SEGÚN SEA LA ESCUELA SERÁ LA NACIÓN ENTERA

11/09/17 — POR

En los últimos años los estudios neurológicos sobre los procesos cerebrales han tocado las campanas de los colegios. Muchas metodologías educativas parecen desfigurarse a la sombra de la globalidad tecno o donde el facebook supera con creces el libro de clases. Un cambio formativo se está dando con o sin reformas. Por ello, un grupo de exitosos intelectuales de nuestro país, el Grupo 21, considera importante incluir el Pensamiento Pedagógico de Gabriela Mistral en las reformas actuales. ¿Cuál es ese pensamiento?

Por Heidi Schmidlin M.

 

 

86_Educacion_Inicio

Gabriela con sus alumnos de Coquimbo.

No tuvo escolaridad formal, pero logró decenas de doctorados, aprobó su examen de competencia, y es, hasta hoy, el mayor referente femenino mundial de la literatura chilena. Gabriela Mistral (1889-1957), la maestra de maestras, “tenía quince años, cosa apenas formada, yema de persona, y ya estaba ‘mascando piedras’ para que mi gente mascara pan”, se describe.

Desde los 21 años, Gabriela asume la dirección de diversas escuelas entre Coquimbo y Punta Arenas y en todas impone, como principio didáctico rector, la vida misma, “motivo para el cual, finalmente, se educa”, argumenta. Su clave es enseñar no sólo las letras, las matemáticas y los movimientos de física o química, sino la formación del carácter, la valentía y la singularidad de pensamiento. Dicta cátedra en el mundo entero, pero en Chile se le tilda de “maestrita rural”, especialmente entre “nobles” y “pelucones”. Hasta que recibe el Premio Nobel, en 1945. Ahí pasa a ser “nuestra Gabriela”, honrada en calles y monumentos pero nunca muy conocida. Sus métodos educativos sí cautivaron al filósofo José Vasconcelos, Secretario de Educación mexicano, quien la integra a las reformas cuando impulsa en su país –y en cierto modo logra– un profundo cambio social. Están de acuerdo en una pedagogía progresista, la de la Escuela Nueva (o Activa), que propicia una formación integral del ser humano, partiendo desde su ser espiritual/moral y se aleja de la visión germana que impera en Chile para formar “el cerebro como motor económico-laboral”. Tanto Vasconcelos (que lo aprende de Francisco Madero, Presidente de México entre 1911 y 1913) como Gabriela, tenían sus disciplinas espirituales: ambos eran semi budistas, cristianos y lectores de sus arquetipos: Platón, San Agustín y el filósofo Henri Bergson, entre otros preceptos que integran como fundamentos éticos de una “educación para el alma”. Desde la perspectiva mistraliana, el profesor no ejerce una función, “sino un oficio divino cuyo deber es buscar el desarrollo y la ampliación de la conciencia en el alumno”. El maestro le ayudará a reencontrarse con su vocación, que modelará con conocimientos para enseñarle a vivir. “Ser un humano educado, entonces era un Ser consciente”, explica el escritor Miguel Laborde. Apoyada en mentores progresistas como Ovide Decroly, Jean Jacques Rousseau y Maria Montessori, entre otros, Gabriela da forma a una profunda y acabada visión pedagógica que alienta a “enseñar en todo lugar, en la calle, como en la sala de clases. Enseñar con la actitud, el gesto, y la palabra” («Magisterio y Niño», de Roque Esteban Scarpa, 1979). Buscando “relacionar cada conocimiento con la vida”, propone en México el modelo de la Escuela (Granjas para los sectores rurales, y las Escuelas Nocturnas en las urbes), donde educa a los trabajadores mediante pedagogías centradas en la belleza y el pensamiento propio: “Que sepan distinguir lo esencial de lo accidental, lo indiferente de lo pernicioso”. En las comunidades indígenas establece las Misiones (educación itinerante). En todos los sistemas integra la participación activa de la comunidad: padres/madres, vecinos y personalidades locales; vialidad, horticultores, comerciantes, abuelos(as). Transversalmente, las propuestas tienen un centro de reunión y trabajos grupales: la biblioteca. Ahí la literatura, la expresión escrita y los talleres literarios son un eje troncal.

