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PEDRO FERNÁNDEZ TACONEA UN TROZO DE CHILE

19/03/18 — POR

El bailaor chileno, afincado en España, obtuvo una residencia para crear «Lota: las mujeres del carbón». Este año presentará en Madrid y en Santiago su visión de la epopeya lotina, con el flamenco como herramienta expresiva.

Por Marietta Santi.

 Fotos de José Luis Álvarez

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L a búsqueda creativa del chileno Pedro Fernández, con el flamenco como herramienta de expresión, ha sido intensa. Siempre, además, ha combinado esa manifestación artística con el espíritu latino: con el tango en «Flamenco arrabalero», o con versos de Pablo Neruda, letras de Eduardo Gatti y canciones populares como «Un café para Platón». Ahora dio un paso más y se zambulló en la cultura del sur de Chile en un espectáculo concebido y montado en Madrid, su casa desde hace casi una década: «Lota: las mujeres del carbón», donde narra el acontecer de la sociedad lotina antes y después del cierre de las minas, en 1997, a través de la mirada femenina. En la obra participan diez bailarines españoles (ocho mujeres y dos hombres), seleccionados en una audición a la que llegaron cincuenta profesionales. El entusiasta elenco estudió no sólo el hecho histó- rico reciente sino también las costumbres del chileno del sur, su corporalidad, su forma de bailar y de tomar el pañuelo. “En España hay muchas historias en las minas, que se cuentan en una forma del cante que se llama Mineras. Por eso los españoles se identifican con lo sucedido en Chile”, explica Fernández. Este trabajo fue posible gracias a que en 2016 el bailarín y coreógrafo ganó una residencia de creación artística en el Centro de Danza Canal, importante complejo madrileño que en sus cinco pisos se dedica a promover la creación y la investigación teórico-práctica en torno a las artes del movimiento. Durante tres meses, el artista se encerró con su elenco en una de las nueve salas de ensayo del lugar para luego presentar los resultados en el ciclo «En Crudo», que abre las residencias al público.

Un año después, en julio del año pasado, la obra tuvo un excelente estreno en el Teatro Paco Rabal, ubicado en plena capital española. Luego, Pedro la postuló a una gira por la Red de Teatros de la Comunidad de Madrid. Y aunque cada semestre se presentan alrededor de cien espectáculos de todos los géneros de danza, el suyo quedó entre los once escogidos. «Lota: las mujeres del carbón» fue seleccionada por dos municipios de Madrid: La Cabrera, donde se presentará el 14 de abril; y Torrejón de Ardoz, cuya función será el 14 de mayo. “Es un orgullo como creador haber logrado este reconocimiento. No es fácil, hay muchos artistas buenísimos en el medio madrileño. Es un nuevo impulso para mí”, afirma el coreógrafo.

Las críticas de la puesta en escena fueron estupendas en el circuito capitalino. Carmen Cuns, directora del Centro Cultural Lope de Vega, señaló: “Es un espectáculo con una gran fuerza escénica, gran colorido, estupenda Danza-Fusión (flamenco y danzas chilenas) y cercanía a la situación de Lota. Un guiño en toda regla a Chile: su historia y su folklore”. A su vez, Mari Carmen Martín, cabeza del Centro Cultural Collado Mediano, comentó: “Fue un auténtico placer disfrutar de un equipo de bailarines tan bello y con tanta fuerza. Nos quedamos impresionadas de la calidad del baile. Transmite el sentimiento de una cuenca minera”.

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PAÑUELO Y CHILENIDAD

Apenas con 4 años, Pedro Fernández entró a estudiar en la academia de Manuel el Gitano, donde se enamoró del flamenco. Después, siendo un jovencito, estudió con Paula Jacob, Lorena Peñailillo y José Luis Sobarzo. Ya adulto, formó Embrujo, su propio grupo, y también la academia del mismo nombre. En Madrid se instaló en 2009 junto a Claudia Chacón, su pareja y actual manager-productora. Juntos partieron de cero. Fernández había viajado antes a perfeccionarse con Cristóbal Reyes, tío de Joaquín Cortés, y luego a bailar con la compañía de Nuria Castejón. Con esta última participó en las obras «Pan y Toros», «Las bodas de Fígaro», «¡Viva Madrid!», «Reina mora y alma de Dios», entre otras, presentadas en escenarios tan importantes como los madrileños teatros Real y de la Zarzuela; y Pérez Galdós, de Gran Canaria, o la Plaza Mayor de Madrid.

