Tecnología “de punta”

03/11/16 — POR
El cuchillo es el utensilio más utilizado por nuestra especie y sin cuya invención jamás habríamos conquistado la cadena alimenticia ni se hubiesen generado cambios decisivos en nuestra fisonomía.
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En 1925, el arqueólogo Howard Carter encontró dos dagas: una de hierro y otra con una lámina de oro, dentro de la envoltura de la momia de Tutankamón.

DESECHABLES ORÍGENES

Hace unos 2,6 millones de años, nuestros parientes homínidos desarrollaron los primeros utensilios cortantes. Cuando los seres humanos (Homo sapiens) entraron en escena, emergió una serie de herramientas de última generación, y el cuchillo llevó la delantera junto a la necesidad imperiosa del hombre paleolítico por cortar y desmenuzar la naturaleza para alimentarse, vestirse y abrirse camino. Estos primeros cuchillos de piedra se fabricaban a medida que se necesitaban y luego eran desechados (como las modernas hojas de afeitar).

Al iniciarse la Edad de Hierro (hace unos 3.500 años), el desarrollo de la minería favoreció el procesamiento y creación de utensilios y el cuchillo lideró esa carrera tecnológica.

Así, durante un 99,99% del tiempo histórico de la Humanidad, esta herramienta ha sido una fiel y multifuncional compañera: se ha usado en los hogares, en el mercado, en la guerra y en los altares de sacrificio. Se ha empleado para tallar madera, cortar alimentos e, incluso, para facilitar la higiene personal.

ARMA BLANCA

En el escritorio de todo calígrafo no podía faltar la “cortaplumas”, que -como su nombre lo indica– era una pequeña navaja utilizada para cortar las plumas de ave.

En el escritorio de todo calígrafo no podía faltar la “cortaplumas”, que -como su nombre lo indica– era una pequeña navaja utilizada para cortar las plumas de ave.

Junto con los fines prácticos, los cuchillos han tenido usos icónicos. En Roma antigua, por ejemplo, era habitual llevar siempre una daga como símbolo de poder, fuerza, determinación y coraje. Por desgracia, para sus modernos amantes lucir hoy una al cinto sería visto con suspicacia, pues antes que una herramienta se la considera un arma. En defensa de este puñal, valga aclarar que los archivos judiciales revelan que la creatividad humana puede ser infinita y es posible convertir palas, taladros, sierras eléctricas y lápices en objetos tan mortales como las dagas, que tantos mártires han dejado en la historia.

El hallazgo del hierro implicó una gran ventaja tecnológica por sobre las herramientas anteriores y la coronación material sucedió cuando el hierro se mezcló con un poco de ceniza de madera (carbono) y entonces nació el acero. La capacidad de contar por primera vez con artefactos de un material tan duro y flexible, condujo a que éste se convirtiera en el estándar absoluto para la fabricación de hojas de cuchillos. Algunos sostienen que el mismo resplandor “blanco” del acero, condujo a que se denominara “arma blanca” a las herramientas cortantes –espadas, puñales, navajas–, que relucían brillantes como las cotas de malla y arneses caballerescos. Otras fuentes nos ayudan a inferir que todas las armas de punta y corte pasaron a llamarse así después de la Edad Media, aludiendo a los objetos que derivaban directamente de las armas “vírgenes” o “blancas”; aquellas que se mantienen faltas de bautismo de guerra por parte de los caballeros iniciados.

…Y DE DOBLE FILO

Tal como las dagas, los cuchillos estaban afilados por ambos lados de la hoja, hasta que el rey Luis XIII, al ver a un comensal mondándose los dientes con uno, decidió tomar medidas en pro de nuevos y cortesanos modales. Ya en 1630 se prohibió en Francia el empleo de cuchillos de mesa con punta para combatir la vulgaridad, evitar cortes y erradicar la limpieza de dientes y uñas durante las comidas. Si durante la Antigüedad y toda la Edad Media ese mismo cuchillo de cintura con el que se destripaba a los enemigos servía para pelar y llevar los alimentos a la boca, en el Barroco la costumbre cambió radicalmente, pues emergió el cuchillo de mesa que era casi idéntico al que hoy conocemos: con una hoja de acero de un solo filo, punta redonda y un mango más estilizado. Un cubierto sofisticado y casi inofensivo (que pondría fin a la vieja costumbre de clavar el cuchillo en las mesas de las cantinas).

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Navaja multifuncional fabricada en Alemania hacia 1880, Museo Nacional de Historia Americana, Washington DC. (8,89 x 8,89 x 23,49 cm.) Esta maravilla, además de muchos cuchillos y tijeras, incluye lápices, un espejo, y un mini revólver calibre 22 de cinco disparos.

En el siglo XIX, los cuchillos integraban parte de la cubertería que todo hogar de “buen gusto” poseía. Ya entonces se producían industrialmente en acero o plata, siendo infaltables obsequios matrimoniales hasta muy avanzado el siglo XX. La cultura culinaria y el lujo hicieron al hombre olvidar en parte su capacidad mortal, convirtiéndolos en una suerte de delicadas espátulas de salón, pero basta ver colecciones virtuales o físicas para reencontrarnos con ese cazador-recolector que hemos sido. Desde los cuchillos más antiguos y rudimentarios, hasta los más lujosos y ornamentados, estos objetos han sido capaces de aunar nuestra animalidad y sofisticación, pues por un lado fue gracias a ellos que se potenció nuestro consumo de carne, pero también gracias a ellos cambió para siempre nuestra constitución cerebral; nuestros dientes se redondearon y nuestra cavidad bucal se hizo más pequeña. Homenajear entonces al cuchillo es rendir tributo a la memoria tecnológica y subrayar su lugar cultural como verdadera obra del arte de sobrevivir.

Comentarios

  • "No soy una mujer, soy una fuerza de la naturaleza", Courtney Love (1964).
  • "Un pedazo de luna en el bolsillo es mejor que la pata de conejo", Jaime Sabines (1926- 1999), escritor mexicano.