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TOMÁS BROWNE LA POÉTICA DE LOS HONGOS

17/06/18 — POR

El artista y poeta chileno expone «Micopoiesis» en la Galería Patricia Ready, una muestra en la que los hongos se convierten en un medio para crear una suerte de escritura visual a partir de las huellas que dejan sus esporas, y a través de las que el expositor busca darles una voz a estos organismos misteriosos y fascinantes.

Por Evelyn Erlij

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En los alrededores de Santiago sobran los paisajes verdes, las montañas, los rincones donde observar la naturaleza, pero no muchos tienen el hábito de salir de paseo a lugares donde no existen el cemento ni la luz artificial. En Europa, en ciudades como Berlín o París, la cultura de los bosques –de tomar un auto para ir a caminar por el barro, recolectar frutos o perderse entre los árboles– es parte de la vida cotidiana, y dentro de esa costumbre, la búsqueda de hongos es un universo aparte, una aventura que tiene sus propios rituales y una actividad tan popular que hasta existen festivales que la celebran. Desde Cataluña hasta los Balcanes, desde California hasta Oslo, la recolección de setas es casi un deporte.

Puede sonar extraño en esta parte del mundo, donde asociamos mentalmente a estos organismos con descalificaciones de todo tipo (“vale hongo”, “población callampa”), y quizás sea justamente por lo ajeno que nos resultan, por la extrañeza que nos generan: un hongo no es sólo una suerte de bisagra entre el reino vegetal y el reino animal, también es un elemento misterioso que provoca una sensación que oscila entre la fascinación y el miedo. Los asociamos a la muerte, a la descomposición, al veneno, pero también a la imagen idílica de los bosques, esa que retratan los cuentos y los dibujos animados. Recolectarlos puede ser una experiencia divertida, pero también peligrosa: implica observarlos, reconocerlos, inspeccionarlos; de la misma forma en que un pintor examina un objeto antes de retratarlo.

Mientras buscaba hongos en un bosque de Noruega, país donde vive desde el año pasado, el artista chileno Tomás Browne (1982) se dio cuenta, justamente, de que el arte y las setas no son dos mundos tan distantes. “Entre un montón de hongos del porte de una mano abierta, unos montados sobre otros, vi las láminas de uno impresas sobre el sombrero de otro, y esa es la anécdota que me dio la partida para ponerlos sobre papeles en los que, gracias a las esporas, sus láminas y poros se revelaban”, cuenta el poeta visual, que ha desarrollado su obra entre Chile, Noruega y Australia. Así nació la idea que da vida a la exposición «Micopoiesis», que se exhibirá hasta el 13 de julio en la Galería Patricia Ready, y en la que, como su nombre lo sugiere, los hongos son los creadores de las obras.

Browne comenzó a experimentar con estos organismos, los posó sobre papeles, los puso en contacto con tintas sintéticas y los sometió a corrientes de aire delicadas. El resultado de esos y otros procesos de prueba fueron láminas con estampados de esporas, manchas abstractas que recuerdan a las serigrafías de flores de Andy Warhol o a algunas pinturas tardías de Cy Twombly, como la serie «Blooming», contornos de elementos orgánicos que remiten a medusas, pétalos, células, glóbulos; estallidos de colores y formas que funcionan como huellas inmortales de especímenes mortales. Una de las múltiples lecturas de «Micopoiesis» podría ser esa: a través de este experimento –suerte de escritura visual a partir de hongos–, el artista le da una voz y una nueva vida a estas entidades efímeras que aparecen en la naturaleza con la misma facilidad con la que desaparecen y se descomponen.

“Cuando retiré los sombreros de los hongos, me quedé deslumbrado con lo que éstos eran capaces de entregar: era como si el jugo de una frambuesa imprimiera en detalle la forma de esta fruta. Esto me llevó a entender que estaba haciendo un trabajo sobre los hongos con los hongos, es decir, el material se transforma en medio y en fin. Dicho de otra forma, en vez de hacer un cuadro de naturaleza muerta, se hace un cuadro de naturaleza viva. La micopoiesis es eso: los hongos haciendo con los hongos. Es ahí que comienza una suerte de mayéutica, donde yo quiero ser un partero que los ayuda a decir lo que tienen que decir. Eso me llevó a sacarles más información, a experimentar con ellos y a querer exponer los resultados”, explica Browne.

