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Louis von Adelsheim «LOS MUROS DE CHILE»

21/06/18 — POR

Por Ignacio Szmulewicz R

Junto con la plaza, la biblioteca y la universidad, el museo se ha concebido como uno de los espacios públicos más relevantes del mundo moderno y contemporáneo. Al mismo tiempo, esa misma modernidad se pobló de arquitecturas para encerrar y separar los así llamados errores y fallas de ese sistema de valores asociados a la libertad, igualdad y fraternidad (Michel Foucault es el mejor intérprete de esos recintos).
La muestra «Los muros de Chile», del artista alemán suizo Louis von Adelsheim (1953) en el Museo de Arte Contemporáneo de la Quinta Normal, en estrecha colaboración con la escritora Andrea Brandes, se entromete
como nunca antes en la manera cómo nuestro país ha lidiado con una de esas arquitecturas: la cárcel. Dramática, envolvente y sensorial, la monumental exhibición ocupa la totalidad del palacio capitalino con ambientes sobrecogedores que transportan al visitante a ese mundo de sufrimiento, castigo y dolor, pero a su vez de solidaridad, reflexión y amor.
Las piezas de Adelsheim, en un sentido literal, abordan las distintas facetas de la experiencia carcelaria: el carácter tortuoso del encierro, la materialidad oxidada de su entorno, la condena social, las formas del castigo, hasta la humanidad de su oralidad. El lector deberá tener presente que todos estos asuntos han sido tratados por artistas nacionales: Ángela Ramírez con las paradojas del interior y del exterior de un mundo sin definir los límites; Sebastián Preece con la enorme densidad de las huellas materiales; Claudio Correa con la escucha atenta de las voces que se han querido enterrar en el olvido.
Sin embargo, en ningún caso nuestros creadores han afrontado de forma tan espectacular (speculum) y con herramientas visuales experimentales los sinsabores simbólicos de tal experiencia vital y colectiva (a su modo el cine ha entregado memorables manifestaciones, siendo «Papillon» el punto más alto).
El conjunto incluye salas enteras dedicadas a los dramas colectivos, por ejemplo, citando la escena bíblica de la última cena, como a su vez dolorosas recreaciones de siniestros hechos recientes («San Miguel»). Los recursos son artificiales y gigantescos para poner el cuerpo del espectador en contacto con toda la experiencia morbosa de enclaustramiento y castigo.
Finalmente, las piezas donde Adelsheim se vuelve me nos grandilocuente son conmovedoras: rostros de infantes en un ambiente de luminosidad barroca («Se(n)ame»); las entrevistas a escala 1/1 de los reos («Confieso»); el peligro
secreto de las horas nocturnas («Estoque»). Todo en «Los muros de Chile» está dispuesto para afectar cuando la indiferencia ha sido la respuesta socialmente aceptada hacia coyunturas sobre todo complejas (lo mismo ha pasado con la sexualidad y la locura). Lo cierto es que el país está cambiando y esta muestra permite abrir el debate
desde el poderoso lugar del arte como herramienta para explorar los infinitos grises de la convivencia social en el siglo XXI. Aunque parte de ese tenue pantone, este poblado de exclusión y segregación más que de entendimiento y empatía, es la imagen de una extensión natural incontaminada la que permite el descanso y la liberación: un loop infinito del oleaje del océano de nuestro continente, el Pacífico, paradojal nombre que
une el azul del cielo con el constante movimiento sereno del oleaje terrestre.

Museo de Arte Contemporáneo (Matucana 464, Quinta Normal).
Teléfono: 22681-7813). Hasta el 24 de junio.

Comentarios

  • "Si me dan lo que quiero soy mansito como un cordero", refrán popular.
  • “No puedes esperar que los dos extremos de una caña de azúcar sean dulces”, Proverbio.