SIEMPRE ES VERANO EN CALIFORNIA

27/03/18 — POR

Por Gonzalo Schmeisser.

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Case Study House N°8, también conocida como Casa Eames.

 

L a Segunda Guerra Mundial (cuya última bala se disparó algún día de 1945, pero sus efectos secundarios hirieron al resto del siglo XX), más allá de los resultados evidentes de la catástrofe humana y material, significó una torsión de alcances globales sin precedentes, la ruptura de varios paradigmas y el entierro definitivo de la cosmovisión del mundo antiguo. Lo expresivo de este quiebre se expande aún más si se toma en cuenta el grado de inmediatez con que se sucedieron los cambios una vez apagados los fuegos.

La profundidad del trauma permeó en todos los estratos de la actividad humana: la economía, la política, la cultura, la filosofía, la tecnología e incluso la demografía, y los códigos de convivencia tuvieron que reinventarse. Para la arquitectura en particular, que ya venía experimentando una renovación derivada de los avances tecnológicos y de las nuevas corrientes filosóficas, la Segunda Guerra significó la muerte de un modo de pensar y de hacer; y la instalación definitiva de las ideas de los arquitectos europeos del Movimiento Moderno, que se volvió algo así como la arquitectura institucional: lo que había que hacer.

 

ARTS & ARCHITECTURE

Así lo pensó John Entenza, editor de la muy vanguardista «Arts & Architecture», cuya edición mensual dictaba las normas del buen gusto de los ciudadanos de Los Angeles, publicando lo más granado de la arquitectura y del diseño californiano, aún en fase larvada. Y tal vez no haya otra ciudad que represente mejor la prosperidad económica de la posguerra como Los Angeles, temprana y prolongadamente convertida en la imagen ideal del “sueño americano”: la revista era el hogar de ese sueño, con su estética moderna y su promesa de una vida puramente práctica. Entenza vio en el bombástico triunfo bélico estadounidense y su mediatización, la oportunidad de incluir a la arquitectura californiana en el espectáculo en que se estaba convirtiendo la cultura y la sociedad del gigante del norte, un país formado por retazos que calculadamente consolidaría su imagen de mega potencia a partir de ahí.

Hasta ese momento, el hábil esquema comercial que sustentaba la existencia de la publicación (básicamente entregar un 50% del espacio a la publicidad, principalmente a empresas de venta de productos para el hogar y materiales de construcción), había permitido convocar a algunos de los mejores arquitectos y escritores locales, quienes se repartían las páginas entre bocetos, fotos de maquetas, planos e imágenes de viviendas unifamiliares, ensayos sobre temas diversos y llamados a concurso, todo con un tinte sumamente contemporáneo y refrescante.

Terminada la guerra, había llegado el momento de llevar los ideales a la práctica.

 

CASE STUDY HOUSES

Pocos meses antes de que el ejército de Estados Unidos descargara su furiosa venganza sobre territorio japonés, dando por finalizada la masacre, «Arts & Architecture» publicaba la primera de una serie de casas agrupadas bajo el concepto de programa. La idea del Case Study Houses Program era dar impulso a un sistema de publicidad y promoción de algo así como “la casa del futuro”. La idea era que lectores ricos de la revista y algunas marcas de materiales interesadas en emparentarse con la imagen de lo que todos acordaban era la Modernidad, se atrevieran a financiar la construcción y exposición de obras de arquitectura tan vanguardistas como rentables. Luego la revista se encargaría de darles un relato, posicionándolas como el ejemplo a seguir y, de paso, transformándolas en el anhelo al que todo estadounidense promedio debía aspirar, atendiendo a la bonanza económica que asomaba con bríos en el horizonte.

El mismo Entenza se encargó personalmente de confeccionar un listado de arquitectos y extenderles la invitación a participar del programa, impulsando además las carreras de nombres que hoy nos parecen habituales pero cuyo brillo entonces sólo era local. Ahí están Richard Neutra, Raphael Soriano, Charles Eames y Eero Saarinen, entre otros. La invitación era la de pensar una arquitectura ideal para una sociedad nueva, a color y tan cansada de la violencia que la perspectiva de una vida estable –en una casa de formas limpias, trazos regulares, muy aireada y muy luminosa– pareciera lo más cercano al paraíso. Complementariamente, el énfasis debía ponerse en ser una respuesta eficaz a la nueva necesidad de vivienda, que en ese momento –con millones de personas sin hogar– se presentaba como el principal problema de Occidente.

