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LOS ARRIESGADOS CAMINOS AL OSCAR DE SEBASTIÁN LELIO

21/04/18 — POR

Nunca como ahora el cine chileno había estado tan considerado en el panorama del cine mundial.

Por Vera-Meiggs

Fotografías: Patricio Melo

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Ph: Patricio Melo

 

“¡Viva Chilelio!”, le gritaron en la calle. Eso puede dar la medida de la espontánea reacción que Sebastián Lelio ha debido y sabido recibir después de ganar el Oscar con «Una mujer fantástica».

Sin duda se siente muy feliz de un triunfo tan contundente, pero también preocupado de las responsabilidades de su situación. Entre ellas, la de dar entrevistas en medio de la post-producción de su nueva película, la versión hollywoodense de «Gloria» (que lo puso en órbita internacional en el Festival de Berlín 2013), con Julianne Moore y John Turturro en los roles protagónicos, cuyo montaje realiza aquí Soledad Salfate, su colaboradora de siempre. Tiene poco tiempo y ella lo recalca sin sonreír, poniendo una hora tope para el regreso al trabajo. Volvimos más tarde.

Desde hace un par de años le está yendo bien a Lelio en la industria, lo que mitiga el vértigo de ofertas que ahora le han llovido y que ha podido rechazar sin arrepentimientos. Le interesa mantener su independencia y no arruinar su reputación con alguna mega producción que sea una sinfonía de concesiones a la taquilla. A los 43 años tiene mucho que administrar en su futuro y la prudencia está demostrando ser buena consejera. Vive en Berlín desde hace seis años: “Mi cama está allá…”.

La conversación resulta fácil, Sebastián es un buen conversador y la amplitud de los temas que toca permite deducir varias de las arriesgadas opciones estéticas de «Una mujer fantástica», como también la variedad de posibilidades narrativas a las que está abierto.

Sus comienzos fueron convencionalmente experimentales: «La sagrada familia» (2003) lo dio a conocer con mucha improvisación ante cámara, una descollante actuación de Sergio Hernández y la sensación de un material no bien resuelto. Pero fue un éxito. «Navidad» (2009) no lo fue, y «El año del tigre» (2011) encaraba la escenografía real del maremoto explorando una historia real reconstruida, la de un fugado de la cárcel de Chillán durante el 27 F. Con «Gloria» enfrentó al público con mayor madurez y su cuidado guión dejó ver mucho de ese cambio que tanto éxito le ha traído. La siguiente película tenía que confirmar esta nueva etapa.

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Daniela Vega (Marina), «Una mujer fantástica»

EL HUEVO O LA GALLINA

¿Qué fue antes, Daniela Vega o la idea? La idea: “Partió por la situación de qué pasa si la persona que amas muere en tus brazos y tú eres la persona B (el o la indeseada) y tienes que llamar a la familia y ésta, por alguna razón, no te quiere y no te deja ir a los ritos fúnebres. Esa era la situación y empezamos a rondar por distintos personajes. Primero, era una mujer mayor y parecía otro episodio de «Gloria», entonces no. Después la hicimos más «Palomita blanca» como dinámica, y tampoco. Luego de darle muchas vueltas dijimos: ‘¿Y qué pasa si es una mujer trans?’ Y ahí escuché el clac en la cabeza. Resultó emocionante, pero también lleno de peligros, de trampas. Y eso fue una buena señal. Al mismo tiempo quedé congelado y dije: ‘No podemos seguir escribiendo, tenemos que conocer quién está allá afuera, porque –producto de la pobre representación cultural– mi cabeza estaba llena de clichés. Mi estética al respecto era… lo más cercano a lo lemebeliano.  Y las otras representaciones, medias deformes, eran las de los ochenta y mediados de los noventa, que tienen más que ver con el travesti borracho, el taco roto y el tatuaje hecho en la cárcel. Y no creía que fuera esto lo que está pasando hoy. El país ha cambiado y me daba la sensación de que había otro tipo de personas”.

–¿Y así llegaste a Daniela Vega? “

En rigor, acudimos a Pablo Simonetti, de Fundación Iguales, y él nos contactó con una persona, una mujer trans un poco mayor, quien nos dijo que debíamos conocer a Daniela Vega. En ese momento yo no buscaba una actriz, buscaba asesoría… comprobar si me atraería hacer el guión realmente, quería ver si encontraba un tipo de persona que me resultara conmovedora, desafiante y estimulante. Así, la llamé y le expliqué. Ella había visto «Gloria». Nos juntamos en un café y conversamos dos horas. Eso fue un hito. Ella era la mezcla de la máxima agudeza política y la máxima frivolidad, dos aspectos que, cuando van juntos, amo en una persona”.

