LOS SUPERAMIGOS

26/11/17 — POR

Debuta en cines «La Liga de la Justicia», cinta basada en el conocido grupo de personajes de DC Cómics. Un equipo con más de medio siglo que ha sabido de cambios y reinvenciones, de acción épica y espíritu de sitcom, antes de su postergada llegada a la pantalla grande.

Por Rafael Valle M.

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Si un personaje vende bien, un puñado de ellos en una sola revista venderá mucho mejor. Con esa idea reflotada, sencilla y contundente, debutó en marzo de 1960 uno de los productos más exitosos que por entonces tendría la National Periodical Publications, futura DC Cómics: «La Liga de la Justicia de América» que, encabezada por Superman, Batman y la Mujer Maravilla, reunía a los héroes más populares de la editorial en un solo combo, en un club de supersocios.

“La «Justice League of America» fue armada en 1960 para presentar a los mejores y más populares héroes de DC Cómics en épicas batallas contra enemigos que ningún superhéroe, ni siquiera Superman, podría esperar enfrentar solo”, cuenta el guionista Grant Morrison en su recomendable libro/ensayo «Supergods» (2011).

La premisa sigue siendo la misma en «La Liga de la Justicia», la película que se estrena por estos días y que muestra cómo Batman ha reclutado a un grupo de metahumanos –Wonder Woman, Aquaman, Flash y Cyborg– para enfrentar el peligro que viene de un lejano rincón del Cosmos. Y ahí están: mostrando los dientes, disfuncionales, lejos de la corrección de los primeros tiempos, porque harta agua ha pasado bajo el puente y el grupo ha cargado con una larga historia de integrantes que vienen y van, reinvenciones, éxitos y fracasos, antes de su postergada llegada a la pantalla grande.

TIERRAS INFINITAS

La LJA no fue el primero, pero sí legítimo heredero del grupo que le dio el vamos a los superequipos: la «Justice Society of America», nacida en los 40 con esa idea de sumar héroes y lectores, y que pasó a mejor vida a fines de esa década. Cuando Elvis Presley saltaba a la fama y los héroes de trajes multicolores volvían a ser populares y regresaban reformateados, con otros orígenes y otros uniformes, el colectivo fue resucitado, pero con cambio de nombre, convertido en una “liga” como un guiño a las ligas de béisbol, uno de los deportes más populares en Estados Unidos.

Villanos de nombres extraños (Starro, Despero, Per-Degaton, Super-Duper) y aventuras algo sosas –casi siempre invasiones alienígenas– marcarían la fórmula de la primera década, donde lo más interesante fueron los viajes dimensionales en los que la Liga descubriría que había varias Tierras en el Universo. Fue la idea del guionista Gardner Fox, el inventor de la Liga junto al dibujante Mike Skowsky, para explicar que los viejos héroes de los años 40 (ese primer Flash que no llevaba máscara, ese Linterna Verde de orígenes místicos, por ejemplo) vivían en mundos paralelos, lo que dio el puntapié a la idea metaficcional de que existe un Multiverso, tanto para explicar inconsistencias editoriales como para resucitar a un montón de personajes que DC tenía fuera de circulación.

Esa primera época también marcó pauta. Las buenísimas ventas de «La Liga de la Justicia de América» fueron el empujón para que el guionista Stan Lee y el dibujante Jack Kirby inventaran su propio grupo de superhéroes: esos 4 Fantásticos que dieron la partida de Marvel Cómics. Curiosamente, esa editorial revolucionaria devolvería el pase, haciendo que los personajes de DC Cómics se hicieran más complejos y buscaran una audiencia más adulta.

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El debut del equipo fue en 1960 y se convirtió en uno de los grandes éxitos de DC Cómics.

La influencia de Marvel se haría sentir a comienzos de los 70 en esta LJA más teñida de melodrama: sus integrantes tenían diferencias y conflictos, algunos renunciaban al grupo, otros iniciaban romances y más de alguno se convertía en traidor. El cuartel general se trasladaba desde una inicial guarida secreta en una montaña de Rhode Island a un satélite orbitando la Tierra y también al Salón de la Justicia, cuando la Liga fue adaptada por Hanna-Barbera en la serie animada «Los Superamigos» (1973).