Así, las casas fueron proyectadas entre los márgenes que podían ofrecer los elementos estandarizados y fabricados en serie, modelos prototípicos y de rápido montaje. En ese esquema, los diseños de las plantas se fueron simplificando, y los espacios, ganando fluidez, especialmente gracias a la excelente resistencia del acero de vigas y pilares que, además, permitieron reducir al mínimo las pendientes de los techos para aprovechar las bondades del clima californiano.

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Case Study House N°21, de Pierre Koenig. 8. Case Study House N°8, también conocida como Casa Eames

Otra innovación fue el magnífico trabajo de las fachadas vidriadas para inundar los interiores de luz. Este cambio vino de la mano de un gesto que hoy nos parecería trivial pero que significó un gran cambio: la eliminación del antepecho y el surgimiento de la ventana de piso a cielo, la “ventana corrida” de Le Corbusier llevada a su máxima expresión. Esta idea permitió desdibujar los límites y modificar sustancialmente la relación entre el adentro y el afuera, trayendo el exterior al interior. La arquitectura y el paisaje ahora dialogaban y las vistas –sólo interrumpidas por la fina perfilería– conseguían ampliar el espacio mental del habitante. Toda una revolución.

La gestualidad venía además acompañada por una cuidada selección del mobiliario, entendida la arquitectura y el diseño como un solo ejercicio complementario y mancomunado. Las Case Study Houses se presentaban con muebles ad-hoc a la arquitectura. Sillas, mesas, camas, lámparas, libreros, alfombras e incluso artefactos de cocina eran parte fundamental de la composición y muchas veces diseñados por los mismos arquitectos. Una estética de la Modernidad, cuya inspiración encontraba su origen en la utopía de la tecnología y que iba a ser ampliamente recogida por el cine y la TV de la época –véase la serie animada de «Los Supersónicos» (1962), o el filme «2001: Una Odisea del Espacio» (1968)–, en tiempos en que todos se empeñaban en predecir el futuro.

Los inéditos grados de libertad ganados por la sociedad estadounidense de la posguerra, en parte gracias a un modelo económico que, en el discurso, ampliaba las libertades individuales, estaban teniendo su repercusión en la forma en que comenzó a entenderse la arquitectura. Rotas las convenciones sobre lo que debía ser la vivienda de la familia promedio y conscientes de su rol en la instalación en el inconsciente colectivo de lo que debía ser el statu quo habitacional, los empoderados arquitectos de las Case Study Houses se atrevieron a experimentar.

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Case Study House N°20, Casa Bass;

 

CASA EAMES

De las veintiocho casas y dos departamentos que fueron parte del plan, la que mejor refleja su espíritu innovador y que se ha convertido en la postal del programa, es la Casa Eames (1949). Obra del excéntrico y multifacético matrimonio formado por los arquitectos Charles y Ray Eames, es el ejemplo mismo de la casa modular moderna.

Articulada a partir del largo de las vigas y pilares de acero que pudieron conseguir en el mercado, la casa Eames minimizó el ejercicio de la construcción a una tarea sencilla, optimizando recursos y acelerando al máximo los tiempos de la arquitectura: la casa fue levantada en menos de tres semanas.

Su carácter experimental, fruto de la mente juguetona e hiperkinética de sus creadores, dio cabida también al diseño de una trama de perfiles negros que encuadran la vista desde el interior y la incorporación del color en la fachada gracias al uso del plexiglás (otra innovación: el plástico en la arquitectura).

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Case Study House N°8, también conocida como Casa Eames.

El fuerte contraste entre el exterior (en materiales fríos como el acero y el vidrio) y el interior (cálido en madera y textiles), su generosa decoración, repleta de objetos (máscaras africanas, alfombras persas, plantas tropicales y sillas diseñadas por los propios arquitectos); además de su complexión recta, limpia, racional, la doble altura y su fachada poniente como sacada de un cuadro de Mondrian; esta casa dio vida al sueño de Entenza y perpetuó en el colectivo esa imagen de una California alegre, viva, natural. La idea de que en California siempre es verano.

Y lo que no es menor, una casa que porta el estandarte de lo que la arquitectura debía ser a partir de entonces, un ejercicio experimental alejado de los dogmas clásicos y de cualquier rimbombancia simbólica, para dar paso a una expresión individual, la fiel representación de la búsqueda interior del significado de la vida, después de tanta muerte. Una casa reflejo, por fin, del espíritu del verdadero y renovado –aunque tardío– hombre del siglo XX.

Comentarios

  • "El cine tiene que producir sosiego", Azorín (1873- 1967), escritor español.
  • "Si se ignora al hombre, la arquitectura es innecesaria", Alvaro Siza (1933), arquitecto portugués.