–¿Y así llegaste a Daniela Vega?

“En rigor, acudimos a Pablo Simonetti, de Fundación Iguales, y él nos contactó con una persona, una mujer trans un poco mayor, quien nos dijo que debíamos conocer a Daniela Vega. En ese momento yo no buscaba una actriz, buscaba asesoría… comprobar si me atraería hacer el guión realmente, quería ver si encontraba un tipo de persona que me resultara conmovedora, desafiante y estimulante. Así, la llamé y le expliqué. Ella había visto «Gloria». Nos juntamos en un café y conversamos dos horas. Eso fue un hito. Ella era la mezcla de la máxima agudeza política y la máxima frivolidad, dos aspectos que, cuando van juntos, amo en una persona”.

–¿Cómo fue adquiriendo forma?

“El descubrimiento de la forma fue paulatino. Lo que sí resultó claro fue esta noción de hacer un caballo de Troya. Es decir, realizar una película en la que el público se encuentre en un terreno aparentemente familiar. Hacerla con una caligrafía clásica y luego empezar a mutar, pero sin que el espectador se sintiese violentado y que la estética estuviera en tensión con lo que tradicionalmente se le da a la temática trans, que suele ser la cruda luz del realismo social. Me dije que lo quería lo más lejos posible del realismo social. Por eso todo parece flotar en la película, no hay cámara en mano, todo es dolly, steady, grúa (aparatos técnicos para mover la cámara sin sobresaltos)”.

“El otro concepto que apareció en la mitad de la escritura fue que Daniela me hizo reflexionar en qué es una mujer, y como cineasta eso llevó a preguntarme qué es una película. Y la película misma se transformó en una transgénero, en el sentido de los géneros cinematográficos. Y eso fue un segundo clac. Así comenzó, como un melodrama de los años 40, una secuencia de créditos tradicional, a lo Alfred Hitchcock, matar al personaje, luego de haber pasado por una obertura romántica hiper convencional y luego el film deviene un thriller, aparece un fantasma, es una película de funeral, es un estudio de personaje… es una obra sobre una mujer…”.

LOS NUTRIENTES

–¿Cómo es tu relación con los géneros?

“Me gustó hacer esto, me gusta mucho el melodrama”.

–¿Douglas Sirk? (cineasta alemán, maestro del melodrama hollywoodense de los 50).

“¡Por supuesto! Por algo esto sucede en el cumpleaños de Marina, eso es completamente del ‘melo’. Otra cosa del melodrama que es muy hermosa es la idea de que la batalla contra el mundo está de antemano perdida. A pesar de que los personajes logren sobrevivir, son unas victorias paradójicas. Creo que el melodrama y el noir son dos géneros tremendamente nobles y que son puro cine. Entonces, esta era una oportunidad para visitar esos territorios. «Gloria» fue una película mucho más impresionista, donde todo resultaba muy natural; en cambio, aquí todo es puro artificio. Al punto que ella vuela, hay un fantasma…”.

–¿Algún modelo?

“Vimos mucho «Ascensor para el cadalso». Sobre todo cómo Louis Malle filmaba a Jeanne Moreau caminando, esos paseos bajo la lluvia con ella con la frente en alto…”.

–Lo único que te faltó fue ponerle la música de Miles Davis… “Bueno… la usé como referencia mucho rato durante el montaje… Terminamos trabajando con un compositor inglés. El pedido fue: ‘Bernard Herrmann encuentra a Henry Mancini’ (Herrmann es el compositor de «Vértigo» y «Psicosis», entre otras. Mancini es el responsable del tema de «La pantera rosa»), es decir, la tensión hitchckoniana sumada a la evasión de Mancini. Esos son los dos tonos en los que la película se mueve: por un lado, una cosa tensa, más noir y, por el otro, una cosa excesiva e irresponsable”.

¿Cómo se maneja eso? Fue arriesgado…

“Sí, fue muy difícil, sobre todo al filmar me preguntaba cómo hacer coexistir todos estos tonos en un solo cuerpo. Luego, en el montaje pasaron meses en que la sensación de esperpento era muy grande. Ahí, Soledad (Salfate, la montajista) fue fundamental”.

–¿La protagonista se llama Marina por alguna razón?

“Ah, resonancias… claro, a veces más o menos conscientes. A veces, por musicalidad, a veces más racionales y a veces más intuitivas, pero todas son decisiones… Marina… hay gente que ha relacionado el nombre con la idea del agua, como lo natural, lo irrefrenable… cosa que yo nunca pensé. A mí me gustó la musicalidad del nombre, pero… por alguna razón… Pasa que algo me empieza a emocionar y por ahí va…”.

–¿Qué es una emoción?

