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«TRAZOS PARA CELLO» de Galia Eibenschutz

17/06/18 — POR

El diálogo entre Eibenschutz y Pérez Turner no está pauteado, no cuenta con una partitura previamante establecida ni con una melodía compartida, así como tampoco existe una coreografía que permita trazar los movimientos que conducen la puesta en escena.

Por Josefina de la Maza

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«Trazos para cello» (2016), que conecta el dibujo, el sonido y la danza, es una performance de la artista visual y bailarina contemporánea mexicana Galia Eibenschutz (Ciudad de México, 1970). Realizada en 2016 –y repetida en varias ocasiones–, la obra cuenta con la participación especial de la cellista Natalia Pérez Turner. La performance, que tiene una duración de 30 a 40 minutos, ocurre en una sala amplia en la que están instaladas cuatro pizarras de gran formato apoyadas sobre paredes blancas; la escena se completa con una silla colocada en una esquina en la cual se ubica la cellista, desde donde se observa panorámicamente la sala.

La performance no cuenta con una partitura previamente establecida ni con una melodía compartida, así como tampoco existe una coreografía que permita trazar los movimientos que conducen la puesta en escena. El diálogo entre Eibenschutz y Pérez Turner no está pauteado; tanto los sonidos y vibraciones que provienen del cello como los movimientos de la artista son improvisados –cada versión de la puesta en escena es, por lo mismo, única e irrepetible. Lo que sí existe es un limitado repertorio de objetos –dos cuerpos, un cello, cuatro pizarras y varios trozos de tiza– y, especialmente, lenguajes y confianzas compartidas.

Interactuando con los sonidos y vibraciones del cello, la artista se desplaza por la sala con trozos de tiza en sus manos, dibujando de modo acompasado líneas abstractas y orgánicas sobre los pizarrones. Casi siempre utiliza ambas manos para dibujar; a veces siguen la misma dirección, pero otras parecen trazar la misma forma de modo opuesto, en espejo. Enfrentada a la pared, por momentos pareciera que Eibenschutz emula los movimientos de una araña al tejer su red, hasta que un sonido la obliga a salir del plano vertical de la pizarra y la devuelve al centro de la sala. El cuerpo ágil, delgado y fuerte de la creadora, formado en ballet clásico y danza contemporánea, se transforma durante la presentación en un instrumento de cuerdas, equivalente al cello, permitiendo que danza y dibujo se vuelvan uno. A veces parece que es el cello tocado por Pérez Turner el que marca la pauta, determinando los movimientos de la artista. Pero no siempre es así. Tras un movimiento o un respiro y tomando la iniciativa, son los desplazamientos de Eibenschutz a través de la sala los que marcan la pauta del instrumento de cuerdas.

El diálogo entre arte visual, música y danza sucede en diversos planos: el del sonido, el del movimiento y el del espacio. Esos planos organizan imaginariamente un microcosmos con una duración determinada. En ese tiempo, las líneas las cuerdas del cello, las del dibujoson el denominador común que organiza la experiencia. Para la performista, las cuerdas del cello y las líneas de sus dibujos son sistemas de diferente orden, pero equivalentes en su significado. Son, por decirlo de algún modo, sistemas nerviosos que, conectados a través de su cuerpo, confluyen en el breve espacio de la performance. La línea es, entonces, el tema principal de esta obra y cada sistema –el de las cuerdas y el de las líneas del dibujo– teje una red en el espacio. El trazo sobre la pizarra y la vibración de la cuerda imprimen, como dice la artista, el paso del tiempo. La línea, a través de sus dos sistemas de valores, permite explorar el espacio, registrando de modo paralelo los procesos de transformación del cuerpo y de todo aquello que se encuentra a su alrededor.

Esta propuesta continúa la trayectoria de obra trazada por Eibenschutz, una trayectoria caracterizada por la exploración de los vínculos posibles entre la danza y la práctica del dibujo.

Junto a ello, sus trabajos de estos últimos años han estado determinadas por la idea de la colaboración: sea con otros bailarines, performers, músicos o estudiantes. A partir de estas asociaciones, la artista ha desarrollado un lenguaje particular que si bien apunta a examinar y registrar los distintos procesos de transformación del cuerpo en el espacio, lo hace desde la obsolescencia, a través de materiales que fácilmente desaparecen –como la tiza– y de la naturaleza efímera del movimiento.

 

Comentarios

  • “La risa no es un mal comienzo para la amistad. Y está lejos de ser un mal final”, Oscar Wilde (1854-1900).
  • “Me gusta que el flequillo me cubra los ojos: eso me ayuda a tapar las cosas que no quiero ver”, Raquel J. Palacio, escritora estadounidense.