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“SIENDO ABSTRACTA, NECESITO LA SEGURIDAD DE LO CONCRETO”

19/11/17 — POR

TRAZOS FINOS, NOBLES Y MARCADOS SE APRECIAN EN «FRAGMENTOS REVELADOS». LA NUEVA EXPOSICIÓN DE ELVIRA VALENZUELA, EN LA GALERÍA PATRICIA READY, ENTRE EL 6 DE DICIEMBRE Y EL 19 DE ENERO.

Por Jessica Atal K.

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«Fractura Temporal»

Elvira Valenzuela nació en 1981 y ya tiene una trayectoria reconocida como escultora. Pide una Coca Cola y habla con naturalidad, como si estuviera acostumbrada a discutir sobre su trabajo, mirándome con intensos ojos café y un rostro anguloso que recuerda la geometría de su obra. Trazos finos, nobles y marcados que se aprecian en «Fragmentos Revelados», su nueva exposición, que estará en la Galería Patricia Ready entre el 6 de diciembre y el 19 de enero.

–Te iniciaste en el grabado, ¿cómo derivaste a la escultura? “Mi grabado era súper escultórico, tridimensional. Me especialicé en escultura. Antes de irme a España ya estaba influenciada por Eduardo Chillida y Jorge Oteíza”.

–Oteíza pasó de la escultura a la poesía. Se refirió a ella como “el Dios mío de papel”. Terminó afirmando que el arte había concluido y se inclinó por la negación de la materia. ¿Entiendes que se llegue a ese extremo? “No. Para mí la escultura es algo interminable. Siento que su postura es un poco soberbia. Lo admiro, pero le faltó esa libertad de decir ya, pero qué pasa con este material y con este y con este otro”.

–Eduardo Chillida, en cambio, hace una exaltación de la materia con esculturas a gran escala. Crea “lugares” en espacios públicos. ¿Te proyectas así? “Él explora miles de opciones. Estuve influenciada por estos espacios; me llevó a lo que hago hoy. Me fijo en el espacio no ocupado, no en la forma sino en lo que se entrevé. Él trata el espacio con libertad y con peso. Su escultura vive en él. Lo penetra”.

–Mencionaste el Surrealismo como filosofía detrás de tu arte. Sin embargo, veo una estética muy acabada en tu obra. ¿Cómo opera tu inconsciente allí? “Sí, me acuerdo que Waldemar (Sommer) dijo: ‘qué Surrealismo’; si no tiene nada de Surrealismo mi arte. Pero yo lo veo en el equilibrio y la tensión que se genera. A veces una obra está apoyada en tres puntos tan mínimos que dices ‘esto es surrealista’. A eso me refiero. Al peso o equilibrio que se genera sin querer. O sea, me sale el equilibrio por surrealista, por inconsciencia, no sé”.

–Tu proceso de creación parte con un boceto, después un período de reflexión y luego el trabajo práctico. ¿Te refieres a que tienes la idea de dónde quieres llegar, pero en el camino te desvías? “Con la mayoría de las obras me sucede eso. Y lo agradezco. Cuando estás trabajando, te das cuenta de muchas cosas. Hay una frase de Alberto Giacometti que para mí es esencial: ‘Sólo trabajando sé lo que veo’. Me identifica mucho. Ahí está lo que los pintores llaman ‘accidente’. De repente, hay texturas o formas o relaciones y digo: esto es mucho más interesante que lo que había planeado en principio”.

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«La subestimación del retroceso»

–¿Te angustia encontrarte en esa situación? “Sí. Por supuesto. Es mucho más fácil dibujar una obra y hacerla tal cual hasta el final sin pensar, sin accidente”.

–¿Tu obra apunta a la belleza, a la armonía? “Claro. Pero a esta belleza escondida, sugerente. No es lógica ni obvia. Mi obra sigue una línea clásica, pero hago dos tipos de esculturas. Unas son para empresas. Esculturas bellas, tranquilas, armoniosas. Es mi obra pacífica. No genera tanta reacción”.

–¿El arte como objeto de adorno? “Sí, muy vendible. Y esta obra, que me motiva mil veces más. Quizás no busca lo bello, sino que provocar”.

