¿Qué ha sido del New Age?

15/04/17 — POR
Ratings más, ratings menos, el fenómeno está ahí y la tarea más razonable consiste en tratar de entender sus características, aportando la mayor evidencia posible y quitándole espacio a las suposiciones gratuitas. Más que un misterio, se trata de un problema a resolver.

Si nuestro instrumento de medición fuesen las librerías y, en particular, las secciones  de  auto-ayuda,  el  fenómeno New Age pareciera  estar  disfrutando  de  muy  buena  salud.  Pero no resulta claro que se trate de un indicador confiable.

Las creencias y las prácticas que se pueden incluir en la denominación de New Age resultan demasiado variadas y se tiene la sensación de que no estamos frente a un conjunto homogéneo y estructurado de posturas. Una recolección improvisada considera cosas tan diferentes como la astrología, la meditación, la aromoterapia, el yoga, la creencia en los extraterrestres, el continente sumergido de la Atlántida o el triángulo de las Bermudas, la comunicación con los muertos, la sanación vía energía, el feng shui, la regresión a vidas pasadas, el aprecio por civilizaciones antiguas, medicinas y dietas alternativas, los fenómenos parapsicológicos, el crecimiento espiritual, el poder de la mente, el contacto con la tierra y los pueblos originarios, la cientología, el poder de los cristales, la adivinación, el karma, el trabajo con imanes, la magia, la reencarnación, el misticismo, el tai chi. No se trata, ciertamente, de una enumeración exhaustiva.

Es un conjunto de creencias y prácticas difícil de estructurar en un sistema consistente. Muchas personas se dedican a algunas de estas actividades y no al resto; otras asumen sólo ciertas creencias. Algunos analistas sospechan que la cobertura que los medios de comunicación dedican al New Age generan la impresión de que se trata de un fenómeno de mucho menor alcance del que se cree. Pero –ratings más, ratings menos– el fenómeno está ahí y la tarea más razonable consiste en tratar de entender sus características, aportando la mayor evidencia posible y quitándole espacio a las suposiciones gratuitas. Más que un misterio, se trata de un problema a resolver.

La  literatura  académica  y  científica  sobre  el  New Age es decididamente poca. Entendible, dado que un rasgo  advertido  persistentemente  entre  las  posturas New Age es, también, la desconfianza respecto de la ciencia.  Sin  embargo,  algunas  cuestiones  sustantivas pueden perfilarse con la investigación disponible. Por de pronto, la mayoría de los seguidores de creencias y prácticas New Age son mujeres; algunos estudios en el mundo de habla inglesa le asignan un porcentaje de un 80%. Por otra parte, se trata de personas con ingresos medios y altos, lo cual aleja el fenómeno de las áreas más pobres del planeta. Este no es un alcance menor, puesto  que  al  amparo  de  esta  tendencia  cultural  ha florecido una industria de productos que tienen costos: cursos, libros, viajes, etc..

Otra característica a tener en cuenta es la ausencia de una organización central, lo cual implica que no hay prácticas  universalmente  aceptadas y que se recomiendan, ni existe literatura oficial. Hay un tema en particular que genera muchas interrogantes.  El  análisis  de  los participantes  en  algunas  de  las prácticas indicadas muestran que se  trata  de  personas  que  tienen variadas  adhesiones  relativas  a religión: los hay católicos, protestantes, agnósticos y ateos. No hay incompatibilidad a este respecto. De lo poco que se sabe, las organizaciones evangélicas occidentales son las menos inclinadas a sumarse a prácticas New Age. La cuestión fundamental es la siguiente: ¿es, el New Age, un fenómeno religioso?

No hay coincidencias importantes entre los analistas e intérpretes. En particular, el problema central es si el New Age resulta asimilable al campo de las religiones o  bien  constituye  un  fenómeno  paralelo  o  diferente. Algunos autores han sostenido que forma parte de un proceso más general de resurgimiento religioso en las últimas tres o cuatro décadas. Ahora bien, cuando se hace el argumento que separa el New Age del campo religioso, se tiende a hablar, más bien, de espiritualidad. Según este planteamiento, el New Age podría ser eventualmente asociado al hecho de la secularización, en el sentido de pérdida de influencia de las autoridades religiosas tradicionales y la búsqueda de nuevas experiencias existenciales y de sentido.

La validez de la alternativa de separar el New Age del campo religioso convencional ha encontrado un interesante respaldo en una investigación desarrollada en 2013 en los Estados Unidos. Los investigadores Barry Kosmin  y Ariela  Keysar  se  propusieron  identificar  las preferencias religiosas de estudiantes estadounidenses de pregrado. Uno de sus  hallazgos fundamentales es que la descripción de la población sometida a análisis requirió ampliar las opciones de respuesta y agregar la alternativa “espiritual” como algo diferente de “religioso” y “secular”. De hecho, la opción “espiritual” alcanzó al 32,4% de la muestra. Por cierto, este resultado no se traduce literalmente como un 32% de jóvenes asimilables al New Age. Se trata de algo mucho más complejo y que refiere al surgimiento de una concepción de espiritualidad que se escapa de lo religioso convencional.

Recordemos que en el pasado estos conceptos eran prácticamente idénticos. Bien pudiera estar ocurriendo que el New Age haya sido la avanzada confusa e indiscriminada de una ruptura significativa con las religiones organizadas en iglesias, ritos intocables, escrituras incuestionables y jerarquías supuestamente infalibles. A diferencia del ateísmo, que prendió primeramente y ante todo en los medios intelectuales y académicos, el New Age escogió escenarios no institucionales. Su futuro está por verse.

Comentarios

  • “No puedes esperar que los dos extremos de una caña de azúcar sean dulces”, Proverbio.
  • “Técnicamente no soy muy bueno, pero puedo hacer aullar y mover una guitarra”, John Lennon (1940 -1980).