La reflexión que Gabriela deja sobre la actuación docente no hizo cosquillas en Chile, pero fue admirada en el continente. Los ejes de su Pensamiento Pedagógico “constituyen una legítima propuesta de reforma en los mé- todos de formación inicial de los maestros”, decía ya en 2008 el economista y profesor Ernesto Schiefelbein, Premio Nacional de Educación 2007, ex Ministro de Educación (1994): “La revisión de unos 50 de sus escritos sobre educación, elaborados entre 1908 y 1956, me permitió admirar su análisis sobre los principios pedagógicos, calidad de los textos escolares y maneras de aprender a leer. Para ella ‘El buen sembrador siembra cantando’ (Pensamiento Pedagógico 41) y ‘Toda lección es susceptible de belleza’ (Pensamiento Pedagógico 42). Como todo buen educador, Gabriela percibe que si el proceso de aprendizaje es entretenido, la experiencia genera una gran satisfacción que facilita el continuar aprendiendo”, destaca el autor de decenas de textos reformistas de la enseñanza.

 

86_Educacion_GabrielaMistral1

Gabriela con alumnas en México

 

EL PENSAMIENTO PEDAGÓGICO DE MISTRAL EN REFORMAS

La actualidad de sus objetivos y didácticas de aprendizaje resuenan hoy con tanta precisión que un conjunto de intelectuales chilenos encabezados por Gastón Soublette, y reunidos como Grupo 21, difundió una carta pública solicitando incorporar los Pensamientos Pedagógicos de la poeta elquina a las Reformas educativas: “Al preguntarnos por una educación que se centre en la calidad del aprendizaje, cuánta actualidad tiene este llamado (mistraliano) de levantar y forjar el alma, antes que edificios y otras materialidades”. Por ello, invitan a centrar toda discusión de cambio en la didáctica aconsejada por la Nobel: “Ama. Si no puedes amar mucho no enseñes al niño”. Estas y otras visiones se leen en la reciente publicación «Pasión de ense- ñar», donde su autor –el poeta, doctor en literatura y editor Ernesto Pfeiffer– recuerda la vigencia de estos pilares pedagógicos, considerados más una “curiosidad literaria” del pasado. Recalca que Mistral subraya “que un verdadero profesor no se hace por su título, sino por el oficio amado. Y luego denuncia que ‘intrusos son los que enseñan en un automatismo que mata el fervor y traiciona a la ciencia y al arte mismo’”, narra Peiffer.

El filósofo y académico Martín Hopenhayn ve reflejos de Mistral en Claudio Naranjo (aclamado psiquiatra especialista en educación, fundador de numerosos programas de desarrollo para profesores en el mundo), cuando señala que “la escuela es el espacio donde las nuevas generaciones están institucionalizadas y expuestas durante muchas horas al día a ser formadas. Por lo mismo, el tránsito hacia una sociedad del conocimiento, centrada en el desarrollo espiritual de todos y en un cambio acorde con ese desarrollo, tiene en la escuela su lugar clave… Al respecto, puede ser muy inspirador el ejemplo pedagógico de Gabriela Mistral y, por cierto, absolutamente vigente en cuánto al desafío de repensar radicalmente el modelo de educación de cara a los nuevos riesgos globales y la consiguiente urgencia por un cambio cultural profundo”. Reafirma esto último en tres consideraciones, pensando en un nuevo modelo inspirado en los pensamientos mistralianos: “La educación en el aula no tiene sentido si no es cómo experiencia de aprendizaje y en esta experiencia es mucho más importante la pasión por aprender que el contenido especifico. Tal pasión por aprender se da de modo espontáneo en la trayectoria de los alumnos, cuando lo que aprendan les habla de ellos mismos de una manera en que la autocomprensión se constituye en descubrimiento. Contenidos relevantes son aquellos que le devuelven al alumno la imagen más completa de quiénes son, qué les inquieta, en qué mundo están parados y cómo ese mundo los determina. Por último, el profesor no puede ser un mero eslabón en la correa de transmisión intergeneracional de información, sino una figura que acoge, desafía, refuerza y eleva”. Hopenhayn concluye: “Demás está decir que éstos son casos raros y especímenes en extinción. Pero no es por desidia ni renuncia, sino porque deben desenvolverse en un ambiente donde campea el estrés, la precariedad, la deficiencia formativa y el bajo reconocimiento”.

 

Comentarios

  • "Nuestro objetivo era salvar el planeta y alterar la conciencia humana. Eso llevará mucho tiempo, si llega a pasar", Allen Ginsberg (1926- 1997).
  • “La felicidad anida más en la nobleza de un bosque que en el lujo sin verde”, Carlos Thays (1849 - 1934), paisajista argentino.