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ESCRIBIR CON HONGOS

En las distintas láminas que conforman la muestra, las callampas hablan a través de sus propios trazos, de sus filamentos, de sus texturas impresas, de sus esporas, que van dibujando formas y estrías. No es primera vez que el artista se interesa en la creación de escrituras a partir de elementos que no tienen que ver con la grafía, sino con huellas, vestigios o manchas hechas con materiales orgánicos: en la muestra «Antropocéano» (2016), por ejemplo, expuesta en el taller La Galería, de Punta Arenas, Browne dispuso algas y plásticos, subrayando párrafos de artículos científicos sobre la contaminación en los océanos o creando al pie de página de los textos composiciones similares a las que se encuentran en el agua contaminada por esos residuos. Es lo que la artista Ana María Briede llama en el catálogo de «Micopoiesis» una “diagramación con formas y texturas”.

“Ejercito mi voluntad para leer sin alfabeto, porque en los organismos hay un significado más allá del que le damos”, detalla el creador, quien se considera más un “poeta visual” que un “artista”. “Comencé siendo poeta, usando la hoja como Mallarmé, pero ahora las palabras escasean (…). No tengo ninguna de las técnicas que les enseñan a los artistas en la academia, y no manejo la métrica con la exactitud que se debiera. Escribir es mi forma de dibujar. Escribo frases sobre frases sobre frases que se anudan con mil millones de letras. Ese es mi dibujo. Ser poeta visual me libra de ser sólo poeta y de ser sólo artista”, agrega.

En «Micopoiesis», Browne vuelve al tema de la intervención humana en la naturaleza a partir de desechos que encontró en sus caminatas por el bosque, en Oslo: “Me interesaba ver cómo se comportaban los hongos con lo que vi a su alrededor: basura, plásticos, metales pesados, harapos, pedazos de electrodomésticos; los que recogí y mezclé con ellos en composiciones que buscan representar el quiebre de la armonía de la naturaleza, como si fueran frases de un calígrafo japonés intervenidas por rayones ‘mala onda’ ”, señala. De la misma forma, algunas de las obras fueron intervenidas con poemas tipo haiku del poeta noruego Olav H. Hauge. “Los versos son un lenguaje que media entre lo racional y lo irracional, y por eso los puse ahí en nombre de los hongos, dándoles una justa voz ficticia”, agrega.

A través de «Micopoiesis», Browne también busca liberar a estos organismos de la negatividad que arrastran en el habla cotidiana: “Mostrar sus esporas, sin su cuerpo, es mostrar a los hongos sin esa carga que el verbo les ha puesto, de modo que podamos encantarnos con lo que son y no con el significado que les hemos dado”, agrega el artista radicado en Oslo. En la idea de la migración, de hecho, también se esconden metáforas vinculadas a la naturaleza: echar raíces, aclimatarse; asociaciones que, en el caso de un creador inmigrante como Tomás Browne, cobran sentido. “Hay que irse de los lugares para entenderlos y para que sus imágenes entren en la cabeza. Cuando uno deja un lugar, la mayoría de las relaciones y cosas que se hicieron mueren como flores que olvidamos de regar”. En ese sentido, los hongos de «Micopoiesis», convertidos en pinceles naturales, no sólo crean siluetas y tonalidades de gran belleza estética: también trazan, con sus esporas, la memoria de los lugares donde vivieron.

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«Micopoiesis» Hasta el 13 de julio en Galería Patricia Ready.

Comentarios

  • "La música se desarrolla en el tiempo, la arquitectura también", Le Corbusier (1887- 1965).
  • “Todas las ideologías que justifican el asesinato, acaban convirtiendo al asesinato en ideología”, palabras de un juez tras la muerte de Isaac Rabin.