“Lo que pasa es que el sistema de guía emocional es un sistema de los seres vivos y especialmente desarrollado en los seres humanos, creo que es altamente sofisticado y es nuestra manera de navegar en el mundo por contraste contra lo que no queremos, y las emociones positivas nos indican hacia dónde ir. Pero, en cuanto a la búsqueda de una historia es… cuando esa emoción está teñida de entusiasmo o de inspiración… hay que seguirla”.

–¿Referentes?

“La música me entusiasma. Soy un pagano, voy desde Bach hasta la electrónica. Por ejemplo, el disco «Corazones», de Los Prisioneros, es una obra maestra que demuestra que se puede hacer co existir la tradición local con la modernidad global. Encuentro alucinante esa actitud, al mismo tiempo popular y docta, que emparenta a Jorge González con Víctor Jara y con Violeta Parra en la misma línea. Desearía hacer una película como «Corazones», con esa desfachatez, esa desvergüenza por el placer de lo popular… Siempre he mirado ese disco muy hacia arriba”.

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El cineasta junto a Patricia Ready, en cuya galería se efectuó la entrevista .

 

PRODUCTO DEL IMPOSIBLE

–¿Chileno o argentino?

“Chileno, puh, pero tengo tres pasaportes: argentino, chileno e italiano… (sus abuelos paternos provienen de Chieti, en la región de Los Abruzzos, centro de Italia).

–¿Es chileno también tu cine?

“Espero que sí. Se ha tendido a pensar que el cine chileno ha tenido mucho que ver con una cierta vocación por el documento de lo real, aunque sea para llevarlo a otro lugar. Yo estaba muy convencido de eso y por eso mis primeras películas son tan crudas y toscas. Pensaba que ahí estaba saludando a los abuelos, al Nuevo Cine Chileno. Después comencé a pensar que eso podía ser más polimórfico y creo que «Gloria» empieza a meterse en eso, y «Una mujer fantástica» es ya entrar ahí, en placeres desconocidos y preguntarse qué es lo chileno. Creo que hay muchas cosas que son y que serán chilenas y que todavía no sabemos verbalizarlas: el paisaje… la grieta, el vivir colgando… y lo insular… lo aterrador y lo maravilloso de que Chile se trate sólo de Chile. Producto del imposible que es Chile, que no debería estar ahí, que debería estar hundido o ser una montaña, pero no esta cosa intermedia: ‘sí, pero no’. Producto de esta paradoja se genera la poesía”.

–¿Lees poesía?

“Sí. Don Nica, pero en este momento, admirándolo muchísimo, el que me conmueve es Raúl Zurita. Para mí, «Anteparaíso» es el libro. Ahí está el paisaje… y esa cosa que él tiene, que no pareciera ser una voz, sino que una voz colectiva, como un canal de algo que somos todos, algo muy potente…”. “Me quedo con los discípulos de Parra, con Enrique Lihn o, a ratos, con Claudio Bertoni (en «Gloria» hay un poema suyo). Antes que el cine chileno, fue la poesía chilena la que me hizo pensar que era posible… Ahí hay una tradición potentísima, con generaciones, con evolución y siempre envidiaba mucho a las generaciones de poetas, ¿Por qué no podemos tener lo mismo en el cine? Nos ha pasado una sola vez, con la generación entre el 65 y el 73, el Nuevo Cine Chileno”.

LOS ORÍGENES

“Me iba los veranos a casa de mis abuelos, ellos tenían libros y yo, como todo adolescente chileno, empecé a escribir. Esa fue mi vía de acceso, por ahí me llegó la autorización para poder dedicarme a lo creativo. Cuando era joven, haber descubierto a Vicente Huidobro fue para mí más importante que cualquier banda de música. Era completamente moderno: estaba pensando en el espacio antes que Roberto Matta… murió tan joven, estuve en su tumba. Le tenía una admiración gigante…”.

–¿Cuándo te comenzó el cine?

“Me llegó después de este proceso. Hice un viaje, vivía en Cholguán, que es un pueblo del sur de Chile y me ofrecieron ser estudiante de intercambio y fui a Iowa, Estados Unidos, que era estar en Cholguán, pero en inglés; lo único diferente es que habían tormentas eléctricas. De ese viaje volví sabiendo que quería hacer cine… a los 17 años”.

–¿Quiénes componen tu santoral?

“Ha crecido, se ha expandido, en general nadie se cae de ahí, pero se suman. Por ejemplo, ahora Federico Fellini, «Ocho y medio» y «La dolce vita». También están Stanley Kubrick, Andréi Tarkovski, Luchino Visconti, John Cassavetes, su mujer Gena Rowlands, Jeanne Moreau, Louis Malle”.

–¿Y entre los clásicos?

