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Pura poesía

02/07/18 — POR

Por Jessica Atal.

Pablo Fante

Ya que en mayo Santiago se convirtió en la sede del Festival Internacional de Poesía (FIP Santiago 2018), dedicaremos esta página a los poetas, abriendo con unas esclarecedoras palabras de Jorge Luis Borges: “Mi suerte es lo que suele denominarse poesía intelectual. La palabra es casi un oxímoron; el intelecto (la vigilia) piensa por medio de abstracciones, la poesía (el sueño) por medio de imágenes, de mitos o fábulas. La poesía intelectual debe entretejer gratamente estos dos procesos”.

Eso, diría yo, es lo que logra el libro «Verde Noche», de Pablo Fante (Santiago, 1980). En una nota preliminar, el poeta chileno Carlos Cociña dice respecto de la poesía que ésta tiene una estructura, un soporte, así como lo tienen los objetos y los cuerpos. Pero, en poesía, “ese soporte cambia y sucesivamente adopta distintas posibilidades que constantemente son alteradas, transgredidas y reutilizadas en distintos momentos o espacios. Por ello conviven diversos cánones”. Lo interesante de Pablo Fante es que, para ser un poeta joven, rescata una estructura de otro tiempo: escribe sonetos y no, como lo hace la mayoría de los poetas actuales, verso libre.

Da la impresión que Fante –quien además de poeta es traductor, músico y videasta– se ha detenido, de algún modo, en el tiempo, y que ha entendido “cierto ritmo del tiempo”, a pesar de tener plena conciencia del sentido de muerte que éste implica. Jamás es un tiempo infinito, pero sí es “eterno el cadáver”. Su poesía es pulcra, delicada. No hace ruido. Deja, al contrario, escuchar el silencio y el vacío, anticipando el final “de todo lo que he sido”. Fante entiende, creo yo, que somos “todos parte de todo”, a pesar de tener un cuerpo propio y tantas muertes. Finalmente, siempre hay una angustia presente frente al final del cuerpo, de esa vida con nombre y apellido, y los versos están aquí como único refugio…

PABLO FANTE «Verde Noche» Poetas Libres, Chile, 2017. 73 páginas.

 

Una interesante poeta es Inga Gaile (Letonia, 1976). Su libro «30 cosas que la gente jamás se pregunta» es atrevido, desafiante, doloroso. Ella escribe con una pluma filosa y conforma un grito de denuncia feminista y política importante dentro de las generaciones jóvenes. Escribe con un sentido fuerte de la oralidad y, mientras leemos, parece que la estuviéramos escuchando hablar –o gritarnos– sin dar respiro. Aquí no hay tiempo que perder.

 

Inga Gaile

 

Aquí “Te pones de pie, creces, aprendes a controlar tus ataques de pánico,/ te conviertes en puente, en árbol, aprendes a mirar a la gente a los ojos,/ te haces amiga de gente sin brazos o piernas porque piensas que te entienden,/ escribes este poema, cariño, por milésima vez,/ esperando que un día se desvanezca”.

Sin embargo, en la poesía de Gaile hay un lugar importante para el amor, y mientras este amor parezca algo real, “¿cómo es posible dudar del Espíritu Santo?”. Existe, asimismo, un fuerte cuestionamiento de la maternidad y del rol que el hombre cumple en ella. Se cuestionan fronteras, fuerzas, orillas y, por supuesto, la guerra.

Mientras Fante escribe desde la erudición, Gaile escribe desde la calle. Ella escribe todo lo que ve, y escupe, de algún modo, ese asco que siente por la vida. No por la vida en sí. Por lo que la humanidad ha hecho de ella. ¿Quiénes son, finalmente, esta familia de humanos? Personas borrachas que atropellan a sus amigos, amos desenvainando espadas, seres sin paz ni dulces sueños. Y ante todo esto, llega “el otoño de Damasco” a su tierra, llega “ese tiempo en que no pudimos ser,/ sino sólo quedarnos quietos/ mirar fijo los arces en llamas/ y ver el mundo-/ lo dolorosamente bello que es/ en los días antes de morir”. Poesía que bien podría tener el tamaño y el talante de un arco de triunfo.

INGA GAILE «30 cosas que la gente jamás se pregunta» Editorial Cuarto Propio, Santiago, 2017. 49 páginas

Comentarios

  • "El mejor regalo que Dios ha dado en su abundancia fue la autonomía de la voluntad", Dante Alighieri (1265- 1321).
  • "La vida es misteriosa, los dioses caprichosos y nosotros inconstantes", Santiago Posteguillo (1967), novelista español.