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METÁFORA + HUMOR = GREGUERÍA

26/11/17 — POR

Esta suma cumple cien años de existencia, entre el silencio, el encogimiento de hombros y uno que otro guiño cómplice. Hoy, Ramón Gómez de la Serna, el científico del ingenio que obtuvo la fórmula secreta se habría forrado con tan simple ecuación.

Por Juan José Santos M.

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“La mosca nos trae un murmullo de los confesionarios de la muerte”, escribió el entonces vivo, hoy muerto, Ramón Gómez de la Serna (1888-1963), escritor ocupado y preocupado por el más allá (como confiesa en su autobiografía «Automoribundia», de 1948). En una frase, de doce palabras, invoca una sensación, un sonido, nos introduce en un espacio físico, todo ello a través del uso de la metáfora con una carga poética que no elude ni la reflexión amarga ni el humor negro. Esa frase, de tan ligera estructura y tan pesada sombra, es una “greguería”. Su autor la inventó hace un siglo. Diez años más tarde de la aparición oficial de la greguería, el 15 de septiembre de 1927, Gómez de la Serna, más conocido como Ramón, falleció, según informaban las agencias informativas. Él personalmente agradeció todas las muestras de pésame que llegaron a su casa. Fue un error periodístico.

RAMÓN

Adherido a su pipa –y viceversa–, siempre de traje y pajarita, con el flequillo ondulado y los mofletes generosos, Ramón fue uno de los intelectuales más controvertidos, activos y discutidos de mediados del siglo XX español, y quizás él mismo fue, toda su vida, un error periodístico. Hijo de una familia acomodada, Ramón Gómez de la Serna nació en 1988 en Madrid, se licenció en Derecho, publicó su primer libro en 1904 («Entrando en fuego») y comenzó a escribir en diarios de noticias. Obtuvo fama por su valor como vanguardista literario, su sentido del humor y sus apariciones públicas, polémicas y chocantes, desde su silla de preferencia en la tertulia literaria que fundó en 1915, el Café Pombo, y durante las décadas de los 20 y los 30. Antes de la explosión de la Guerra Civil española se mudó a Buenos Aires, donde residió hasta su fallecimiento –esta vez sí– en 1963. A lo largo de su vida, su locuacidad y su verborrea invadieron todos los espacios que se le ponían por delante: la radio, el circo, la televisión o la performance callejera; y su creatividad, distintas disciplinas, como la biografía (con sus “retratos” escritos a Wilde, Valle-Inclán, Goya, El Greco o Velázquez), o la novela erótica. Él, Charles Chaplin, Massimo Bontempelli y Pitigrilli son los únicos extranjeros miembros de la Academia del Humor de Francia.

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1917

“Fatales exclamaciones de las cosas y del alma al tropezar entre sí por pura casualidad”, explicó en su día Gómez de la Serna en relación a su invento literario, la greguería. Por ese carácter fortuito, producto del choque de dos conceptos distintos, estas oraciones han sido consideradas como precursoras del Surrealismo. Las greguerías pueden lograrse por una impresión visual, por el juego fónico de sus componentes, por la interrogación de un hecho cotidiano, por la lucha entre dos ideas antagónicas, por la observación filosófica profunda, o por el absurdo. Se basan en el “atrevimiento de definir lo indefinible, a capturar lo pasajero, a acertar lo que no puede estar en nadie o puede estar en todos”, como afirmó su orgulloso padre sobre su hijo, a quien le han intentado colar muchos hermanos, abuelos y nietos, escritores que practicaron antes, durante o después ingenios escritos de similar empaque, como Mallarmé, Shakespeare, Horacio, Victor Hugo, Kierkegaard o Woody Allen. Hoy todos los conocedores coinciden en que el humus, el campo en el que fertilizó esta creación, fue el Simbolismo francés y el movimiento Imaginista inglés, fundado por Bergson, captado de forma casi instantánea por escritores como Ezra Pound. La nueva norma poética que puso en liza todas las normas vigentes fue fruto de una injerencia filosófica: si la realidad está en constante estado de cambio, su esencia es inasible. Rodolfo Cardona, estudioso de las greguerías, vincula los avances de Pound, que a su vez se relacionan con el Haiku, con las greguerías de Gómez de la Serna. Para Pound, había tres formatos para llegar a una nueva modalidad poética: la phanopoeia (imagen visual proyectada en la pantalla de la mente), la melopoeia (estímulo o imagen que surgen del sonido de las palabras), y la logopoeia (“baile” del intelecto entre palabras). Este triunvirato conecta con las distintas facetas de la greguería, si bien las fuentes de las que bebía el español eran cercanas, al menos geográficamente hablando: Lope de Vega, Pío Baroja, Francisco de Quevedo, Baltasar Gracián y Ramón de Campoamor. Las greguerías, “el buscapiés del pensamiento” (una greguería para definir la greguería), van más allá de juegos de palabras, aforismos, de retruques conceptuales, de adivinanzas, dobles sentidos o chistes verbales. El madrileño las escribió durante toda su vida, una práctica que nunca abandonó. Esa constancia permite establecer una evolución estética, un progreso hacia la simplicidad. Veamos algunos ejemplos:

-Ídem: buen seudónimo para un plagiario. -Nostalgia: neuralgia de los recuerdos. -El sueño es un depósito de objetos extraviados. -La ópera es la verdad de la mentira, y el cine es la mentira de la verdad. -Al asomarnos al fondo del pozo nos hacemos un retrato de náufragos. -Somos lazarillos de nuestros sueños. -El matrimonio es la carta de amor certificada. -Las ranas abuchean la comedia de la noche.

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2017

Han pasado cien años y miles de greguerías, pero hay quien aún cree lo que otros han creído: Octavio Paz, para quien Ramón Gómez de la Serna era el mejor escritor español contemporáneo, afirmó que el autor no ocupa el lugar que debe en el pódium de las letras internacionales, a pesar de que fuera candidato al Nobel de literatura. Muchos de los libros de Gómez de la Serna circunscribían su radio de influencia a un país, al generar y regenerar refranes, frases hechas, o paráfrasis de otros autores pero de una misma nación: España. Más de una decena de sus publicaciones fueron dedicadas a Madrid, y la traducción de sus textos no fue todo lo rápida ni bien distribuida que quizás merecía. Hoy, en la época de Twitter, del golpe de ingenio breve, veloz y fugaz de las redes sociales, del deseo por captar, capturar y cautivar de forma instantánea a cuantos más mejor, sus greguerías habrían tenido un alcance más “compartido”. Para alguien obsesionado con la muerte, quizás haber obtenido, como obtuvo, gran presencia e influencia en vida es lo importante. Porque como dejó escrito en otro de sus ingeniosos dichos –en esta ocasión, frase lapidaria: “Lo más importante de la vida, es no haber muerto”.

Comentarios

  • "Para comer bien en Inglaterra es recomendable desayunar tres veces", Francois Rabelais (1494 - 1553), humanista francés.
  • “Un viaje de mil millas ha de comenzar con un simple paso”, Lao Tse (605 a.C.-531 a.C.), filósofo chino.