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TIZIANO «Desollamiento de Marsias»

18/10/17 — POR
El célebre artista veneciano pintó este cuadro en el ápice de su extendida fama. Es quizás la última de las pinturas que él llamó “poesías”, un conjunto de obras realizadas a partir de las míticas historias relatadas por Ovidio y a las que Tiziano daba el mismo estatus de libre creación que se le otorgaba a los poemas. Por Sandra Accatino.
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LA MUERTE DE MARSIAS, el sátiro que desafió en competencia musical con su rústico aulós a Apolo y su arpa, es narrada por el poeta romano Ovidio en el libro VI de sus «Metamorfosis» (c. 8 d.C). En el texto, el recuerdo del suplicio que sigue a su derrota irrumpe en pocos versos y de improviso, entre otras historias de personajes dominados por la soberbia y la desmesura. A pesar de su breve mención, es difícil que el lector olvide la escena. “¿Por qué me arrancas de mí mismo?’, grita Marsias … Y mientras grita le arrancan la piel del cuerpo y todo su cuerpo no es más que una sola llaga. La sangre fluye por todas partes, los músculos quedan al descubierto, las venas sin piel laten temblorosas, y en su pecho se podrían contar los órganos palpitantes y las entrañas que se trasparentan. Le lloran los campestres Faunos, divinidades de los bosques, sus hermanos los Sátiros … La fértil tierra se empapa y una vez empapada de las lágrimas que caen las reúne y las absorbe hasta sus profundas venas acuíferas. Luego las transforma en una corriente que hace brotar de la superficie”.

La pintura que realizó Tiziano (c.1485–1576) a partir de estos versos también perdura en la memoria del espectador. Es esta la imagen que Susan Sontag recuerda cuando señala, en «Ante el dolor de los demás» (2003), que “un horror inventado puede ser en verdad abrumador”. “Me resulta difícil ver el espléndido cuadro de Tiziano en el que Marsias es desollado”, escribe en un paréntesis que irrumpe en su discurso tanto como el relato que hace Ovidio del suplicio en las «Metamorfosis». Tiziano representó a Marsias con el cuerpo de un fauno que cuelga, sujetado por los pies, de un árbol. La imagen evoca las escenas de cacería, pero también las de mártires cristianos como Pedro, que fue crucificado en posición invertida, y otros más recientes, como el general veneciano Marcantonio Bramantin, que había muerto desollado por los otomanos en Chipre, unos años antes, en 1571.

En el cuadro, el instrumento de viento pende silencioso del árbol con su dueño, mientras un músico toca la lira de brazo y acompaña con su música el suplicio que Apolo ejecuta al sátiro junto a otro personaje. A ellos se acerca un fauno con un balde de agua para aliviarlo del dolor, al mismo tiempo que un pequeño perro lame la sangre que, en la pintura, ya comienza a convertirse en una vertiente de agua. Este detalle, que Erwin Panofsky calificó “de una brutalidad gratuita”, no aparece en el dibujo ni en el fresco del pintor Giulio Romano (1499-1546) que inspiró la composición de Tiziano. Tampoco aparece en ese dibujo el pequeño fauno que sujeta, en la esquina derecha de la pintura, a un amenazante perro. Uno y otro nos observan, involucrándonos en la escena que Tiziano pintó, a diferencia de Giulio Romano, desde un punto de vista muy cercano, similar al que tiene el rey Midas al interior de ella.

Sentado en el lado de los vencidos, Midas, que había defendido a Pan en otra disputa musical con Apolo y había recibido por ello orejas de asno, contempla con melancolía la venganza del dios olímpico. Se suele identificar en sus rasgos el autorretrato de Tiziano. Ubicados frente al cuadro tan cerca como él, podemos ver las gruesas manchas que colocó con el pincel y sus dedos en toda la superficie de la tela. Las figuras, a esa distancia, parecen disolverse en esas manchas. Al alejarnos, sin embargo, los personajes vuelven a aparecer. En su tiempo, los cultos espectadores de sus pinturas percibían en ese efecto una sensación de movimiento y vida, pues completaban con su imaginación lo que las manchas apenas sugerían. También nosotros vemos, a través de ellas, la palpitante vida que describió Ovidio en el acto mismo de transformarse, no por súbita metamorfosis sino a través de brutal y largo tormento, en muerte.

SANDRA ACCATINO es académica del departamento de Arte de la Universidad Alberto Hurtado. Ha publicado diversos capítulos de libros, artículos y ensayos sobre pintura europea, arte de la memoria y coleccionismo.

Comentarios

  • “Todas las ideologías que justifican el asesinato, acaban convirtiendo al asesinato en ideología”, palabras de un juez tras la muerte de Isaac Rabin.
  • "La idea no es vivir para siempre, la idea es crear algo que sí lo haga", Andy Warhol (1928 - 1987).