–¿En qué se diferencia esta muestra de las anteriores? “Es muy diferente. Las otras partían de un tema y ahí se elaboraba la exposición. Aquí es al revés. Las esculturas me mostraron el tema. En la medida en que trabajo se van liberando retazos, pedazos de acero. Los llamo fragmentos, ‘restos de’. En el taller tengo tiempo para mirar y pensar y de repente me doy cuenta, al poner un fragmento al lado del otro, que la imagen de lo que sobra es más interesante que la obra que quiero hacer. Desde hace tiempo guardo trozos. Son estructuras muy sugerentes. Hay una forma que yo estudio y trabajo y logro en la escultura, pero después, sin querer, veo el pedazo que dejé y digo: ‘oye, esta forma es mucho mejor que la que yo estuve meses tratando de lograr’ ”.

–Has trabajado el tema del devenir de la naturaleza… “He estado trabajando en cómo la naturaleza va poco a poco retrocediendo por el solo hecho de coexistir con el ser humano. Al final, lo que va quedando son fragmentos de la naturaleza. Yo también voy dejando fragmentos en mi trabajo. Todo el mundo deja rastros, en el fondo. Quise incluir esta naturaleza desfragmentada, estas piedras volcánicas rodadas, que van cayendo y se van desgastando. Con el acero hay una doble lectura, porque se quiere proteger la piedra con el acero, pero al verla uno dice: ‘¿la estoy protegiendo o la estoy ahogando?’ El acero lo trato como civilización estudiada y la piedra como naturaleza. ¿El acero la está protegiendo o la está coartando?”.

–Se ve la idea de la contención. ¿Puede ser eso la escultura, una forma de contención? “Depende, porque la escultura contiene tu imaginación, tu querer. Muchas veces contiene el paisaje al reproducirlo. Un fragmento no es lo que se ve, no es lo que se muestra. No se muestra la rebarba del mármol. Se muestra la mesa perfecta. Aquí hay esculturas donde el fragmento es el acero y el mármol lo contiene. El mármol deja ver un lado fragmentado, pero que aprieta estos fragmentos de acero. Esto fue el principio de algo nuevo, una nueva mirada. ¿Qué pasa si la naturaleza lo contiene a uno en vez de uno querer contenerla?”.

–¿La escultura te contiene a ti como ser humano? “Totalmente”.

–Según Chillida, la escultura lo eligió a él, no él a la escultura. ¿Fue así contigo? “Creo que la escultura me eligió a mí y yo la elegí a ella, no sé. O ella se me apareció”.

–¿Cómo se te apareció? “Nunca pensé que iba a ser escultora. Lo mío era el grabado o la pintura. En la universidad, con ramos de escultura, con Iván Daiber, la descubrí y me di cuenta de lo grande, libre y amplia que puede ser”.

–¿Sientes que un artista tiene más libertad en la escultura que en la pintura? “Para mí sí. Pero quizás para un pintor no. O sea, a mí me pones una tela en blanco y ahí sí que me muero. No sé qué hacer”.

–¿Seguirás trabajando el tema de la Naturaleza, en el sentido de que tienes que usar materiales que provienen de ella? “No sé. Partí con el acero inoxidable por su nobleza. Es muy pulcro y a mí me gusta eso. Y es muy preciso. Yo quiero que termine de una forma y termina así”.

–Como que tienes el control… “(Risas) Exactamente. Lo que no tengo en mi casa, lo tengo aquí. Tengo el control del acero. Entonces, entre el control del acero y lo incontrolable de la Naturaleza, ahí se genera el equilibrio. Y el desafío también”.

–Trabajas en un taller en El Arrayán. ¿Cómo es tu rutina diaria? “Arriendo ese lugar desde el 2005, cuando llegué de España. Mi rutina es muy de oficina. Me voy al taller a las 8 de la mañana y a las cuatro regreso a mi casa. Antes trabajaba hasta más tarde, pero ahora tengo tres niños y estoy esperando el cuarto. Soy súper exigente. Hay un solo día que no voy al taller, es cuando hago los turnos en el colegio, voy al supermercado…”.

–¿Por qué piensas que las civilizaciones se desarrollan matemáticamente equilibradas? “Quizás el concepto que tengo es muy arquitectónico. Cada vez se generan más fragmentos, porque las cosas son desechables. Es una filosofía totalmente transversal. En el paisaje, en la mente… Lo veo en la materia. Soy muy concreta. Siendo que trabajo la forma abstracta, al mismo tiempo necesito la seguridad de lo concreto. La materia”.

–¿Te imaginas siendo o haciendo otra cosa? “¡No! Me gusta mi independencia y la escultura. Me fascina la soledad… Si me preguntas cuál es mi sueño, te diría ‘Este’ ”.

 

Comentarios

  • "El cine tiene que producir sosiego", Azorín (1873- 1967), escritor español.
  • “Un hombre hace lo que puede. Una mujer hace lo que el hombre no puede”, Isabel Allende (1942).