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El equipo tuvo un aclamado giro en los 80, cuando se convirtió en una sitcom de superhéroes

DE PAYASOS A DIOSES

El éxito no es eterno, y para mediados de los 80, la revista del súper equipo estaba en decadencia, entre tramas flojas y personajes anémicos. Nadie puso muchos obstáculos, por lo mismo, cuando la publicación pasó a manos de dos guionistas que no eran estrellas del medio –Keith Giffen y J.M. de Matteis– y de un dibujante desconocido –Kevin Maguire–, más preocupado de dibujar gestos faciales que los escorzos de hombres híper musculosos. Como no había mucho que perder, el trío se lanzó con un experimento que iba contra la historia del equipo y contra la moda predominante. Eran los días en que las miniseries «Watchmen» y «El regreso del Caballero Oscuro» –ambas de 1986– marcaban la pauta, haciendo revisionismo en el cómic de superhéroes, indagando en sus mentes y llevándolos a zonas sombrías, y «La Liga de la Justicia», que partió con un nuevo número 1, en mayo de 1987, optaba por el extraño camino de la comedia.

En el inicio de ese experimento, Batman aparecía como la caricatura de un tipo amargado, intentando armar un equipo donde había desde un Linterna Verde fascista/misógino hasta un Capitán Marvel con la inocencia de un escolar. “Pensábamos que estábamos condenados. Pensábamos que nos iban a despedir. Pensábamos, oh Dios mío, hemos arruinado «La Liga de la Justicia»”, decía Giffen en una entrevista de 2016, recordando la antesala del éxito. Porque la nueva Liga se convertía pronto en “grito y plata”, y hacía escuela con su fórmula curiosa, que ponía el acento más en las relaciones interpersonales que en las simples ganas de luchar por la justicia.

El enfoque de sitcom de esta nueva etapa también daba una irónica y lúcida mirada sobre el género. Cuando no había amenazas siniestras, todo era un festival de chistes y de diálogos y situaciones delirantes. Batman era objeto de burlas por tener “pantallitas blancas” en vez de ojos; el equipo a veces se enfrentaba con villanos ineptos y fracasados; dos de los integrantes del grupo decidían convertir a la LJ en una franquicia que incluía un resort en una isla viviente; el sonriente y moralista General Gloria se reía del patriótico Capitán América, etc. Hasta un piloto de serie de televisión hubo (se le puede ver en youtube) en esta época estrafalaria, que miraba la humanidad de los superhombres desde el ángulo de las pequeñeces, los desatinos y las chambonadas; y que funcionó hasta que los chistes se empezaron a repetir y DC Cómics decidió dar un nuevo giro que le devolvió la seriedad a sus personajes. Eran los 90, los héroes ultra violentos lideraban y la Liga no escapó a la tentación de ponerse ruda y belicosa con spin offs como «Extreme Justice is Justice: League Task Force».

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La última época de gloria fue de la mano del guionista Grant Morrison, quien convirtió a los personajes en símiles modernos de los dioses del Olimpo.

El mentado Grant Morrison llegaría a cambiar las cosas para bien en 1997. Si la portada del primer número de Giffen/DeMatteis/Maguire mostraba al grupo desde arriba, poniendo el énfasis en sus caras/estados de ánimo, la del debut del guionista escocés los exhibía en vía inversa: un contrapicado que realzaba la pose heroica y la sensación de poder. Morrison trataría al grupo como la versión moderna de los dioses del Olimpo, sacando a los secundarios molestos y dejando a los protagonistas arquetípicos: Superman era el equivalente de Zeus, el todopoderoso; Batman, el del sombrío Hades; Aquamán, el de Poseidón, y así. El regreso era con personajes más grandes que la vida y que actuaban como tales, en aventuras donde las caprichosas ideas de Morrison (marcianos albinos, héroes celestiales, una torre-base secreta en la Luna) se combinaban con acción a gran escala, casi cinematográfica, que motivaría, a partir de entonces, a una nueva generación de lectores e imitadores.

La flamante «Liga de la Justicia» del cine fue un proyecto que demoró 10 años en concretarse, incluyendo cambios de reparto, de guionistas y de productores, y que incorporó la llegada de emergencia de Joss Whedon (el mismo de la también superheroica película «Los Vengadores» (2012), fenómeno de taquilla y modelo a seguir) en reemplazo de Zack Snyder, su director original. Pero, para un equipo forjado entre tantas amenazas y giros, la dificultad es sólo otra aventura en la bitácora. Para eso llevan más de medio siglo uniendo fuerzas.

Comentarios

  • "El mejor regalo que Dios ha dado en su abundancia fue la autonomía de la voluntad", Dante Alighieri (1265- 1321).
  • “Lo que más valoro es la observación del movimiento de los colores”, Auguste Macke (1887- 1914), pintor expresionista alemán.