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Los universos paralelos de Cortázar y Noriega

04/09/17 — POR
Por Jessica Atal K.

Para internarse en la narrativa de Julio Cortázar (1914-1984) es bueno recordar lo que él mismo pensaba acerca de lo fantástico, ese terreno donde se siente absolutamente cómodo, porque su realidad es aquella donde lo fantástico y lo real se entrecruzan cotidianamente. Dicho de otro modo, para Cortázar lo fantástico no se distingue demasiado de lo real. Él vive en ese mundo de cronopios y de famas y de axolotls así como vive para alimentar a su gato o dar una conferencia en la universidad. Cortázar está, minuto a minuto, dentro de sus propios mundos, que cubren y se superponen a los mundos de la gente “real”, de la vida “real”. Así, aparecen los primeros cuentos de «Bestiario» y, más adelante, el libro que nos ocupa, «Final del juego», publicado por primera vez en 1956. Contrario a lo que dice el título de esta primera colección de nueve relatos (en 1964 fue reeditada por Sudamericana y se incorporaron nueve más), para Cortázar, el juego nunca se acaba. Como se aprecia en «Continuidad de los parques», el cuento tiene una maravillosa estructura circular. Todo resulta demasiado real hasta que aparece el misterio, la confusión entre dos y tres realidades paralelas y el traspaso de un mundo a otro ocurre prácticamente sin que el lector lo advierta. Asimismo, en «La noche boca arriba» no sabemos si es un sueño el accidente de un hombre en moto, su náusea, el dolor insoportable de su brazo o si es, por el contrario, aquella maldita carrera de noche, sus pies hundiéndose bajo un colchón de hojas y barro, escapando del enemigo. El hombre siente olor a pantano, a guerra. Pero, reflexiona, él nunca sueña con olores. Todo es natural y a la vez tan confuso. El miedo sí que no es extraño y abunda tanto en sus sueños como en la realidad. De este modo, se recorren espacios de tiempos sagrados, de “propios reinos”, así como lo hacen las tres hermanas (Holanda, Leticia y la narradora) en el cuento homónimo, para escapar de la realidad de esa casa en la que viven con su madre y la tía Ruth, donde siempre arde Troya y están sometidas a castigos. Las tres niñas traspasan “la puerta blanca” para crear su propio mundo, respirar libres, ser felices y sentirse admiradas por un chico que las observa cada día desde la ventanilla de un tren. Cada cuento de Julio Cortázar es un viaje a un mundo fantástico diferente, fascinante, imposible de abandonar.

Con nostalgia

Otro autor que da que hablar en estos días es el colombiano Luis Noriega (1972), si bien su último libro, «Razones para desconfiar de sus vecinos», no trata de “literatura profunda” ni se embarca en “altos vuelos poéticos”. Los nueve relatos aquí recopilados, escritos en un periodo de veinte años, abordan, unos más y otros menos, el género policial que nos recuerda, con nostalgia, lo mejor del suspenso de Raymond Chandler o los casos del clásico de todos los tiempos, Sherlock Holmes. Un grito escalofriante, un edificio de cuatro pisos, un periodista que entrevista a sus inquilinos y un crimen sin culpable es lo que abre el primer cuento, que da título al libro, hacia un universo de violencia, humor negro, desconfianza y flaquezas humanas que caracteriza la obra de Noriega. En este sentido, no difieren mucho unas historias de las otras. Los protagonistas son seres que llevan demasiado tiempo siendo nadie, desesperanzados, profesores o escritores frustrados, esperando alguna razón para vivir, morir o matar. Hay un misterio a veces macabro que flota en la atmósfera, y de pronto nos parece que ya hemos leído demasiado de estos relatos que necesitan violencia –o quince minutos de fama– para que el grito de la literatura se escuche más fuerte. A pesar de haber ganado la tercera edición del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez 2016, se echa de menos en Noriega la versatilidad lúdica, la intensidad, lo insólito y maravilloso que le sobra a Cortázar.

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LUIS NORIEGA «Razones para desconfiar de sus vecinos» Literatura Random House, Bogotá, 2016, 308 páginas.

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JULIO CORTÁZAR «Final del juego» Penguin Random House Grupo Editorial Buenos Aires, 2017, 167 páginas

Comentarios

  • “Somos víctimas de nuestras creencias, pero podemos cambiarlas”, Dr. Bruce Lipton (1944), biólogo celular estadounidense.
  • "El paso de los años es inevitable; envejecer, una opción", Anónimo.