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PINTANDO EL EQUILIBRIO

16/10/17 — POR

La artista chilena Alejandra Bisquertt ha pasado más de 30 años explorando, a través de la geometría y de la abstracción, las estructuras y los procesos que constriñen al ser humano y su mente. En «Silencios de la memoria», muestra que estará hasta el 25 de noviembre en la Galería Patricia Ready, la pintora explora en una serie de telas dos ideas olvidadas en el mundo caótico de hoy: el silencio y la memoria.

Por Evelyn Erlij

En las pinturas de Alejandra Bisquertt (1960) hay una contradicción aparente: la tensión que crean figuras geométricas, perspectivas y trazos firmes y rectos conviven con una quietud y una calma desconcertantes. “Para mí, mis cuadros son equilibrio, son un mundo tranquilizador. Pensando en llevar los ojos del espectador más allá de la tela, me encontré con que todo había desaparecido y estaba la imagen austera: esto es lo que necesitamos después de ver tanta imagen, eso es lo que crea una conexión con nosotros mismos. Mi idea es hacer flotar al que mira mi trabajo”, explica la artista, quien entre el 18 de octubre y el 25 de noviembre expondrá en la Galería Patricia Ready «Silencios de la memoria», una serie de trabajos en los que explora, a través de la abstracción y el realismo conceptual, un arte que en los tiempos que corren parece olvidado: la contemplación.

Su obra es una inmersión en un paisaje misterioso pero reconocible, un viaje por espacios donde el horizonte corta la tela en dos, donde cohabitan objetos familiares –carpas, piscinas– con entornos minimalistas y en apariencia deshabitados; universos de un sosiego difícil de encontrar en el mundo caótico de hoy. “Me centro en el horizonte, porque cuando lo miras, se te aquieta el alma y se detiene toda actividad consciente; en el horizonte está todo pero nada está. “Elegí el nombre «Silencios de la memoria» porque cuando activamos una emoción, ésta nos puede llevar a un registro de la memoria, pero no lo logramos porque vivimos en un mundo hiperconectado, en el que no nos oímos a nosotros mismos”, detalla.

El trabajo de Bisquertt reflexiona sobre los excesos de imágenes que saturan el entorno visual desde una suerte de ascetismo, sobre las maneras en que la memoria no tiene tiempo de procesar la abundancia de información en los tiempos de Pinterest e Instagram: “Somos recolectores de imágenes, tarros de basura”, afirma.

Para combatir esa idea, la artista utiliza la palabra escrita plasmada en la tela –a través de conceptos como “plenitud” y “silencio”– y la geometría de las formas, su manera de explorar las estructuras y los procesos que someten al ser humano. En este caso puntual, esa inquietud también está dada por hechos personales. “Esta muestra, de siete años de trabajo, nace en el contexto de haber sido operada por algo menor y terminar sin caminar por una perforación en la médula ósea durante la anestesia. Me demoré cinco meses en recuperarme, y si no fuera por eso no hubiera hecho este trabajo, ya que me sumergí en el tema de la desconexión del ser humano consigo mismo: me vi obligada a quedarme quieta con mi cuerpo”.

El afán de indagar en la psiquis humana a través de la geometría no tiene que ver con los tiempos abrumadores que corren, sino con un interés que la persigue desde que comenzó en el mundo del arte, en 1979, año en que ingresó a la Universidad de Chile, en una época en que la política y el arte eran sacudidos por fuertes sismos: “Todo era cambio, todo era transformación y teníamos muy poca relación con lo que pasaba internacionalmente con el arte. Recuerdo que en la prueba especial para entrar a la universidad pinté una abstracción que podría ser perfectamente uno de mis cuadros de hoy: ya estaba en mi mente ese mapeado. Es lo mismo que trabajo ahora, treinta años después”.

En ese período, sus maestros fueron Lily Garafulic y Matías Vial, y sus preferencias se orientaban hacia la escultura y la cerámica, hasta que unos años más tarde sintió la inquietud de explorar un nuevo soporte. “Estudié pintura con Cristián Abelli y él me dio libertad absoluta para crear. Me dijo ‘lánzate, haz lo que quieras’, y lo que salió fue un cuadro absolutamente geométrico. Fue mi primera pintura, han pasado 25 años, lo miro y es como cuando Picasso dijo: ‘Trabajé 60 años para volver a pintar como un niño’. No es la misma técnica de óleo que uso ahora, pero ahí estaba lo mío. De ahí pinté y pinté: óleo con capas múltiples, con transparencias múltiples. Es un trabajo que necesita tiempo, esto no es como el acrílico, con el que pintas el cuadro en un día, de forma más gestual y más rápido. Esto necesita tiempo, son capas de capas”.

EXPERIENCIA PSÍQUICA

Los colores en la obra de Alejandra Bisquertt armonizan con la idea del sosiego: su paleta es translúcida, de tonos grises, verdes y azules claros, cuya calma es quebrada, por decirlo de alguna manera, por rojos y naranjos. “Pinto por capas y por eso son cuadros que necesitan mínimo uno o dos meses de trabajo, a veces incluso más: la tela me va diciendo cuándo están listos. Todo depende de la psiquis, de lo que esté pasando, cada obra es una etapa especial de la vida”.

Cuando comenzó a pintar, hace 20 años, en sus telas predominaban los rojos y amarillos fuertes: había algo de influencia de Mark Rothko, de Piet Mondrian, de Robert Delaunay, pero su obsesión era encontrar un lenguaje propio y reconocible: “En arte no hay nada nuevo, pero lo importante es cuando logras encontrar tu estilo. A veces entro a una muestra, identifico influencias de artistas y pienso ‘aquí no hay un trabajo propio’. Es algo que cuesta mucho encontrar. En mi caso, me enfrento a una tela y vuelvo a lo mío: no es una tendencia, no es una seducción, no es que yo quiera copiar algo, hacer algo para que sea vendible o menos vendible. Me paro frente a una tela y ella me manda, es una corriente, no me preguntes cómo: me voy a morir haciendo lo mismo e indagando sobre diferentes acontecimientos que te va dando la vida, pero en mi propio lenguaje. Hay que ser fiel a ese lenguaje y perfeccionarlo, como también es esencial tener algo que decir”.

Otra de sus preocupaciones es luchar contra el arte desechable, ese que se compra y luego se olvida. “Quería hacer una muestra que fuera el grito desesperado de una artista que quiere dejar algo más que cuadros bonitos que se vendan. Quiero adentrar al espectador en un recorrido profundo: veo la pintura de hoy algo chacreada, siento que falta respeto por ella y por el trabajo del óleo”. De ahí que su proposición sea una suerte de experiencia psíquica y sensorial que quiere dejar una huella en el espectador: “Mi propuesta es llevar a la gente al silencio, al recuerdo de momentos solitarios, de memoria y contemplación”.

En estos tiempos estridentes y abrumadores, esta es, sin duda, una apuesta valiente.

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Comentarios

  • "Para comer bien en Inglaterra es recomendable desayunar tres veces", Francois Rabelais (1494 - 1553), humanista francés.
  • “La arquitectura es la ordenación de la luz; la escultura es el juego de la luz”, Antoni Gaudí (1852 - 1926)