiene publicados seis libros de narrativa y sólo cuatro de poemas. En Chile, eso sí, la conocemos primero como poeta. Da gusto leer una obra cuando está tan bien traducida. Imagino que, en su caso, se debe a que ella misma es traductora y por eso exigente a la hora de escoger un traductor. Son más de setenta libros los que Kätlin Kaldmaa ha traducido desde diferentes idiomas al estonio (incluidos autores como Michael Ondaatje y García Márquez) y percibo que este oficio lo toma como una tarea casi moral, pues durante el tiempo de la ocupación soviética no había prácticamente nada que leer en su país, salvo libros de propaganda del régimen soviético.

Kätlin creció en un pequeño pueblo en el campo. Es una niña de campo, explica. “Hablo mucho acerca de las vacas”, continúa riendo. Pero no era divertido el sistema al que estaban sometidos. Vivían en comunidades (kolkhoz) donde nada era privado. Las tierras y animales se los arrebataron a la fuerza a su abuela, siendo madre soltera con tres hijos. Y los libros que estaban disponibles para esos niños estonios, cuando Kätlin crecía durante los años 70, eran cientos de historias sobre el “pequeño Lenin”. “Imagínate el nivel de propaganda y cómo esto cambió el mundo de los niños”. Ahora Kätlin trabaja en una nueva novela sobre esa época. Su protagonista es una niña y Lenin era, en la cabeza de esta chica, una suerte de “tío bueno”. “Esa va a ser la parte divertida”, comenta.

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Kätlin Kaldmaa en el festival HeadRead, Tallinn DMITRI KOTJUH

 

PARA LOS HIJOS

Una de las cosas que más llama la atención en esta escritora es el sistema que tiene para escribir. “Escribo nubes”. ¿Nubes?, pregunto extrañada. “Sí. En la primera nube había un libro de poemas, una novela, un libro para niños y un libro que escribí para mi hija, «La felicidad es cuestión de elección». Cuando tienes 18 años no quieres escuchar a tus padres. Entonces pensé en escribirle estas historias para no olvidarlas. A mi editor le gustó mucho la idea y ha sido mi best seller. Cuando se lo di a mi hija, ella me dijo, ‘sabes, mamá, yo realmente no necesito este libro, pero mis amigas, que no tienen una relación con sus madres tan buena como la nuestra, ellas sí lo necesitan’. Muchas amigas compran el libro para sus hijas. Algunas tienen hijas pequeñas y el libro esperará unos diez años hasta que cumplan 18. Hay personas que me dicen: Kätlin, no escribiste sobre esto o lo otro, ¿qué debo hacer ahora?”.

En estos momentos, Kätlin Kaldmaa está sumergida en su segunda nube, que abarca siete libros acerca de la época sovié- tica. Ese es el contexto cultural. Comienza en los años setenta y se desarrolla hasta 1991, cuando Estonia volvió a ser una república independiente. El concepto de una nube tiene que ver con escribir varios libros a la vez, no sólo uno. “Yo sólo escribo”, explica, “y luego decido, bueno, esto va a ser parte de este libro, esto de este otro y así”. Ya ha publicado dos. Aún tiene cinco por delante.

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«GEOGRAFÍA DEL AMOR» Kätlin Kaldmaa Editorial Cuarto Propio, Santiago. 2017. 67 páginas

EL AMOR POR LOS LIBROS

Definitivamente, nació con talento. En palabras del filósofo escocés David Hume, venía de “la mano original de la naturaleza”. Comenzó a escribir a los 4 años. Fue una decisión que tomó muy temprano. Tenía que escribir libros, porque realmente los amaba. Eran lo más importante en su vida. A los 5 años, era una lectora voraz de la biblioteca, pues no había suficientes libros en casa. De hecho, en Estonia no se publicaba mucho, salvo “basura propagandística”.

En el colegio, Kätlin estudió ruso y alemán. Luego estudió para ser actriz y lo fue durante algunos años. Durante una gira con su grupo teatral, se dio cuenta de que todo el mundo hablaba inglés. Fue así como a su regreso comenzó la carrera de traductora. Leyó un libro en inglés y no quiso leer otro sin antes traducir el libro que había leído. Coincidió con que la madre de su novio trabajaba en una casa editorial y le dio la oportunidad de traducir. Ella misma, a su vez, ha sido traducida a diferentes idiomas: inglés, finlandés, árabe, alemán, francés, turco y japonés, entre otros.

Cuando le pregunto por su poesía, Kätlin distingue una poesía de palabras y una de ideas. “Esta última es la que me da la oportunidad de escribir en inglés”, explica. De hecho, casi todo el libro ¬«Geografía del amor» fue escrito en inglés. “En un principio, escribía una poesía barroca, con muchas palabras. A veces el significado se pierde entre las palabras, pero después te haces mayor y lo que quieres es ser clara”. Y es verdad. En ¬«Geografía del amor» se advierte una claridad especial de pensamiento. Las palabras son las justas, y es lo que hace que el libro adquiera intensidad. Hay una suerte de complicidad con la voz poética, como sugerí anteriormente, a la vez que se advierte su ternura, vulnerabilidad, la tristeza y el amor, la conciencia sobre el mundo y su lado feo y oscuro y, el ingrediente fundamental de la buena literatura, la ironía.

Este libro está compuesto por 31 poemas que exploran profundamente el sentido del amor en el mundo actual, una tierra asolada por la guerra, la pérdida, la herida abierta. Hay seis poemas dedicados a los “amantes”: el canadiense, el bosnio, el europeo, el afgano, el islandés, y el suizo. Este último es el único que no ha pasado por el horror y el trauma de la guerra, un tópico tan importante en este libro como es el amor. Estos amantes, explica Kätlin, no son personas de verdad, sino que integran historias de varias personas, geografías, viajes. Es, podríamos decir, una travesía que comienza simbólicamente en el inicio de los tiempos, “del primer día/ del fiat lux”. Después de que se hace la luz, viene el agua y a continuación se asoman los “dedos” de un “otro” que recorrerá el libro de diversas formas, países, costumbres; es un otro que habla diversas lenguas, pero siempre es amante. Puede, claro está, convertirse en dolor y también en un extraño: “¿no puedo leer esos ojos?”, escribe Kaldmaa en «el poema de un corazón», que da inicio al libro.

Quizás la de Kätlin, como escribió Stendhal, es “un alma demasiado ardiente como para conformarse con la realidad de la vida”. Esa pasión es la que la hace recorrer intensamente todo aquello que rodea la existencia y su eje central, el amor. El cuerpo y los sentidos. La risa y el llanto, esas lágrimas que se transforman en océanos profundos. La oscuridad como lugar de encuentro y la luz, igualmente imperceptible. El silencio al que dedica un poema llamado «La violación del silencio». La sangre y el dolor. La felicidad y el odio como su opuesto. La noche, el tiempo y la eternidad. La nostalgia que escapa al espacio externo “robándome mis sentidos y sensibilidades”. El secreto. Y todo ese andar, esa geografía del amor que se recorre, ojalá, hasta morir.

Comentarios

  • "La duda es el origen de la sabiduría", Rene Descartes (1596- 1650), filósofo francés.
  • "¿Somos humanos porque miramos las estrellas, o miramos las estrellas porque somos humanos?", Neil Gaiman (1960), autor inglés de historietas.