Masaccio, Adoración de los Reyes Magos (1426, Gemäldegalerie, Berlín)

11/12/16 — POR
  Conservadas en distintos museos o perdidas, fuera de su contexto original y rodeadas de obras diferentes, la «Adoración de los Reyes Magos» y las otras diez pinturas que se conservan del «Políptico de Pisa» plantean una pregunta sobre cómo reconstruir, a pesar de su dispersión y fragmentación, la forma en que éstas eran vistas y experimentadas originalmente. Los animales del pesebre, los caballos de los tres Reyes Magos , y del comitente y su sobrino, que los acompañan, fueron pintados en complejos escorzos y diversas posiciones.

78_artesvisuales_artedemirar_masaccioLa «Adoración de los Reyes Magos» se encontraba al centro de la predela o base del «Políptico de Pisa», el retablo de unas veinte piezas que el notario Giuliano di Colino encomendó a Masaccio (1401-1428), el pintor que en esos años fundaba junto a Donatello, Brunelleschi y otros artistas florentinos las bases del Renacimiento. A ambos lados de la «Adoración», el pintor dispuso las historias de san Julián el Hospitalario, y de San Nicolás y los martirios de san Pedro y de san Juan Bautista. Ubicadas justo sobre el altar, en la zona más cercana al espectador y de tamaño relativamente reducido, las escenas de la predela son una suerte de comentario narrativo y vivaz sobre la imagen del panel central e invitan a ser vistas con una mirada cercana y comprometida. La imagen central del retablo es la «Virgen con el Niño sentados en un trono y ángeles», conservada en la National Gallery de Londres, que originalmente era acompañada por los santos cuyas historias y martirios relataban las imágenes de la predela, y por otros santos más pequeños a sus costados. En la parte superior, una luneta con una Crucifixión marcaba el final del relato salvífico iniciado por la «Adoración de los Reyes Magos».

La pequeña tabla que nos ocupa muestra la llegada de los tres reyes, que han descendido de los caballos y se acercan al pesebre para adorar y ofrendar sus riquezas –oro, incienso y mirra– al Niño Jesús. En Italia, hacia principios del siglo XV, este motivo era un reflejo de la riqueza de los comitentes y una metáfora del humilde sometimiento del poder terrenal a la majestad divina. Por esta razón, las comitivas de los reyes aparecían saturadas de personajes ataviados con ricas vestiduras y acompañados por animales exóticos y las superficies de las tablas se cubrían con láminas y polvo de oro finamente trabajados. Masaccio utilizó, en cambio, los recursos figurativos y materiales de manera austera para resaltar los elementos más significativos del relato. En vez de incluir en la imagen halcones, monos, camellos, perros de distintas razas y leopardos, pintó en complejos escorzos y diversas posiciones a los animales del pesebre y a los cinco caballos de los tres Reyes Magos y del comitente y su sobrino, que los acompañan, envueltos en sus capas oscuras, en el primer plano.

Masaccio restringió, además, el uso del oro en unos pocos elementos que refuerzan la dignidad de los personajes y enfatizan el gesto humilde de los monarcas. El sitial dorado de la Virgen es una silla curul, que ocupaban reyes y magistrados en la antigua Roma, una referencia que mostraba, además, la cultura humanista del artista y del comitente. También las coronas de los Reyes Magos resplandecen en oro, pues son el símbolo de la realeza de quienes las cargan. En la pintura, el Rey Mago más joven se acerca al pesebre mientras un sirviente toma desde su cabeza la corona. Dos pasos más adelante, ya sin su corona (que carga a su lado otro paje) y de rodillas, el segundo rey une sus manos en un gesto de oración que deriva de la fórmula legal mediante la cual, en la Edad Media, el vasallo se sometía a su señor feudal. A su lado, un paje sostiene la ofrenda que entregará a Jesús. Entretanto, el rey más anciano ya se ha postrado delante del Niño y besa sus pies. Su corona está en el suelo y José sostiene el don ofrecido. A través de este sutil juego de repeticiones y variaciones, Masaccio resaltó con el oro no sólo la humildad de los poderosos, sino también los distintos instantes que se suceden entre la llegada de los reyes y la adoración al Niño. Lejos de los espacios y tiempos infinitos que la Edad Media otorgaba a la divinidad enmarcándola en resplandecientes láminas de oro, en esta pintura la epifanía ocurre, quizás por primera vez, en el tiempo y el espacio concreto y regulado que el Renacimiento inauguraba en esos días.

Comentarios

  • “Un hombre hace lo que puede. Una mujer hace lo que el hombre no puede”, Isabel Allende (1942).
  • “El grado de certeza con que nuestros mapas mentales describen el territorio no altera su existencia”, S. Covey (1932 - 2012), profesor estadounidense.