“Douglas Sirk, Buster Keaton, obsesión reciente: nadie ha sido más moderno que Keaton. Un dios nuevo: Busby Berkeley (coreógrafo y cineasta hollywoodense de los años 30 al 50), la escena de Marina volando a cámara viene directo de una escena de Berkeley. También he estado en romance con una de las películas más perfectas nunca hechas, que es «Cantando bajo la lluvia», de Stanley Donen y Gene Kelly. Y con Vincente Minnelli (famoso cineasta estadounidense, considerado el padre de los musicales modernos, como «Un americano en París» y «Gigi») ”.

–¿Ambiciones?

“Me gustaría hacer ciencia-ficción. Una de mis favoritas en el género es, por supuesto, «2001: Odisea del espacio», que es –como «Ocho y medio»– un canon que no ha sido superado … «Farenheit 451», de François Truffaut, es una película imperfecta, pero que amo, tengo el poster en papel. Lo que más me gusta de la ciencia-ficción es que es un territorio donde se puede hacer filosofía siendo popular. Por eso me gusta «Encuentros cercanos del tercer tipo», y «E.T.». Posiblemente es algo generacional. Aprecié «Arrival»,  de Denis Villeneuve, porque tiene esa idea de que el universo es benévolo, no maligno o indiferente, como en Stanley Kubrick… ese monolito que está cargado de todo lo posible… puro potencial… de un salto, una promesa. Me gustaría poder filmar entre varios mundos, eso me gustaría lograr…”.

EL PRECIO DE UN OSCAR

–Aparte de los valores intrínsecos de una película, ¿cuesta mucho ganar el Oscar?

“La idea cliché de que esto es puro lobby es equivocada. La parte real es que sí, se necesita tener una empresa como Sony Pictures detrás, una empresa con una experiencia de treinta y cinco años en este trabajo y que ha ganado el Oscar diecisiete veces. Y que gasta plata en la promoción y en hacer ver el film a las personas indicadas. Todo eso es real, pero para eso tienes que tener una película que interese a alguien que esté dispuesto a esa inversión”.

–¿Fue algo involuntario?

“Bueno… cuando la película comenzó a ubicarse adelante en las encuestas, empezamos a hacer todo lo que estaba a nuestro alcance, iniciamos el juego, muy profesionalmente. En ese sentido fue un intento”.

–¿Cómo es posible que un país que no tiene un imaginario internacional muy desarrollado gana dos Oscar así de repente?

“Creo que la postulación de «No» y el hecho de que «Gloria» no quedara entre las nueve pre-candidatas, siendo una película muy querida… Esos eran antecedentes. Lo nuestro no fue una aparición repentina, ya había un cierto historial de los últimos seis años…”.

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Daniela Vega (Marina), «Una mujer fantástica».

 

–¿Y los otros candidatos?

“Yo hablaba con el sueco Ruben Östlund (director de «The square», ya ganadora de Cannes), con la cineasta húngara Ildikó Enyedi (directora de «Cuerpo y alma») y con el maestro ruso Andréi Zvyagintsev, que se mandó ese trozo de película («Sin amor», indicada por parte de la prensa europea como la más segura ganadora). Cada uno de ellos con su tremenda tradición cultural y uno ahí, agarrándose de los poetas… A la salida del Oscar, el ruso se acercó a saludarme, y me dijo que se había alegrado mucho de verme allá arriba, le respondí que tenía el Oscar con toda humildad porque lo considero a él un maestro del cine. Zvyagintsev (que no habla inglés) se tocó el corazón y me pegó en mi corazón…”.

–¿Y ahora Hollywood per sempre?

“Noo… donde se pueda filmar. Me interesa mucho hacerlo en Inglaterra… Esta película que hice, «Disobedience», con Rachel Weisz, en el barrio judío ortodoxo en el norte de Londres. Era como realizar una película extranjera allá… Me caen bien los ingleses, me gusta la cultura de rodaje que tienen”.

«Disobedience» se estrenará a finales de mes en Estados Unidos, pero ya la crítica la ha alabado luego de su proyección en el Festival de Toronto en septiembre pasado.

Después de «Gloria» (aún no se sabe si se llamará así) hay varios proyectos en carpeta, ninguno chileno por el momento, tal vez una adaptación de un libro del autor que dio origen a la película «Room», novela gráfica francesa, que sería un cruce entre «Annie Hall» y «La dolce vita»… la ciencia-ficción … “Chilelio” ya trepa por el mundo…

 

 

 

 

Comentarios

  • “La arquitectura es la ordenación de la luz; la escultura es el juego de la luz”, Antoni Gaudí (1852 - 1926)
  • "Si se ignora al hombre, la arquitectura es innecesaria", Alvaro Siza (1933), arquitecto portugués.