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UN CONTUNDENTE RETORNO

23/11/17 — POR

Diversas presentaciones junto a algunas de las agrupaciones más importantes de Chile, el estreno local de obras contemporáneas, su regreso al Teatro Colón de Buenos Aires y seminarios de dirección orquestal estuvieron entre los muchos compromisos artísticos de la más reciente visita de Rodolfo Fischer, uno de los directores chilenos más destacados a nivel internacional, quien lleva 15 años radicado en Suiza.

Por Joel Poblete.

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RODOLFO FISCHER © ÁLVARO HOPPE

 

El público y la crítica coinciden hace mucho en que Rodolfo Fischer es uno de los directores de orquesta más talentosos e inspirados surgidos de Chile. Sus logros han traspasado fronteras, como lo demuestran sus exitosas actuaciones en países como Alemania, Dinamarca y España. Formado en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile y con estudios en Nueva York y Filadelfia, luego de ser director residente del Municipal de Santiago, lleva 15 años radicado en Suiza, donde nació, y todos los años visita nuestra región, no sólo para presentarse en Santiago y regiones, sino también para actuar en importantes teatros latinoamericanos, como el Colón de Buenos Aires, el Argentino de La Plata o el Municipal de Sao Paulo, al frente de agrupaciones como la Sinfónica del Estado de Sao Paulo y la Filarmónica de Buenos Aires, y con hitos que incluyen el estreno latinoamericano de la ópera «Ainadamar», de Osvaldo Golijov, en 2010.

Con 50 años recién cumplidos, su más reciente visita a estas latitudes, entre mayo y julio (además de un posterior retorno en septiembre para funciones del «Falstaff», de Giuseppe Verdi, en Bogotá) fue contundente y llena de actividades. Todo partió con su regreso a la Sinfónica de Chile, alternando obras contemporáneas como «Ecos de un color», del chileno Miguel Farías (1983), y el debut en nuestro país del Concierto para oboe, del estadounidense John Corigliano (1938), con un clásico indiscutible como la Tercera Sinfonía de Brahms, la misma que integró el programa con el cual en junio volvió a dirigir la Orquesta Estable del Colón en un concierto en la Usina del Arte porteña. Sus otras actuaciones en Chile incluyeron a la Orquesta Clásica Universidad de Santiago y a la Sinfónica de la Universidad de Concepción. Y en enero próximo regresará a la VIII Región, para acompañar a los participantes en la cuarta edición del Festival Internacional de Ópera Laguna Mágica, en San Pedro de la Paz.

Pero no todas sus actividades musicales corresponden a actuaciones para el público, pues la labor académica es cada vez más importante para él. Por ello, aprovechó esos meses entre nosotros para impartir seminarios de dirección orquestal en la Universidad Alberto Hurtado y en la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles de Chile, FOJI. Su aporte pedagógico ligado a esta última institución ha dado frutos tan valiosos como el reciente viaje de tres jóvenes becados a Suiza para hacer su pasantía durante tres meses en la Musikakademie de Basilea, donde Fischer imparte desde hace siete años la cátedra de dirección orquestal.

EQUILIBRIO ENTRE PODIO Y AULA

–En esta estadía dirigió otros conjuntos locales, ¿cuál es su opinión sobre la situación general de las orquestas en Chile, tanto en la calidad como en las condiciones laborales y profesionales en las que se desenvuelven? “Hemos pasado por varias crisis orquestales en nuestro país. Hace unos años me tocó vivir muy de cerca la del Teatro Municipal. Tanto los administradores como nosotros los músicos debemos tener especial cuidado con mantener la supervivencia de cada una de las instituciones sinfónicas, ya que políticamente hemos sido relegados a segundo plano. En cuanto a los músicos, a pesar de que por momentos se viven momentos muy difíciles, lo más importante es no dejar que alguna instancia se introduzca en el atril, es decir, que termine por entorpecer su rendimiento como profesional. Manteniendo esos dos puntos clave, las diferencias se pueden ir resolviendo”.

–Hace dos años que no dirigía a la Sinfónica de Chile , ¿encontró diferencias? “En general, quedé muy satisfecho con la disciplina de ensayos. En este sentido han colaborado los jóvenes que han ido ingresando a la agrupación. En la medida que cuidemos ese aspecto a nivel de orquestas juveniles, la transición hacia un cuerpo estable profesional será natural”.

–Ha dirigido importantes agrupaciones en prestigiosos escenarios latinoamericanos, ¿cómo ve el hecho de que situaciones políticas y sociales afecten lo artístico, como ha ocurrido en Argentina y ha estado pasando en Brasil? “Lo de Brasil es realmente lamentable, porque sigue siendo el polo de mayor desarrollo orquestal en el continente. A diferencia de Argentina, donde se busca mantener una estructura más tradicional, Brasil con su Orquesta Sinfónica del Estado de Sao Paulo (OSESP) logró posicionarse de igual a igual con las agrupaciones del primer mundo. Esto fue un enorme trabajo por parte de las autoridades artísticas, pero también políticas. Mientras no exista ese acuerdo, todos los esfuerzos que se hagan por mejorar la competitividad de las orquestas se mantendrán a nivel regional”.