En 2016, Pedro coreografió una obra para el mí- tico Café de Chinitas, que giraba en torno a las mujeres en los textos de Federico García Lorca. Antes, en la Madre Patria presentó sus obras «Flamenco de ida y vuelta», «Lorca es flamenco» y «Flamenco arrabalero». «Lota: las mujeres del carbón» es un paso más en su incansable trabajo en España, donde ya es conocido como “el bailaor chileno”, da clases de flamenco a españoles y lo programan en los tablaos.

Su interés en el cierre de las minas del carbón surgió después de escuchar un testimonio directo. “Acá en España conocí a una chilena de familia lotina. Le empecé a preguntar y me maravilló el espíritu fraternal que se respiraba. Había un horno comunitario, las mujeres se prestaban el pan, la leche y luego se los devolvían. Había confianza en el otro.

Eso se perdió con el cierre de las minas. Los hombres empezaron a desarrollar otros trabajos y las mujeres tuvieron que salir de la casa, se volvieron individualistas”, precisa. Para el bailaor, esa vida en comunidad es una utopía que existió y se vio arrasada por intereses de todo tipo. “No se supieron manejar con el tema. El mismo Patricio Aylwin les dijo a los mineros que sentía una espina en la garganta. Despidieron a un porcentaje de trabajadores y luego a otro, hasta que se acabó todo”.

Por eso, el mismo Fernández se sumó a la obra interpretando un personaje que representa el poder político-económico. Un hombre que parece compartir los intereses de los trabajadores, pero luego los traiciona.

El montaje se estructura en tres partes: la fraternidad o cómo las mujeres viven en torno al horno y el lavadero común; la Leyenda de la Taco Alto, mujer que según cuentan fue enterrada viva en la mina y cuyos tacos se escuchan en los pabellones; y, finalmente, la gran huelga y el cierre de las faenas. Para el coreógrafo, el flamenco es ideal para contar ésta y otras historias: “El flamenco se formó de muchas culturas, sabe de persecución y de dolor, tiene mucha carga emotiva. Lo uso como herramienta expresiva”.

A la fuerza del taconeo sumó su amor por la mú- sica de Violeta Parra: “Ella creó unas letras muy poderosas, que pueden habitar el cante flamenco como lo han hecho los poemas de García Lorca”, señala el coreógrafo. «Qué pena siente el alma», «Maldigo del alto cielo», «La jardinera», «Qué he sacado con quererte», «El amor» y «Mazúrquica modérnica», son algunas de las canciones utilizadas. Además, aparece un fragmento de «El pueblo unido», de Quilapayún.

El pañuelo es el gran hilo conductor de las escenas: “Este elemento limpia, pesa, se transforma. En la escena del horno, los pañuelos hechos bolas son el pan que amasan las mujeres, y cuando están contentas se los lanzan y juegan con ellos. En la escena de la violencia de género, un hombre lo usa como arma; finalmente, en la marcha se convierten en piedras”.

Además de enseñar a tomar el pañuelo de manera correcta a los bailarines y bailarinas, debió guiarlos en la adquisición de una corporalidad acorde con la idiosincrasia del sur de Chile. “Los españoles se paran con prestancia y garbo siempre, suspendidos. El chileno es más calmo corporalmente, más relajado, con los hombros abajo”, explica.

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Y, para asegurarse de que la historia se entendiera teatralmente, Fernández convocó como directora de escena a Cristine Hucke, régie chilena que estudia un máster de dirección de ópera en Verona. Con los intérpretes, él mismo trabajó el método Lecoq para conseguir una narración corporal además de lineal: “No hay personajes, pero sí caracteres. Está la mujer audaz y la sumisa, la que va llegando a Lota, la más vieja, la más joven. Los dos bailarines hombres representan al minero y el machismo imperante en las minas”.

Gracias al Fondart que obtuvo el año pasado, Pedro traerá a sus mujeres lotinas a Chile en noviembre próximo: “Espero que todos los bailarines puedan viajar, ya que el proceso creativo que tuve con ellos es irrepetible. Y también que el tiempo pase rápido para mostrar mi arte a mis compatriotas”, afirma ilusionado.

Comentarios

  • “Todas las ideologías que justifican el asesinato, acaban convirtiendo al asesinato en ideología”, palabras de un juez tras la muerte de Isaac Rabin.
  • “En mis cuadros hay cosas improbables, no imposibles”, Fernando Botero (1932).