PATRICIO PRON Y LOS CUENTOS QUE NO LO SON

02/07/18 — POR

Entrevista al escritor argentino, cuyo último libro, su compendio de relatos «Lo que está y no se usa nos fulminará», acaba de llegar a las librerías de nuestro país.

Por Juan José Santos M.

Ilustración Rodrigo Díaz.

Ilustración: Rodrigo Díaz

 

Patricio Pron (Rosario, Argentina, 1975) es escritor, crítico literario, y cuentista. De hecho, uno de los mejores en lengua hispana, como ratifican sus ventas y las reseñas de «Lo que está y no se usa nos fulminará», su último conjunto de relatos. Cuentos que muestran una clara y directa influencia musical (de quien defiende la idea de que todos nosotros somos una nota al pie de página en la vida de Bob Dylan, algo que ocurre “literalmente” en uno de los textos de este libro), de voluntad apropiacionista sobre formas residuales de literatura, como el perfil del Tinder, y la intención de hacer visibles las reglas del juego literario para trascenderlas. Cuentos que se someten y someten diversas técnicas pero que buscan una unidad dentro del todo. Cuentos que aluden a Chile (como «La bondad de los extraños», acerca de un autor caprichoso, vicioso y excéntrico que se comporta como una rock star adolescente en una visita al exterior), y otros que se refieren a las segundas oportunidades (como el bello y doloroso «La repetición»). Todos ellos, tratando de, como afirma el propio Pron, “escapar de las convenciones”, concibiendo “cuentos que no son cuentos”.

–El libro se conformó como si se tratara de un disco de música.

“Sí. Hay tantas maneras de pensar en cómo formar un libro de relatos como autores de esos libros hay. Y si bien he alternado diferentes maneras de conformar los libros de relatos, al final una forma se impone en relación a las otras maneras de componerlos, ya que las narraciones adquieren determinadas tonalidades que les otorgan una secuencia más o menos lógica en un libro. Para mí, la experiencia de concebir los libros de relatos se corresponde con la práctica pretérita de armar una cinta, una cassette para amigos. Esas cintas que uno hacía en los ochentas y en los noventas, que fueron antes de Spotify. Había una cierta métrica en ellos; la sucesión de canciones lentas en contraposición con un lado de la cinta que eran más rápidas, o la alternancia entre unas y otras. Estos mecanismos o estas prácticas no son muy diferentes a aquellas con las que los músicos componen sus discos. Todos los músicos lo hacen así, excepto por un caso bastante llamativo que es el de Andrés Calamaro, que graba un disco sin grabar un disco por decirlo así, sin darse cuenta que está grabando un disco, en contraposición con los músicos que tienen un plan general. Yo no suelo tener uno antes de escribir mis cuentos. En la mayor parte de los casos sencillamente escribo durante una determinada cantidad de tiempo movido por lo que creo que son intereses puntuales, y cuando finalmente tengo una cierta cantidad de relatos, me siento a reunirlos y a ver cómo funcionan entre ellos. A ver si en esa reunión de títulos hay un libro o no. Luego me encuentro con determinadas sorpresas, como la reiteración de un tema. En este caso específico, hay una cierta apropiación de lo que llamaríamos las formas residuales de la literatura en este momento histórico”.

–Incluso introduces una especie de bonus track, una nota al pie que es un relato.

“Sí, absolutamente. De hecho, hay algunos más. Después de entregar los textos a mis editores recordé que había un par de relatos más que había olvidado completamente y que pueden ser parte de una edición corregida y ampliada. Pero sí, efectivamente el relato a pie de página funciona como una especie de no-relato. También sucede esto con el relato que deriva de la forma del formulario de inmigraciones de Estados Unidos, o aquel que es la deriva mental de alguien que está tratando de concebir un perfil del Tinder. Creo que todo ello habla del hecho de que estamos rodeados de formas aparentemente menores de literatura, pero que éstas son aparentemente menores sólo en la medida en que no han sido todavía apropiadas por la literatura. Hay una relación muy singular pero que sigue un patrón específico en relación a la emergencia de nuevas formas y su apropiación por parte de la literatura: la literatura está constituida por formas que fueron inicialmente consideradas muy menores, como la novela. No tengo esa fantasía bastante habitual de que el futuro de la literatura vayan a ser las redes sociales, pero sí creo que en ellas hay formas literarias cuya relación problemática con la literatura puede servir para pensar en ella como un campo de posibilidades”.

–¿«La bondad de los extraños» está basado en algún caso real?

“Tiene mucho de real, sí. Cuando vivía en Alemania, uno de mis trabajos en la universidad fue el de constituirme en el lazarillo de chilenos que realizaban estancias de investigación, y viví unas situaciones bastante incómodas con ellos. Siendo excéntricos como eran, sus intereses, pensaba yo, entroncaban muy bien con cómo es la sociedad chilena. Por ejemplo, uno de ellos estaba obsesionado con que tenía gases porque sufría de un soplo al corazón. Lo suyo era una especie de metonimia, una profusión de vientos internos, casi como en la definición de la histeria según Hipócrates. A los cuatro o cinco días nadie quería estar en el despacho con él. Otro, por hacer lo que consideraba un chiste, me hizo el saludo hitleriano frente al Ayuntamiento de la ciudad. Etcétera. Así que tan pronto como pude cambié de trabajo. Pero durante ese período también vinieron autores invitados por el departamento, y si bien ninguno rompió el mobiliario de la habitación, casi todos tenían exigencias más o menos ridículas, lo que creo que tiene que ver con una economía de la compensación: cuando un autor se considera poco exitoso (y la mayor parte de nosotros nos consideramos poco exitosos en un momento u otro), ya sea sólo por el hecho de que en la literatura no hay una medida objetiva que determine el valor, no hay un ránking ATP ni nada por el estilo, cuando tienen la oportunidad de ser invitados por una universidad extranjera, algunos escritores exigen cosas que son innecesarias, pero que les hacen creer que, si se las otorgan, lo hacen porque se los valora”.

–En el cuento «Este es el futuro que tanto temías en el pasado», el protagonista, un tal Patricio Pron, paga a unos actores para que hagan en su nombre la promoción de sus libros. Esta suplantación del autor sigue la estela de mucho de lo analizado en tu ensayo «El libro tachado. Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura» (2014). ¿Hay detrás de ello una burla al mundo de la literatura?

“Sí, muchas veces mis relatos son producto de un interés casi excluyente por la literatura. Las narraciones que abordan la vida literaria, en mi caso, como en «El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan» (2010) y «La vida interior de las plantas de interior» (2013), responden por supuesto a cierta intención de contribuir a una literatura que reflexione sobre sí misma, que es lo que los autores que han sido importantes para mí han hecho. Al margen de lo cual, no me interesa ser un escritor sobre escritores, sino poner en cuestión las condiciones de posibilidad de la literatura, tanto el por qué como el cómo, que señalan unas posibilidades y asimismo unas limitaciones para quien haga literatura en este momento. Algunos de nosotros fuimos enseñados para ir detrás de esas limitaciones y procurar trascenderlas”.

«Lo que está y no se usa nos fulminará» Editorial Literatura Random House

 

Comentarios

  • “Para ser irreemplazable, uno debe ser siempre diferente”, Coco Chanel (1883 - 1971).
  • "En las tiendas no tenemos espejos. Uno debería comprar ropa por cómo te hace sentir, no ver" (Rei Kawakubo).