-¿Cómo fue, en lo profesional, artístico y humano, la experiencia con los tres becados de la FOJI que hicieron su pasantía en la Musikakademie de Basel? “Extraordinaria. Por primera vez pude completar un ciclo con alumnos avanzados y acompañarlos en un proceso formativo no sólo basado en lo musical, sino también en lo ético y cultural. Los directores debemos aprender muy jóvenes a ser líderes, navegando en medios a veces muy distintos al nuestro. Esta experiencia incluyó visitas a grandes orquestas, como la Filarmónica de Berlín, y también a las mejores clases de dirección en Weimar y Zúrich”.

–Acaba de cumplir 50 años, y ya van 15 fuera de Chile. ¿Mirando a la distancia, está conforme con el desarrollo de su carrera desde que tomó esa decisión? “Especialmente en los últimos años, he complementado mi carrera con una intensa actividad pedagógica, la que fui adquiriendo gracias a Basel. Esto me ha permitido reforzar mis lazos con Chile y con las nuevas generaciones de directores. La combinación de podio y aula me ha dado equilibrio y felicidad en mi vida personal”.

–Al parecer, vivir y trabajar en Suiza y venir cada año a dirigir y dar cursos en Chile es algo muy práctico y casi ideal para un artista. ¿Podría mencionar los principales pros y contra de esta opción de vida y de carrera? “Me habría encantado que Chile quedara más cerca de Suiza. Especialmente los fines de semana, podría volver a pasar unos días en casa. Hace muchos años que hago este puente entre los dos continentes. Ya tengo una rutina en ese sentido. Más difícil es para los hijos, pero por suerte tengo una pareja que me apoya siempre”.

PARTITURAS PENDIENTES

–Sigue demostrando interés por ofrecer obras contemporáneas. ¿Cree que las audiencias locales están más receptivas y abiertas a conocer nuevos compositores? “Los públicos van eligiendo sus puntos de interés. En el caso de la Sinfónica de Chile en particular, claramente las personas ya esperan algún estreno o una obra fuera de lo convencional”.

–¿Qué compositores deberían ser más difundidos en Chile? ¿Cuáles de los “imprescindibles” tendrían que ser más conocidos por estos lados? “Casi todos los clásicos del siglo XX, en especial los autores de la Segunda Escuela Vienesa (Alban Berg, Anton Webern y Arnold Schönberg). Y, sobre todo, compositores como Luciano Berio, György Ligeti y Witold Lutoslawski. Lamentablemente, esto tiene como obstáculo un gran componente económico, ya que los derechos de las partituras están fuera de alcance para nuestras orquestas”.

Cuando Cuando consultamos qué partituras célebres que aún no ha dirigido estarían entre las obras que más quisiera abordar, Fischer parte diciendo que sólo puede nombrar algunas, “¡porque son muchas!”, y menciona el «Réquiem», de Mozart; la ópera «Wozzeck», de Alban Berg; las Sinfonías 5 y 9 de Gustav Mahler; el Concierto para orquesta de Witold Lutoslawski (estrenado en 1954), y la tetralogía «El anillo de los nibelungos», de Richard Wagner.

-Este 2017 se cumplieron 20 años de las funciones en el Municipal de Santiago de «El ocaso de los dioses», con las que concluyó la primera representación en Chile de la Tetralogía wagneriana, en la cual usted colaboró de manera muy activa como asistente de dirección del maestro Gabor Ötvös. ¿Qué significó para usted formar parte de este hito artístico en Chile, desarrollado entre 1994 y 1997? “Fue mi gran bautizo en el mundo profesional lírico. Por suerte, el maestro Ötvös entendió la importancia de capitalizar el aprendizaje en un chileno. ¡Espero estar en vida para el próximo ciclo!”.

–No dirige a la Filarmónica de Santiago desde la ópera «Don Giovanni», de Mozart, en 2012, ¿hay algún proyecto de regresar a ese escenario? “El año pasado tuve una agradable charla con Frédéric Chambert, el nuevo director del Teatro. Yo también espero volver a tener el privilegio de estar nuevamente en el escenario del Municipal de Santiago”.

Comentarios

  • “Técnicamente no soy muy bueno, pero puedo hacer aullar y mover una guitarra”, John Lennon (1940 -1980).
  • “Un hombre hace lo que puede. Una mujer hace lo que el hombre no puede”, Isabel Allende (1942).