Un domingo con Juan Hidalgo

04/01/17 — POR
Mi padre es John Cage, aunque me llame Hidalgo; Marcel Duchamp, mi abuelo, aunque no se llame Cage; El amigo de la familia, Erik Satie, Y el amigo de los amigos, Buenaventura Durruti.

Juan Hidalgo tuvo –como él define– su “primer mandala”, de pequeño, cuando visitó una central telefónica en Las Palmas de Gran Canaria. Viendo a aquellas telefonistas enchufar y desenchufar cables al ritmo de ampolletas de colores que se encendían y se apagaban. Una sinfonía. Pero también una performance. Una acción. Ruido. Sonidos.

(Suena un teléfono)

Es el Ministro de Cultura de España, quien le comunica que se le ha concedido el Premio Nacional de Artes Plásticas 2016. El compositor y artista recibe la noticia en su casa de Ayacata, en Canarias. Acepta el premio, aunque más tarde se quejaría un poco en una entrevista, también realizada telefónicamente: “Claro que llega tarde, pero bueno, ya tengo 89 y, como comprenderá, poco me importa. Imagino que han pensado que o se lo daban ya al canario, o que si no sería demasiado tarde”.

El canario, Juan Hidalgo Codorniu (Las Palmas de Gran Canaria, 1927), postrado en su silla de ruedas, se queda en silencio, observando cómo descansa el teléfono. Al lado de éste, una lámpara de mesa. La ampolleta se enciende, como por arte de magia.

(Suena una composición de Erik Satie, su «Música de Amueblamiento», concebida para acompañar al oyente, para que no repare en ella).

Únase al entusiasmo general

En el «NO-DO», el noticiario que daba cuenta de las glorias del dictador patrio en la época del franquismo, a veces se colaban eventos culturales de vanguardia. Como ocurrió el 20 de diciembre de 1965. Ese día destinaron un par de minutos a una serie de conciertos y acciones Fluxus. La nota comenzaba así: “La electrónica está a la orden del día como pueden ustedes ver. Pero ahora no se trata de ningún laboratorio, sino de instrumentos musicales”. Aparece en escena Juan Hidalgo. El narrador de la noticia continúa: “Ahora el español Juan Hidalgo nos va a obsequiar con «Música enguantada»”.

Hidalgo limpia con sus manos calzadas en guantes un piano de cola, provocando un sonido arbitrario: “Este buen cepillado a las cuerdas es ya casi una sinfonía”. Después se le puede ver lanzando pelotas de pin-pon dentro del instrumento, generando el mismo efecto. La edición elimina el sonido durante un segundo: “Un silencio que sirve de descanso para los oídos”. Para finalizar esta “acción sobre la acción”, aparece en imagen la cara de desagrado de un espectador. La voz en off le arenga: “No sea usted escéptico hombre, únase al entusiasmo general”.

Los primeros experimentos musicales de Juan Hidalgo, que tuvieron lugar en el inicio de los años sesenta españoles, no fueron apreciados por un país tan alejado, física y mentalmente, del Dadaísmo y del Fluxus. Hidalgo venía de estudiar composición y de –junto con Walter Marchetti– trabajar en la búsqueda de un lenguaje no exclusivamente sonoro.

Presentó en Darmstadt, en las Jornadas de Nueva Música (donde conoció a John Cage), su composición «Ukanga», cinco grupos de conjuntos instrumentales. Y posteriormente cofundó, con la compañía de Marchetti y Ramón Barce, el Grupo Zaj, un colectivo de experimentación musical y artística que quería ver “el concierto como teatro”, y que bebía del Situacionismo, de Marcel Duchamp, y del Anarquismo español.

El 19 de noviembre de 1964 inauguraron su andadura, literalmente. Porque lo primero que hicieron fue eso: pasear. Caminaron la misma distancia que recorrió el sindicalista anarquista José Buenaventura Durruti antes de ser asesinado por un francotirador el 20 de noviembre de 1936. Tras la marcha fueron a un colegio mayor (casi todas sus acciones las harían frente a estudiantes, en colegios mayores), donde interpretaron «4’ 33’», la pieza del silencio de John Cage.

Desde entonces se dedicaron a realizar acciones parecidas, u otras en las que el accidente, el azar, intervenía en una performance con instrumentos u objetos que hacían la función de instrumentos a través de la interacción del compositor o de sus invitados, como en la acción «Seis minutos para dos intérpretes y tres posiciones con contacto corporal o tres posiciones y sus inversas para dos mujeres o dos hombres o un hombre y una mujer», cuyo título me exime de explicación. Aunque quizás una afirmación de Hidalgo ayude a contextualizar: “Cualquier estructura temporal es musical. Incluso cuando hago un gesto produzco sonidos que no suenan. Yo los llamo microsonidos’ ”.

El Grupo Zaj duraría hasta mediados de los 90, y vería cómo su formación agregaba otros intérpretes (Esther Ferrer, entre otros), adeptos, y enemigos. Como Alonso Vega, el Ministro de Gobernación del Régimen Franquista, quien en 1969 prohibió la realización de conciertos Zaj porque “promovían la anarquía”.

El azar

Arte postal, acciones, performance, fotografía, arte objetual, música. Juan Hidalgo ha hecho de todo con la nada. Estudió danza con Marina Lie de Goubonina (gran parte de su obra, o casi toda, tiene mucho de coreografía). Recorrió Europa hasta establecerse en Roma y en Milán, lugares donde se empapó de orientalismo: chino y japonés. Aprendió caligrafía, Zen, y el concepto del vacío en el arte. Y aprendió a ‘hacer el azar’.

Sus obras «Hombre, mujer y mano» (1977), «Rosa, espejo y condón» (1981-1990), «Esto es lo que queda» (1989-1990), o «La isla de Ernst, la isla de la ilusión» (2003), son buenos ejemplos de composiciones visuales, fotografías de acciones con ritmo, cadencia y color. Reivindicaciones de una libertad artística, de la experimentación sonora, de lo eventual y lo inesperado, de la homosexualidad y del erotismo, del compromiso político y de la ausencia. Su obra es inclasificable, porque en ella las barreras entre disciplinas se difuminan. Qué decir de un compositor al que le dan un premio de artes visuales, y que ha sido considerado un poeta raro (en una selección realizada por José María Parreño y José Luis Gallego, titulada «8 poetas raros, conversaciones y poemas»). Y cuando a un artista no se le puede etiquetar, encorsetar ni definir, lo mejor es recurrir a sus ocurrencias:

“El arte es como estar en casa un domingo por la mañana. Con sandalias, camiseta y calzoncillos”.

Una más

Una de sus últimas series fotográficas (una más), se llama «Un/una más». Instantáneas de objetos y personas a las que agrega, en el título, el “un/una más”. Por ejemplo: un pan más, un peninsular más, o un sombrero más. Elementos que no tienen ninguna importancia hasta que el artista los encuadra y los señala. Entonces se constituyen como obras de arte, o como lo que son, ni más, ni menos. Lo que no es poco. Una frase de Hidalgo más:

“Lo fundamental es no estar de moda, no utilizar elementos oportunistas. Seguir siendo radical”

Comentarios

  • "¿Somos humanos porque miramos las estrellas, o miramos las estrellas porque somos humanos?", Neil Gaiman (1960), autor inglés de historietas.
  • "En las tiendas no tenemos espejos. Uno debería comprar ropa por cómo te hace sentir, no ver" (Rei Kawakubo).