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Los días de J.M. Coetzee y de Linda Olsson

18/10/17 — POR

SI BIEN LOS RELATOS TIENEN TRAMAS MUY DIFERENTES, EN AMBOS SE ADVIERTE EL RITMO PAUSADO DE UNA NARRATIVA PENSADA Y AMIGABLE, Y SON PROSAS PROFUNDAMENTE METAFÓRICAS.

Por Jessica Atal

Si bien el primero es un autor reconocidísimo y la segunda, una escritora que recién se da a conocer en español, varias son las similitudes que se encuentran entre la última entrega del Premio Nobel sudafricano y la primera novela de la escritora sueca. Ambos relatos comienzan con protagonistas que están escapando de su historia pasada. En el caso de «Los días de Jesús en la escuela», de J.M. Coetzee (1940), Inés y Simón, junto a David, su hijo –o no hijo, como afirma ser el niño, situación que ya vimos en «El maestro de Petersburgo» (1994), aunque, en este caso, sea un joven ya muerto–, y su perro (el maltrato de animales es tema recurrente en la obra de Coetzee) llegan desde Novilla, una “ciudad de verdad”, a Estrella, no más que “un pueblo grande y disperso”. Huyen de la policía después de sacar a David de un reformatorio donde lo han mandado las autoridades luego de resolver que el niño es incapaz de adaptarse al sistema escolar tradicional.

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J. M. COETZEE «Los días de Jesús en la escuela» Literatura Random House Chile, 2017 255 páginas

En «Astrid y Veronika» (2005), de Linda Olsson (1948), por otra parte, encontramos a Veronika, una mujer de treinta y un años, escapando del dolor que significa la pérdida de su novio James. Viaja desde Nueva Zelanda a un lugar cerca de Estocolmo sin otro objetivo que escribir un libro sobre ese amor ido, en una huida que registra de cobarde, refugiada entre bosques y montañas. La familia que protagoniza la novela de Coetzee, otros fugitivos, se instala en una granja, algo bucólica, como los paisajes de Olsson, donde Inés y Simón trabajan como jornaleros. Veronika, a su vez, llega a una casa situada en algún “paisaje antiguo”, sola, a dormir en una cama que no reconoce sus formas. Si bien los relatos tienen tramas muy diferentes, en ambos se advierte el ritmo pausado de una narrativa pensada y amigable, y son prosas, sobre todo la de Coetzee, profundamente metafóricas. Coetzee, como dice el reputado crítico británico Frank Kermode, “puede hacer bien cualquier cosa que se proponga”, debido a su “energía extraordinaria y sosegada”. En «Los días de Jesús en la escuela», continuación de «La infancia de Jesús» (2013), llaman la atención los nombres bíblicos.

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LINDA OLSSON «Astrid y Veronika» Ediciones Salamandra Barcelona, 2014 222 páginas

Por ejemplo, el de Jesús, que forma parte del título, no figura en ningún momento dentro de la obra. Sin embargo, inmediatamente lo asociamos a David, el niño de seis años, de carácter fuerte y obstinado, inquieto y curioso, que cuestiona y juzga insistentemente a sus padres putativos. Otra asociación con Jesús es que a partir del año del nacimiento de Cristo comienza la historia cristiana. En la novela, la explicación que da Simón al niño sobre la historia es que sencillamente no existe. Han llegado en barco a este país hispanohablante y cuando se cruza el océano (que identificamos con el Leteo, “el río del olvido”), los recuerdos se borran y se empieza una vida nueva, sin pasado. El tiempo comienza entonces, en ese presenteEn la novela de Olsson, en cambio, el tiempo parece detenido o avanzar muy lentamente. Veronika conoce a Astrid, una mujer anciana que vive en la casa del frente, y se desarrolla entre ellas una amistad que va revisando continuamente sus respectivos pasados. Pero, de alguna manera, a partir de esa amistad surge también un tiempo nuevo para ambas mujeres, un renacer, un volver a la vida. Esta bella historia es mucho más lenta que la de Coetzee y transcurre sin mayores obstáculos.

Los días pasan al ritmo de una taza de café o la contemplación de la nieve, los frutos y las flores. Coetzee, con su prosa fuerte y pura, llega a tocar, con agudos diálogos de tintes filosóficos, desde las fibras más oscuras a las más sublimes del ser humano, incorporando a la trama familiar y, específicamente, a la disolución de esa trinidad divina, escenas de crímenes brutales y, a la vez, espectáculos de danza que parecieran transportarnos a un universo divino que es capaz de alcanzar David. Coetzee es un autor prolífico, que maneja extraordinariamente el “ficcionar”, atrapando al lector desde la primera página de una historia. Pero Olsson no lo hace mal con esta novela. Dos lecturas muy recomendadas.

Comentarios

  • "La duda es el origen de la sabiduría", Rene Descartes (1596- 1650), filósofo francés.
  • “Somos víctimas de nuestras creencias, pero podemos cambiarlas”, Dr. Bruce Lipton (1944), biólogo celular estadounidense.